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Fuduli, el hombre que tiene en vilo a Mancuso

Cuando hace dos semanas la justicia de Italia pidió en extradición a Salvatore Mancuso, algunos conocedores de los procesos judiciales del comandante paramilitar minimizaron el tema. “Pues si ya lo ha pedido E.U. y no lo van a mandar, que más da otro pedido”, decían.

07 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Sin embargo, la cosa no es tan sencilla. El grueso expediente que los italianos han venido tejiendo silenciosamente desde febrero del 2002 podría hacer que Mancuso pierda los beneficios de la Ley de Justicia y Paz.

En él, hay cientos de grabaciones, fotos y seguimientos que le han permitido concluir a un juez antimafia de la provincia de Catanzaro que el proveedor principal de varias toneladas de droga “era el italo-colombiano de origen siciliano Salvatore Mancuso”.

Así se lee en uno de los cuadernos a los que EL TIEMPO tuvo acceso. En ellos es claro que un infiltrado –que recogió las pruebas técnicas– es hoy el principal testigo de cargo contra el poderoso ex ‘para’.

Se trata de Bruno Fuduli, alias ‘Sandro’, que junto con Santo Scipione (detenido hace poco), es señalado de ser el intermediario entre los narcoparamilitares colombianos y el capo italiano Scali Natali.

A Natali lo acusan del envío de coca en mármol y conservas.

¿Secuestrado o infiltrado? Según el expediente, tanto Fuduli como Scipione estuvieron secuestrados por las Auc por una deuda de droga –de 2’150.000 dólares– que el capo Natali se negaba a pagarles a las autodefensas.

Por esta deuda, Fuduli, de 47 años y nacido en Vibo Valentia (Italia), permaneció retenido en el 2004, en una finca en la Sabana de Bogotá –de un ex congresista conservador–, y después fue trasladado a un apartamento de la carrera 18 con calle 108, norte de Bogotá.

Para entonces, el italiano ya colaboraba con la justicia. En más, en el expediente se asegura que Fuduli era informante desde el 2001 y que incluso accedió a usar microespías (micrófonos ocultos) para obtener pruebas: “La colaboración de Fuduli ha sido preciosa”, dice el fiscal del caso, Salvatore Curssio.

Los investigadores italianos también aseguran que el infiltrado solía encontrarse con los proveedores de Scali en una localidad de Venezuela, según ellos, controlada totalmente por Mancuso.

En el tribunal de Regio Calabria (sur de Italia) aparece el registro de 10 incautaciones planeadas por Bruno Fuduli como agente encubierto.

Los Sale y los Gnecco El círculo mafioso en torno a Mancuso se cerró con el clan Sale. Según la justicia italiana, Giorgio (detenido en diciembre) y sus hijos fueron contactados para lavar el dinero proveniente del los alijos de coca enviados a Europa.

En una de las cintas, Giorgio Sale asegura que Mancuso vende el kilo de droga a 2 mil dólares. También quedó evidencia de que el dinero –que en teoría iba a ser usado para la compra de armas para las Auc– terminó invertido en finca raíz en dos países centroamericanos y en España.

De comprobarse que la plata no se destinó para combatir a la guerrilla, sino que fue a dar a las arcas personales de Mancuso, este podría quedar por fuera de los beneficios de la Ley de Justicia y Paz.

Hay otro punto que ha llamado la atención de las autoridades: el supuesto vínculo entre la mafia que trabajaba con Mancuso y el político Jorge Gnecco Cerchar, asesinado en agosto del 2001 por hombres de ‘Jorge 40’, en ese entonces, lugarteniente de Mancuso.

En una de las cintas el capo Natali pregunta por ‘Giorgio’. “Le sacaron los ojos estando vivo. ¡Puta miseria!, ni siquiera la familia lo reconocía”. La Fiscalía estableció que se referían a Gnecco Cerchar luego de que el propio Natali llamó a la viuda a darle el pésame.

Además, el mayor de la policía italiana Giovanny de Chiara declaró bajo juramento que Gnecco Cerchar tuvo negocios de droga con el capo Natali.

También señala que dos de los inculpados en el caso, Enrique Barrios y Alfonso José Gnecco Roys, estaban al servicio del político asesinado.

A Gnecco Roys, sobrino de Jorge Gnecco, le dictaron medida de aseguramiento por concierto para delinquir con fines de narcotráfico.

Él dice que es inocente y lo mismo afirman allegados al difunto Gnecco sobre los señalamientos. En dos semanas se sabrá si él y Scipione –quien había sido erradamente identificado como el infiltrado– salen libres o son condenados (ver: ‘No soy...’).

Entretanto, personas cercanas a la investigación aseguran que otro de los más importantes intermediarios entre la mafia italiana y los ‘paras’ colombianos, vive tranquilo en Bucaramanga: “Se llama Vicente y saca toneladas de alcaloide vía Venezuela. Pero no lo hemos podido capturar”.

u.investigativa@eltiempo.com.co.

‘No soy informante’: S. Scipione.

Aunque inicialmente los investigadores dijeron que Santo Scipione era el infiltrado de la justicia italiana que testificaría contra Salvatore Mancuso, su defensa desmiente tajantemente ese señalamiento. Y asegura que la mejor prueba de que lo confunden con el verdadero infiltrado –Bruno Fuduli– es que Scipione, de 74 años, está preso en la cárcel de Picaleña, de Ibagué, y ya cumplió tres años tras las rejas.

Además, su defensa asegura que ha sufrido infartos y que su situación médica es delicada.

“Si, como dicen, Scipione es el informante, no se estaría muriendo en una cárcel”, dice su defensa.

Y añade que Scipione estaba en Colombia gestionando varias peleas de boxeo e intentando abrir un restaurante.

Pero la justicia italiana sostiene que Scipione era uno de los enlaces entre la mafia de ese país y los ‘paras’ colombianos. Por eso, planea pedirlo en extradición.

Por lo pronto, en dos semanas se conocerá si Scipione y el resto de imputados capturados en Colombia son condenados o no.