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¿Y Uribe, de qué se preocupa?

La llegada al poder de dirigentes de izquierda en países vecinos como Ecuador y Nicaragua, así como la permanencia de líderes con una concepción política opuesta a la del presidente Álvaro Uribe, en Venezuela y Bolivia, se convirtió en el gran reto de la política exterior colombiana en la región en los años por venir.

14 de enero 2007 , 12:00 a.m.

En principio, algunos analistas creen que Uribe está solo. A esa conclusión llegan no solo porque sea el más fiel aliado de Washington en la región, sino también porque sus vecinos más próximos tienen una visión contraria sobre el papel que debe cumplir el Estado en el manejo de la economía.

Pero también hay quienes piensan diferente, pues si bien Uribe no cree lo mismo que Hugo Chávez y Rafael Correa, sobre el papel del Estado, sí tiene afinidad con otros líderes como el propio Bush o Felipe Calderón, de México, defensores del libre mercado. Y, de cualquier manera, también cierta proximidad con Michele Bachelet de Chile y Luis Inácio Lula, de Brasil, de extracción socialista, pero defensores de los mercados, con cuyos países han mejorado los negocios. Por no hablar de la mayoría de los mandatarios centroamericanos. Visto así, no estaría tan solo.

Por ejemplo, en el caso de Ecuador, la forma como preparó el encuentro con el presidente electo Rafael Correa y los resultados obtenidos, en Managua, para encontrar una salida a la crisis por las fumigaciones, revela que será muy cuidadoso con los vecinos, pero certero.

Precisamente en el caso de Ecuador, Uribe no solo tendrá que seguir lidiando con el tema de las aspersiones en la frontera, sino que además deberá enfrentarse a lo que podría ser una política económica poco ortodoxa de Correa.

Según ha trascendido en Quito, el mandatario que asumirá la Presidencia de Ecuador mañana, no tiene intenciones de suscribir un TLC con Estados Unidos, tampoco le interesa buscar inversión extranjera y hasta desestima la importancia de las reservas internacionales gracias a la dolarización de su economía.

El comercio bilateral con Ecuador (1.292 millones de dólares en exportaciones y 414 millones de dólares en importaciones en el 2005), ha tenido una tendencia a la baja. Este hecho había ya evidenciado la necesidad de cuidarlo hasta donde fuera posible e incluso de buscar mercados sustitutos. Sin embargo, como segundo socio comercial de Colombia en la región, las decisiones que se tomen en Quito tendrán impacto en Colombia.

Un Ortega renovado En el caso de Nicaragua, la presencia de Uribe en la posesión de Daniel Ortega el pasado miércoles, sumado a la impresión que se trajo el mandatario colombiano de un Ortega más maduro y consciente de la necesidad de mantener el dialogo con Estados Unidos y de buscar mercados para los nicaragüenses augura una relación poco traumática.

Claro, no hay que olvidar que los sandinistas fueron durante los años 80 impulsores de la demanda de Nicaragua contra Colombia por el archipiélago de San Andrés. Y a pesar de que desde que ese país impuso el “impuesto de soberanía” a productos y servicios colombianos, para pagar los abogados que lo defienden en la Corte Internacional de La Haya, las exportaciones colombianas quedaran reducidas a una mínima expresión, en este caso el reto va más allá del comercio.

Evo Morales, enfrenta una crisis política que tiene a Bolivia dividida, con riesgo de quedarse en el camino de las reformas. Y Uribe, a pesar de las diferencias ideológicas, abogó ante Washington por la extensión de las preferencias arancelarias para Ecuador y Bolivia, lo que se le significó la gratitud de Morales.

Ojo con Venezuela Lo que más ha llamado la atención en el gobierno del presidente Uribe, (hay una ligera preocupación), pero sobre lo que nadie (del Gobierno) va a decir una palabra, es el ‘revolcón socialista’ del presidente Hugo Chávez (segundo socio comercial de Colombia), que esta semana anunció la estatización de varias empresas privadas en su país.

Uribe no comparte la estatización a ultranza. Es obvio, entonces, que no apoye las medidas anunciadas por Chávez, pero no se va a referir a ellas.

