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Vuelve y juega la comedia familiar

El guionista y libretista Darío Armando García, más conocido como Dago, por sexto año consecutivo ha escrito y producido otros tantos largometrajes estrenados en fechas navideñas con el apoyo financiero de un poderoso canal de televisión. Más de 400.000 espectadores en promedio han rebosado un manejo chistoso y una forma rápida de hacer películas locales cuyas repercusiones industriales son innegables. Pero la calidad narrativa roza la medianía y sus aportes artísticos dejan mucho que desear.

04 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Antes de abordar aquella temática simple de “amigos verdaderos que duran toda la vida”, registremos en esta ciudad del Divino Niño sus cinco salidas inmediatamente anteriores: La pena máxima fue un intento de dramatizar la pasión extrema por el fútbol, Te busco nos condujo por una gira del ‘chucu-chucu’, El carro puso en evidencia una tónica populista, La esquina recurrió al ambiente de barrio y Mi padre, mi abuelo y yo reafirmó las redes indisolubles de una familia.

Las chanzas, el humor parroquiano y los compinches siguen siendo resortes para apuntes cotidianos e igualmente primarios que apenas trascienden en un plano afectivo. El gordo barbero que se ufana de su amistad con el triunfante Flaco (jugador profesional en Argentina); los vecinos chismosos y envidiosos; la caída del ídolo en El Cartucho y su rápida recuperación; el amor conyugal; y un centro vacacional en Melgar, cuya piscina destapa las imprescindibles curvas.

El codirector, Juan Carlos Vásquez, siempre se ha desempeñado como director de fotografía y camarógrafo. Su factura visual es plana o anticuada por cuanto adolece del mal diseño de sus imágenes, con demasiada iluminación e insípida composición de planos. ¿Se justificará introducir tomas publicitarias de fritos, supermercados, noticieros y asaderos de pollo? También echamos de menos actores consagrados como Solórzano, Carriazo y Bayona para superar la prueba de los menos veteranos que parecerían extraídos del elenco no estelar de Sábados Felices.

Entre las mejores del año Olvidé incluir El paraíso ahora, dirigida por Hany Abu-Assad –cineasta holandés de origen palestino y nacionalidad israelí–, al exponer con crudeza las contradicciones morales y religiosas de quienes deben cumplir una patriótica misión suicida en nombre de Alá. Algunos lectores mencionan a Crash –ganadora del Oscar que dividió opiniones frente a sus neuróticos personajes entrecruzados–, y Munich, en el atolladero político del terrorismo de Estado judío según Spielberg.

mlaurens@andinet.com