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Tráfico de especies, otro crimen contra las Islas del Rosario

Hace dos semanas, muy cerca del castillo de San Felipe de Barajas, en Cartagena (Bolívar), un vendedor ambulante estaba ofreciendo a los turistas un pesebre muy particular: la Virgen, San José, el Niño Dios, y también el buey y el asno, estaban tallados en conchas de caracoles pala.

06 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Para perfeccionar su obra, el artesano tuvo que capturar y matar decenas de ejemplares, una especie típica de esta parte del Caribe.

Al mismo tiempo, en la isla de Barú, un pescador trataba de convencer a un visitante extranjero para que le comprara una estrella de mar. La había capturado con su atarraya y pedía por ella “sólo 10 mil barras”.

Son dos casos aislados que ilustran un problema ambiental que las autoridades cartageneras califican como ‘crítico’: la extracción y tráfico ilegal de material marino de las Islas del Rosario.

Esos organismos vivos no son usados sólo para hacer artesanías o como souvenires. Hay personas que cortan los corales con sierras y luego los transforman en lámparas.

Por ejemplo, un coral denominado ‘cerebro’, caracterizado por sus vivos colores, se ofrece como cenicero o como centro de mesa.

Incluso, columnas de casas construidas en las islas han sido adornadas con cientos de caracoles, especie tradicional del lugar.

En vías de extinción Durante el año 2005, los organismos de control decomisaron 1.333 de estos ejemplares, la mayoría corales, que fueron ‘cazados’ en los alrededores de las islas y que iban camino a convertirse en materia prima de objetos decorativos. En el 2006, los decomisos subieron en un 15 por ciento.

En las dos primeras semanas de diciembre, se encontraron en poder de turistas, comerciantes y pescadores 38 corales, 553 conchas de caracoles; 42 estrellas de mar; 47 caparazones de tortuga carey, escombros coralinos, erizos y restos de cangrejos que fueron devueltos al mar.

Ya estaban muertos, pero irónicamente, al regresar a las aguas, sirven como refugio de otros seres y contribuyen a la formación de la arena blanca de las playas.

La extracción, además de un atentando a la estabilidad de la reserva, y de estar prohibido por la resolución 1002 de 1969 , ha constribuido a la extinción de esas especies.

Según el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), el caracol pala está incluido en el libro rojo de las especies más amenazadas del país. Ya no es fácil encontrarlo como hace 10 años.

Del total de los corales de las islas, sólo el 40 por ciento sobrevive.

Además, según el Instituto Humboldt las tortugas carey están en lo que científicamente se denomina como ‘peligro crítico’.

“La gente debe entender que comprar un ejemplar o sacarlo del mar es patrocinar el deterioro ambiental. Además, estos seres vivos terminan como soporte de las puertas o en la basura, porque tarde o temprano se pudren”, dijo el capitán de corbeta Ítalo Pineda, jefe del Parque Corales del Rosario y San Bernardo.

MENSAJES AL TURISMO .

La dirección del Parque Nacional Natural Corales del Rosario está adelantando una campaña con los turistas que visitan el lugar en esta temporada, para que se abstengan de comprar especies o animales que han sido extraídos del mar, como caracoles, erizos, tortugas o corales.

Otra estrategia para frenar el tráfico fue la creación del Comité de Prevención y Control del Tráfico de Fauna y Flora, que también hace controles en el aeropuerto Rafael Núñez. El año pasado, en todo el país, se decomisaron 47 mil especies silvestres fuera de su hábitat.

SOUVENIR DAÑINO.

‘‘Los corales que el turista saca del mar terminan trancando puertas. Es un souvenir innecesario y dañino para las islas.

Capitán Ítalo Pineda, jefe del parque