Por el contrario, va a tratar de mantener la mayor “discreción” sobre Chávez y sus decisiones y persistirá en mantener el ritmo del crecimiento del comercio bilateral entre los dos países que el año pasado se aproximó a los 3.900 millones de dólares.

Pero, claro que Uribe y Chávez, en privado, y con toda la diplomacia posible, han hablado de situaciones incómodas. Uribe le ha dejado saber a Chávez que le gustaría que no meta su mano en asuntos de vecinos que tienen que ver con Colombia, según dicen fuentes bien informadas de Caracas.

Aunque Uribe ha guardado silencio sobre el tema, varios analistas atribuyeron a consejos de Chávez la decisión de Correa, el pasado 22 de diciembre, de suspender su visita a Bogotá ese día.

Correa canceló su cita con Uribe tras una reunión de siete horas a puerta cerrada con Chávez.

Pero, el mandatario colombiano no se va a quedar quieto. Hará una ofensiva diplomática en cuatro direcciones, en busca de mayores espacios de mercado para los productos nacionales, que es lo que su pragmatismo político y económico le aconseja.

La primera semana de febrero irá a Washington a hablar con demócratas y republicanos, sobre la necesidad de apurar la aprobación del TLC, que es su gran esperanza en materia de exportaciones (el total de ventas a E.U. en el 2006 podrían haber pasado los 8.500 millones de dólares); el 18 de ese mismo mes asistirá a la reunión sobre el Mercosur, en Río de Janeiro (Brasil) en busca de oportunidades en el Cono Sur.

Al mismo tiempo trabajará para fortalecer la posición de la debilitada Comunidad Andina de Naciones (CAN), en los diálogos sobre un tratado de libre comercio con la Unión Europea; y, con el presidente mexicano, Felipe Calderón y los mandatarios centroamericanos, Uribe se concentrará en consolidar su presencia en la región a través del Plan Puebla-Panamá.

La decisión Uribe, ante el giro de sus vecinos hacia la izquierda, será entonces manejar con total discreción las relaciones diplomáticas para no precipitar crisis y al mismo tiempo buscar nuevos espacios para los productos colombianos en el exterior.

Todo esto se enmarca dentro de su convicción política, varias veces expuesta, de que comprar y vender, no tiene ideología. Y menos en la era de la globalización.

APROBAR TLC CON E.U. Y CUIDAR RELACIONES CON VECINOS Mauricio Cárdenas, director de Fedesarrollo, la prestigiosa institución de investigación económica colombiana, cree que ante el viraje de los vecinos a la izquierda, el camino que le queda al presidente Álvaro Uribe para poner a salvo las exportaciones es apurar la aprobación del TLC con Estados Unidos y manejar con pinzas las relaciones diplomáticas con Venezuela y Ecuador.

Cárdenas teme que el presidente Hugo Chávez pueda tomar medidas administrativas poco ortodoxas (aumento de aranceles o fijación de cuotas) que restrinjan el ingreso de productos colombianos a ese país y que Rafael Correa siga su ejemplo.

“Es lógico prepararnos para medidas no lógicas, porque se están guiando por ideologías y no por el comportamiento de los mercados o analisis serios”, dijo Cárdenas.

Dijo que Colombia debe establecer una especie de monitoreo permanente sobre las decisiones que preparan esos países, para no ser sorprendidos. Pero, aunque hace estas advertencias, cree que Colombia saldrá adelante.

Así persuadió Álvaro Uribe a Rafael Correa En tres tiempos se dio la discusión, en Nicaragua, que permitió el acuerdo entre los presidentes Álvaro Uribe y Rafael Correa, sobre la fumigación de los cultivos ilícitos en la frontera ecuatoriana, el pasado miércoles.

Inicialmente Uribe y Correa fueron ubicados uno junto al otro en el acto de posesión del presidente Daniel Ortega. Ahí comenzó el trabajo. Nada fue al azar, todo estaba calculado.

Después volvieron a reunirse en el almuerzo. Entre vianda y vianda, vinieron las consideraciones. Y, finalmente, se reunieron a puerta cerrada para sellar el acuerdo.

Uribe había preparado la argumentación. Se trataba de controlar las emociones, tener conceptos claros y persuasivos y plantear opciones.

No fue fácil. Uribe ofreció todo un catálogo de alternativas y Correa, al final, tuvo que escoger