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Escondites mafiosos e hitos socialdemócratas

Mientras a Colombia la conmueven los hallazgos de tesoros multimillonarios de grupos supervivientes de la mafia y las escalofriantes confesiones de Mancuso sobre los crímenes perpetrados bajo sus órdenes por las autodefensas, en el contorno se suceden hechos políticos de la mayor importancia.

18 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Todos ellos, acontecimientos definitorios de preocupaciones, ocupaciones y objetivos.

Por una parte, los relacionados con el narcotráfico y la ardua lucha por extirparlo. Por otra, la ruptura estrepitosa con pasados derroteros y la definición de nuevos rumbos con común inspiración socialista y visión suramericana, así haya variedad de tono, grado y matices.

Por lo que hace al feliz descubrimiento policial de las llamadas caletas, ahí se encuentra prueba inequívoca de las profundas raigambres del narcotráfico y de la necesidad de afinar las estrategias para erradicar sus manifestaciones y apoderarse de sus monstruosas ganancias. En tanto el ilícito negocio ofrezca dividendos o haya ocultamiento impune de sus enormes y mal habidas riquezas, no faltarán quienes sustituyan a los capos ya aprehendidos, condenados y aun extraditados.

Quizá estemos asistiendo a los coletazos del narcotráfico, pero todavía perturba la vida nacional y no cesa de resistirse a desaparecer, conforme se observa en la tentativa de perseverar en los cultivos de coca y de mantener abiertos los corredores por donde sale al exterior el producto manufacturado.

Por la naturaleza transnacional del fenómeno, sería terriblemente injusto dejar sola a Colombia en esta tarea y no ofrecerle la decidida cooperación de los países consumidores de la droga. Asimismo, la concertada e imprescindible de sus vecinos, sabiendo como se sabe, además, hasta dónde constituye incentivo y fuente financiera primaria de la violencia y la contraviolencia.

En poquísimos años, el panorama político suramericano se ha transformado. A su turno, las elecciones de Congreso en Estados Unidos le han dado vuelco a la ideología que allá venía prevaleciendo en aspectos externos neurálgicos como el de la guerra en Irak, y en cuestiones internas como la de las células madre, el salario mínimo o el seguro social.

En las distintas latitudes, el pensamiento único hace crisis y, en general, se renuevan las opciones al conjuro de la reaparición del pluralismo y del desplazamiento de la derecha fundamentalista a variadas expresiones socialdemócratas.

En el caso de Venezuela, determinado en buena parte por su inmensa riqueza petrolera, aproximación a una tendencia más radical, singularizada en el aparente afán del presidente Chávez de erigirse en el heredero político de Fidel Castro y de influir con su poderío económico a otros países de la región, al presidente Evo Morales de Bolivia en primer lugar.

La relativa heterogeneidad de posiciones no significa, sin embargo, que brillen por su ausencia los rasgos compartidos o la insoslayable afinidad entre las diversas concepciones e interpretaciones.

El presidente del Ecuador declaró superados “el dogma neoliberal y las democracias de plastilina, los mitos y derroteros que a su amparo prosperaron”. Tales las privatizaciones y liberaciones a ultranza, la autonomía de los bancos centrales sin control democrático, la cultura del endeudamiento que al sobreendeudamiento condujo y la deificación del mercado, extremada por una “globalización neoliberal, inhumana y cruel”. Al contrario de México, Chile, Colombia y Perú, rehusa él tener Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

Genérica e indiscriminadamente hablando, se diría que sobre la socialdemocracia, sobre sus matizadas orientaciones y principios, va a reposar la responsabilidad de atender los anhelos impacientes de muchos pueblos, previa rectificación de los errores conceptuales y políticos que los hubieran lesionado.