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Manosalva, uno de los protagonistas de El Aro

(EDICIÓN NACIONAL) “El general Manosalva era un hombre querido y respetado por los empresarios e industriales de Antioquia, como todos los comandantes de la IV Brigada que pasan por acá”. Así se refirió una prestante empresaria de Medellín que pidió omitir su nombre, sobre el alto oficial que fue señalado por el ex jefe ‘para’ Salvatore Mancuso de organizar la masacre de El Aro en 1997.

17 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Alfonso Manosalva Flórez, quien murió el 20 de abril de ese mismo año a causa de un aneurisma, es recordado por superiores, compañeros y subalternos, como un soldado honesto ciento por ciento.

Oriundo de Bucaramanga, de 54 años, casado y con tres hijas, el general Manosalva recibió el comando de la IV Brigada a finales de 1995 y se distinguió por las operaciones que adelantó al frente de esta unidad, lo que le mereció varias condecoraciones, según recuerda el entonces comandante de las Fuerzas Militares, general Harold Bedoya.

De por sí, el primer batallón que fue creado en el Chocó lleva el nombre del general Manosalva en su honor.

“El general gozaba de gran aprecio por el entonces gobernador de Antioquia y hoy presidente de la República, Álvaro Uribe, puedo decir que era su mano derecha”, asegura el general Bedoya.

Otros ex compañeros del oficial aseguran que en Medellín era muy querido en las comunas, porque ayudaba a los niños y a los jóvenes en los proyectos que realizaban y que estos le presentaban en las instalaciones de la IV Brigada para recibir su apoyo.

Sin embargo, Mancuso lo acusó el pasado lunes de entregarle a los paramilitares las coordenadas y la lista con nombres de personas que debían morir en el caserío de El Aro, ubicado a 15 horas en mula desde la cabecera municipal de Ituango (Antioquia), por ser auxiliadores y patrocinadores de la guerrilla.

Precisamente, por este caso el Estado recibió la última gran condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos por no haber judicializado a los responsables directos de la masacre.

Entre el 22 y el 26 de octubre de 1997, mientras el país vivía las elecciones presidenciales, 150 paramilitares llegaron hasta El Aro, y delante de todo el pueblo asesinaron a 15 habitantes de la región.

Los sobrevivientes recuerdan que los paramilitares le prohibieron a los familiares de Wilmar Restrepo, de 14 años, que lloraran después de que lo acribillaron.

Con el joven, que era labriego, estaba el viejo Alberto María Correa, a quien también asesinaron.

Durante una semana, los habitantes tuvieron que esconderse en sus casas, mientras los hombres de las autodefensas permanecían en el pueblo buscando a las personas de la lista.

Antes de su partida, los hombres de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso quemaron la iglesia y más de 50 casas, se llevaron todo el ganado que encontraron a su paso y advirtieron que matarían a quien hablara.

La matanza generó el desplazamiento de 1.500 campesinos. La mayoría nunca retornó a sus hogares.

Sobre este caso, la organización Human Rights Watch denunció en repetidas oportunidades que los sobrevivientes habían señalado que hombres del Ejército participaron en la masacre.

“... hay pruebas que relacionan a la IV Brigada con los paramilitares a las órdenes de Castaño que llevaron a cabo la masacre de El Aro”, señala un informe del año 2000.

Así mismo, reseña que un desertor de las autodefensas asegura que fue testigo de un encuentro entre Mancuso, un teniente del Ejército y dos militares más, días antes de la masacre.

LA PETICIÓN Estoy esperando que el ex gobernador de Antioquia (Álvaro Uribe) salga, se pronuncie y defienda la honra del general”.

Gr. Bedoya, ex comandante FF.MM