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Para cuando se acabe la buena suerte

La revista Perspectiva publica en su undécima edición un interesante y oportuno artículo de John Murphy, vicepresidente de asuntos internacionales de la Cámara de comercio de Estados Unidos, titulado ‘Crónica de una tormenta anunciada’. En ese escrito Murphy envía un importante mensaje a las naciones latinoamericanas: El momento de prosperidad que vive la región es consecuencia de la buena suerte, no de las buenas políticas económicas; y es necesario no seguir aplazando reformas indispensables que serán vitales para evitar una gran crisis cuando se acabe la época de las vacas gordas.

11 de enero 2007 , 12:00 a.m.

En los pasados cuatro años el PIB de Latinoamérica ha crecido a un ritmo superior al 4 por ciento anual, y en ese lapso el ingreso per cápita ha aumentado 11 por ciento. Además la mayoría de los países ha mejorado sustancialmente el saldo de su cuenta corriente, haciendo que en el agregado regional se registre el mejor balance  de los últimos 50 años en este rubro.

¿Qué ha producido estos positivos resultados?  La buena suerte:  los precios de los productos básicos -que son la principal fuente de exportaciones de la mayoría de los países latinoamericanos- han aumentado (incluso dejando por fuera el alza del petróleo) más del 40 por ciento en los pasados tres años.

Estos precios han crecido tanto gracias a la impresionante dinámica de su demanda por parte de naciones como China e India, y  también al buen desempeño relativo de la economía estadounidense  y de la Unión Europea.

El autor sugiere hacer varias cosas que se aplican a Colombia,  como por ejemplo  la reducción de las cargas burocráticas impuestas a las pequeñas empresas, la flexibilización del mercado laboral, la facilitación del comercio, el pleno reconocimiento de los derechos de propiedad, y la mejora en la educación (en cantidad y calidad). Además propone a los empresarios  hacer algo que en este espacio hemos recomendado en varias ocasiones: exportar productos con un mayor valor agregado. En este frente, afortunadamente sí se están dando en nuestro país  cambios favorables, y hay plena conciencia de  que ese es el camino a seguir.

Pensamos que, adicionalmente, Colombia no le puede seguir tomando del pelo a una reforma tributaria estructural. Como el desempeño de la economía nacional fue tan bueno el año pasado, y seguramente se repetirá este año, el asunto ha pasado a un segundo plano. Y eso es precisamente lo que Murphy recomienda evitar, que se aplacen reformas claves porque no existe en el corto plazo la presión para llevarlas a cabo. Igual sucede con el caso de la llamada “bomba pensional”, que se ha reducido recientemente pero que sigue siendo de una magnitud muy preocupante (más del 150 por ciento del PIB). Y por supuesto  también una  reforma  radical a las transferencias es indispensable para meter en cintura al muy inconveniente déficit  fiscal del Gobierno Central.

La anestesia de la buena situación económica coyuntural no debe postergar  la adopción de las decisiones difíciles que se requieren para que Colombia -y el resto de Latinoamérica- tengan crecimientos altos y sostenidos. Tarde o temprano vendrá la destorcida de los precios de los commodities, y si las reformas no se han ejecutado, la época de las vacas flacas será dura y prolongada. Esto es algo que ya ha sucedido en la historia de la región  y del país, entonces no hay excusa para evitar que se repita.

Sin desconocer que la administración Uribe  ha hecho una buena labor en materia económica, conviene  que sea menos triunfalista, que admita que gran parte de los resultados positivos es producto de la buena suerte, y que  reconozca que aún hay mucho por hacer para garantizar la sostenibilidad de un desempeño económico satisfactorio. Manos a la obra.

En Colombia, y en el resto de Latinoamérica la buena situación económica es debida en gran parte a los altos precios de los productos básicos. Pero esto es temporal, por lo tanto no se deben aplazar las reformas indispensables”.