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Los efectos del calentamiento global

El año que acaba de terminar fue el más caliente en China desde 1951. La administración Bush acaba de proponer que el oso polar sea añadido a la lista de las especies amenazadas, que deben ser objeto de especial atención, frente al derretimiento del hielo ártico. Un reciente informe de expertos japoneses proyecta que las olas causadas por los tifones en algunas bahías de Japón serán 3 metros más altas a finales del siglo XXI y que el nivel promedio del mar subirá por lo menos un metro. El informe ha encendido las alarmas sobre la urgencia de levantar defensas costeras y diques de una magnitud inusitada.

04 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Los ritmos del mundo natural están sufriendo cambios. Algunos animales hibernadores en Europa han abandonado esta conducta y ello es evidencia de que algo nuevo, y enorme, está ocurriendo en su entorno.

En Inglaterra, los insectos están incubando más temprano en la primavera pero las aves migratorias, que viven de gusanos y orugas están llegando en la época de siempre y probablemente no están encontrando el banquete tradicional. Ello puede explicar la disminución de la presencia de aves en los bosques británicos.

A finales de diciembre la humedad relativa en la región de San Diego, California, llegó a bajar hasta el dos por ciento. Este porcentaje es propio de los sitios más secos del planeta. La ciudad de Los Angeles ha tenido en el segundo semestre del 2006 el periodo más seco en muchas décadas. En Estados Unidos, más de 90.000 incendios consumieron cuatro millones de hectáreas el año pasado. El promedio del último quinquenio había sido de 2,7 millones de hectáreas. Detrás de todos estos acontecimientos, que reflejan cambios en el órden natural y amenazan de variadas maneras la forma de vida de la sociedad humana y de otras especie, está una entidad que ocupará el primer renglón de la agenda global en las próximas décadas: el calentamiento global. El cambio climático.

Querámoslo o no, el calentamiento global está imponiéndoles un destino común a todas las naciones y a todas las formas de vida. El problema ha sido causado fundamentalmente por los países ricos y las corporaciones multinacionales, pero los países pobres y los ecosistemas tropicales pueden sufrir las peores consecuencias.

El ex vicepresidente Gore de Estados Unidos recorre el mundo haciendo sonar una llamada de alerta con su documental Una verdad inconveniente. En el gobierno británico, un grupo dirigido por el economista Nicholas Stern, ha producido un informe sobre el asunto que ha generado intensas controversias en los ambientes gubernamentales y entre los expertos en cambio climático.

La reciente propuesta del gobierno de Estados Unidos sobre la protección a los osos polares marca un importante cambio de actitud: la administración Bush ha sido obstinadamente reticente a reconocer las implicaciones ambientales del calentamiento global y se opone a las provisiones del protocolo de Kyoto sobre la reducción de emisiones de dióxido de carbono y otros gases llamados ‘de invernadero’.

Lo cierto es que ni Gore, ni Stern, ni los osos polares, ni el presidente de Estados Unidos, pueden por sí solos mover los ejes del estilo de vida y de la acumulación de capital que han llevado al mundo al borde del precipicio.

Serán los electores en las naciones democráticas los responsables de romper sus propios prejuicios y actitudes frente al consumo de energía, y cuestionar la racionalidad del capitalismo global. Si ello no ocurre, el fin estará más cerca.

En medio de sus otros problemas de supervivencia, la comunidad colombiana haría bien en mirar este asunto con mayor interés. El clima de los próximos meses puede ser un garrotazo de advertencia.

Querámoslo o no, el calentamiento global está imponiéndoles un destino común a todas las naciones y a todas las formas de vida”.