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El relevo femenino en la política

Indudablemente, el fenómeno político al cual estamos asistiendo desde el ocaso del siglo XX ha sido el ascenso de la mujer a las más altas posiciones políticas y administrativas. Ya sea en España, en Chile, o en la India, las mujeres han ido desplazando a los varones en el manejo de la cosa pública. ¿Qué sucederá en el 2007, cuando países como Estados Unidos ya cuentan con aspirantes femeninas a la presidencia?

14 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Una figura singular desapareció súbitamente del escenario británico cuando parecía que se iba a eternizar en la dirección del Reino Unido, en donde gozaba de un prestigio sin antecedentes. Me refiero a la señora Thatcher, acerca de la cual escuché un análisis histórico. ¿Por qué ya nadie se acuerda de Mrs. Thatcher? preguntaba yo, y se me dijo: Ella, que fue elegida con votos del conservatismo inglés y escocés, no encarnaba propiamente el conservatismo. El Partido Tory, con varios siglos de existencia, le prestaba sus votos en coyunturas favorables para la derecha, pero el elector Tory no la sentía como propia, ni siquiera como inglesa.

Era la sucursal del presidente Reagan de Estados Unidos en el territorio europeo, la campeona contra la intervención del Estado de los laboristas, con la teoría de que para crecer económicamente se imponía la libertad más completa en materia de iniciativas ciudadanas que de tiempo atrás la mano niveladora del socialismo venía entorpeciendo.

Lógicamente, tras la desaparición de Reagan tenía que sucederse la de su discípula, cuando ambos ya habían cumplido su papel. Quedaba, entonces, una inglesa del común, fruto de la clase media, que nunca había sido presentada de niña en la Corte de Saint James y jamás había dormido en un castillo, o asistido a una cacería de a caballo. Una representante del sentido igualitario en materia de oportunidades que caracteriza la filosofía política norteamericana, cuando ya no hay barreras de raza, ni de posición social, ni de convicciones religiosas, sino que se le rinde culto a la clase dirigente, a la nobleza dueña de la Cámara de los Lores y poseedora de títulos y castillos medievales a todo lo ancho de Inglaterra y de Escocia, en donde, a su manera, subsiste el culto por la aristocracia.

En otros países, como Chile, que se preciaba de ser la Gran Bretaña de América, también, hasta la revolución pacífica de los años 20, cuando fue candidato Alessandri, era menester ostentar un nombre de familia perteneciente a la fronda aristocrática que muchos calificaron como “apellidos vinosos”, que por siglos mantuvieron ordenada institucionalmente a la República Austral. Hoy, el título es haber militado en las filas del antipinochetismo, como lo es la presidenta Bachelet, porque ya, desde hace más de medio siglo, la Alcaldía de Santiago de Chile había pasado a manos femeninas de estirpe aristocrática.

Francia será, posiblemente, el ejemplo más curioso del desplazamiento de la mujer hacia el poder político. Siempre fueron poderosas políticamente las mujeres de los Borbones, cuando nos dominaban con sus atractivos físicos.

Ahora, la perspectiva es la de que, por elección popular, resulte presidenta de Francia Ségolène Royal frente a la división de los antiguos gaullistas Sarkozy y Chirac, quien a última hora aspira a su reelección.

Lo previsible es que los partidarios del General De Gaulle de hace 80 años sean tan inactuales como los de hace 30 y 40 años, siempre al servicio de una causa gastada, con alzas y bajas como fuera la del famoso General. Por qué no ensayar una figura fresca y nueva como Ségolène Royal, se dirán los votantes en el día de la elección del Presidente de la República.

Cabe preguntar: ¿Y en Colombia? Es prematuro hacer conjeturas cuando se destacan tantas figuras meritorias de procedencia académica, política, oligárquica y artística. La clave nos la dará la próxima elección de gobernadores y alcaldes, por encima de estrictas consideraciones políticas en el caso de las colectividades históricas que se han ido marchitando, con la excepción del oficialismo liberal y el naciente Polo Democrático. Pese a cuantos piensan que el liberalismo sufrió una derrota en las elecciones de Congreso, este es mayoría en la Cámara de Representantes y, posiblemente, superará el empate en el Senado según las decisiones judiciales pendientes, que pueden favorecernos con una o dos curules.

A medida que transcurren las semanas del 2007 y se va revelando el poderío económico que secundaba la reelección presidencial, es obvio que sin el concurso de la fuerza de los paramilitares y sin el respaldo económico del Sindicato Antioqueño, tan cuestionado en estos momentos, la balanza se inclinará a favor del único partido con apoyo popular visible, gracias a su mística, como lo es el liberalismo a secas, a donde irán las mujeres beneficiarias de la legislación sobre la familia, los contratos y el matrimonio civil, que las puso en pie de igualdad con los varones durante el Mandato Claro, cumpliendo así una promesa electoral que, hasta entonces, se había frustrado. ¡Amanecerá y veremos!