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Lora para rato

“Soy una lora”, me dijo Marta Gómez después de hablar dos horas seguidas de su carrera musical sin ni siquiera parar a tomar agua. “Perfecto –le contesté–, pongámosle ese título a la columna”.

12 de enero 2007 , 12:00 a.m.

“¡Noooo, por favor, no lo vaya a poner!”, exclamó haciendo gestos de rechazo.

Sin embargo, la decisión estaba tomada. Un título así no se puede desperdiciar, sobre todo cuando se habla de una persona desconocida para los lectores, pues permite capturar la atención para un tema que vale la pena, como es el trabajo de esta artista y sus orígenes.

Marta es una cantautora colombiana que descubrí casualmente en una visita al portal de ventas de discos CDBaby.com. Me impresionó la cantidad de comentarios elogiosos de su audiencia en la mencionada página web, provenientes de diversas partes del globo. Decidí escuchar algunas muestras incluidas y me pareció una música sencilla, bien escrita y bien interpretada. Le escribí al buzón indicado y me respondió al día siguiente.

“Con mucho gusto hacemos la entrevista”, contestó, aprovechando su venida al país.

Se inició cantando en la acera de Harvard Square mientras estudiaba en Berklee College of Music, debidamente carnertizada y al mejor estilo de Tracy Chapman. Allí grabó su primer CD y llegó a 3.000 copias en ventas callejeras. Ha grabado tres discos más en la misma línea, totalmente acústicos y con un sonido íntimo, casi crudo, los dos últimos con la independiente Chesky Records. Sus canciones son directas y sus melodías claramente basadas en el folclor latinoamericano. La acompañan músicos argentinos y de ahí que su sonido se aproxime a lo que podría llamarse “chacabuco” (mezcla de chacarera y bambuco). Fue nominada a mejor disco de jazz latino en el 2005 por los premios Billboard y una de las candidatas a mujer del año por la revista Fucsia ese mismo año, además de múltiples apariciones en teatros y locales de Estados Unidos y otros lugares. El próximo 23 de enero llega al mítico Birdland Jazz Club, en Nueva York, con dos funciones.

No hay distribución de sus discos en Colombia, aunque esto ya no es una limitación para escucharla, porque a través de la milagrosa Internet se consiguen los archivos digitales de sus canciones y se pueden pedir sus discos. En ella no se detecta el ansia de figuración que muchos artistas confunden con el éxito y que los hace terminar aniquilados cuando llega la indiferencia de las masas. Aquí hay un trabajo enfocado, maduro, consistente en estilo y con proyección, algunos ingredientes clave para la receta del éxito