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Dos líderes débiles

El 2006 terminó en el Oriente Medio con el quiebre del frágil cese del fuego entre Israel y los palestinos, y con estos últimos bordeando la guerra civil ante el llamado del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, a nuevas elecciones parlamentarias. Los seguidores de Hamas, que hoy controla el Ejecutivo y el Parlamento, rechazaron esta convocatoria electoral y se enfrentaron en las calles contra Fatah, el partido de Abbas.

05 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Por su parte, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, dio ciertas muestras de apoyo a Abbas luego de un encuentro antes de Navidad. Israel entregará a los palestinos 100 millones de dólares en impuestos que les había retenido y levantó unos retenes en la Franja Occidental. Sin embargo, el empuje inicial que esta decisión del gobierno israelí dio a los palestinos moderados se vino al suelo con la autorización del ministro de Defensa de Israel, Amir Peretz, para la construcción de nuevos asentamientos en la Margen Occidental. Y, ayer, fuerzas israelíes entraron a Ramala, al parecer, tras un líder palestino radical.

Ambos, Abbas y Olmert, enfrentan serias crisis políticas internas que han menguado considerablemente su capacidad de liderar cualquier diálogo o negociación. Mientras el primer ministro israelí sigue golpeado por los pésimos resultados en la reciente incursión en el Líbano, su contraparte palestina lucha por imponer unas elecciones anticipadas que aún no es claro que sean obedecidas por Hamas, en medio de una nación cada día más dividida y polarizada. En Israel, tanto la izquierda, representada por el ministro Peretz, como la derecha, en cabeza de Benjamín Netanyahu, ejercen una presión tal que el gobierno israelí envía en cuestión de dos días una rama de olivo con los retenes y una cachetada con el nuevo asentamiento.

Abbas necesita evitar tanto un escalamiento de los enfrentamientos entre grupos de Fatah y Hamas como el boicot de las elecciones. La decisión de Israel de reanudar sus ataques en Gaza restringe el margen de maniobra del presidente palestino, quien es acusado por sus opositores de seguir la agenda de Estados Unidos y de Israel. Si las elecciones palestinas se celebrasen hoy, los moderados de Abbas no tendrían garantizado el control del gobierno palestino. Esto reafirma la débil situación en la que se encuentra el sucesor de Yasser Arafat.

El panorama del conflicto palestino-israelí está hoy marcado por el restringido campo de acción del primer ministro Olmert y del presidente Abbas. Si decisiones de corto alcance son tan difíciles de sostener, no es precisamente optimista la posibilidad de llegar a compromisos profundos en torno a este largo y cruento conflicto. Lo deseable en este 2007 es que Palestina evite una guerra interna y acuda a las elecciones y que Israel revise su decisión tanto de reavivar los asentamientos como de reanudar los ataques. Y, sobre todo, que Estados Unidos se comprometa de una vez por todas con impulsar el proceso de paz. Sin esto, la situación del Oriente Medio no tendrá salida.

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