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El inventor que hay en Fontibón

Para los habitantes de la localidad de Fontibón, en el occidente de Bogotá, ya es familiar ver rodar por sus calles, un automóvil que parece haber saltado al mundo real de las historietas de televisión.

07 de enero 2007 , 12:00 a.m.

El mérito de su creador, Tomás Romero Peña, consiste en que nunca cursó estudios que le permitieran realizar este tipo de trabajos.

Por el contrario, solo estudió hasta quinto de primaria en su natal Chiquinquirá (Boyacá), donde nació hace 67 años, pero siempre ha sido un autodidacta consumado.

Jubilado de la Universidad Nacional, donde trabajó durante 33 años en el área contable, es además ebanista, diseña y fabrica solo muebles por encargo, oficio que le genera ganancias ocasionales.

Siempre ha dedicado entre 15 y 18 horas diarias a construir todo aquello que traza su mente. “Leía artículos de la revista Mecánica Popular, cogía las herramientas y decía: ‘Miremos cómo es que se trabaja, cómo es que se hace esto”, cuenta.

Así, en 1968 concluyó su primer diseño: una motocicleta de cien centímetros cúbicos con la que iba desde su casa hasta el trabajo. Pero a pesar de la versatilidad de la máquina, los ‘porrazos’ lo hicieron desistir y pensar en construir algo más sólido. Ahí nació la idea de fabricar carros.

Después de reunir 70 pesos y juntar algunas piezas, comenzó la construcción de su primer automóvil, en marzo de 1980. Con un motor de 1.600 centímetros cúbicos, llantas con rin número 13 de Topolino y un diseño de carrocería muy singular, en el que se destaca su amplio baúl en la parte delantera, puso en marcha su máquina en 1983.

La inversión final fue cercana a los 500 pesos. “De pronto hoy, con la maquinaria adecuada, me demoraría menos de los tres años que tardé en construir el ‘Tomás 83’, como lo llamé, pero es que este fue un trabajo totalmente hecho a mano”, afirma.

Esta no ha sido una tarea fácil, pues aunque siempre sus amigos lo han motivado, su familia en varias ocasiones le ha dicho que renuncie a sus actividades, porque invierte dinero en algo que no produce utilidad.

Clara Inés Rodríguez, compañera de Romero desde hace 25 años, comenta que “en algunas ocasiones, él invierte plata en su diversión y hay cosas más necesarias. Siempre le he dicho que ponga un taller de ebanistería.Es más rentable”.

Sin embargo, algunos vecinos, como José Muñoz, se sienten orgullosos y creen que don Tomás es un científico que debería recibir apoyo del Estado.

Mientras tanto, sigue con su Tomás 83, por el que le han ofrecido dinero.

Pero no lo ha podido vender por falta de papeles.

Y su ‘Tomás 83’ ya tiene reemplazo: la versión 2007, en la que ha invertido casi siete millones de pesos. Ya se encuentra casi lista.

Con un sofisticado diseño de tres ruedas, carrocería de aluminio con incorporaciones en fibra de vidrio y motor de 1.600 centímetros cúbicos, pronto estará rodando por las calles de Fontibón a 70 kilómetros por hora, la misma velocidad de su anterior versión.

De este sector no puede salir debido a que la Secretaría de Movilidad no le ha otorgado permiso para transitar por el resto de la ciudad. “Sigo esperando que me permitan moverme por todo lado, pero lo que creo es que allá (en la Secretaría) no valoran el esfuerzo y el trabajo”, dice.

Por lo pronto, al lado de sus nueve hijos, en el taller ubicado en el sótano de su casa, fabrica triciclos, bicicletas, sillas de ruedas y todo tipo de aparato que ruede.

Además, construye tanques recicladores de aguas lluvias, tapas de alcantarillas y muchas cosas más.

Su creatividad no tiene límites. Su próximo proyecto ya lo tiene en las nubes: construir un helicóptero que, por supuesto, llevara el sello ‘Tomás’.

Y lo hará, “así tenga que abstenerme hasta de tomarme un tinto”.

UNA PETICIÓN AÚN SIN RESPUESTA He estado esperando el permiso de la Secretaría de Movilidad para poder andar por toda la ciudad, pero allí no valoran mi esfuerzo”.

El señor Romero solo puede transitar por Fontibón.