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Chávez se chaviza

Durante su primer período presidencial, el jefe del Estado venezolano, Hugo Chávez Frías, registró, entre otras características, la de ser un incurable ladrador, muy inclinado a la retórica y a casar peleas. Ahora, a punto de posesionarse para un nuevo sexenio, no ha abandonado su actitud de provocador verbal. De hecho, llamó “pendejo” al secretario de la OEA, José Miguel Insulza, y afirmó que dos jerarcas católicos que lo criticaron podrían ser condenados por el Cielo. Últimamente, además de ladrar, revela intenciones de morder. Así quedó en claro el lunes, durante el acto de posesión de su nuevo gabinete, del que ya no forma parte el ex canciller y ex vicepresidente José Vicente Rangel.

10 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Al anunciar un brusco avance de la “revolución bolivariana” hacia el “socialismo del siglo XXI”, señaló que en su nuevo gobierno nacionalizará el sector de telecomunicaciones, la industria eléctrica y parte del proceso de refinación de crudos venezolanos. Estas empresas habían sido estatales y fueron privatizadas hace algunos años.

Más que al socialismo del siglo XXI, las proclamas recuerdan al comunismo del siglo XX, con un formidable culto por el caudillo, listas numeradas de propósitos (Chávez adelantó ‘Los cinco grandes motores’ de su obra futura), orwellianas imágenes de propaganda, planes de instaurar la reelección perpetua y estudiados protocolos de distancias y símbolos. Se percibe en los anuncios un lejano tono bíblico: “Todo aquello que fue privatizado, nacionalícese”.

En el “hágase la luz” de Chávez preocupa que la socialización de los medios de producción que se evidencia en Venezuela implique castrar la iniciativa privada, asfixiar al sector empresarial y espantar a los inversionistas. De hecho, las acciones de CANTV, la mayor empresa venezolana de telecomunicaciones, cayeron 14 por ciento en Wall Street cuando se dio a conocer el proyecto de nacionalización, y el bolívar perdió un quinto de su precio en el mercado negro. El arrasador triunfo de Chávez y el precio del petróleo le han dado dos poderosas armas al mandatario vecino, pero corre el peligro de utilizar la democracia para acabarla y de edificar sobre una bonanza petrolera, que no es garantía de prosperidad eterna.

La experiencia latinoamericana –para no hablar de la cubana– enseña que la estatización de la economía suele derivar en ineficiencia, burocratización y corrupción. No ayuda a la tranquilidad de la economía el hecho de que la batería de proclamas y anuncios se produzca en medio de ambigüedades, abundante retórica política y sin detalles sobre aspectos críticos como indemnizaciones y participación popular en el nuevo accionariado.

Lo más preocupante es que Chávez parece haber adoptado un rumbo contra la independencia de los medios informativos. A la fundación de una agencia de prensa de los gobiernos latinoamericanos se suma ahora la cancelación de la licencia de Radio Caracas Televisión, uno de los principales y más antiguos canales, por sus críticas al gobierno.

Los proyectos sociales incluidos en ‘Los cinco grandes motores’ beneficiarán, seguramente, al pueblo venezolano, justa retribución del mandatario a quienes han votado por él. Pero el creciente culto a la personalidad, la presencia chavista en todas las ramas del poder público, el estilo autoritario del Presidente, su pretensión de imponer un férreo control político sobre la vida venezolana y su posición política cada vez más cercana al castrismo hacen temer que en el sexenio que hoy empieza desaparezca el “totalitarismo light” del que hace poco habló el dirigente venezolano Teodoro Petkoff y se consolide un régimen más amenazante para las libertades políticas y de opinión. Ojalá no sea así, y se trate de ruido, más que de nueces.