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Aplastados por la felicidad...

En la peluquería de las mellizas Dáger, aquí en Cartagena, comentaron ayer la visita de los tres hermanos Santo Domingo a la ciudad. Una melliza dijo que como ellos están solteros y casi bien de billete, le prometieron a su padre Julio Mario casarse pronto y con tres colombianas. ¿Alguna señora de Barranquilla, Bogotá o Cartagena aceptará ser suegra de uno de los Santo Domingo ‘Brothers’? Sí y abajo doy cinco nombres.

03 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Y en la misma peluquería Dáger comentaron la visita a Cartagena del escritor Vargas Llosa. Y allí contó una señora bogotanísima que Marta Isabel Espinosa de Lara, consentida y accionista de esta Casa Editorial, le hizo al escritor la difícil pregunta que no esperaba: “Mario, hay muchas versiones sobre el puñetazo que le diste a García Márquez en México. ¿Cuál fue el motivo para esa histórica trompada? El hombre se puso nervioso y colorado.

Saddam Hussein se ganó esa muerte por cruel. Ni al Papa le hizo caso.

Grotesco que lo colgaran y más grotesco que lo mostraran por TV y que antes de ponerle la soga le pidieran que se protegiera el cuello con un pañuelo para que no se le raspara.

Rajaron del alcalde Curi, de los concejales y de Álvaro Monterrosa, director ambiental de Cartagena, en la peluquería de las mellizas Dáger. Es que ellos aprobaron celebrar un loquísimo concierto de rock-rap y soul con 24 potentísimos bafles que disparan más ruido que cien aviones juntos y suenan de 6 de la tarde a 6 de la mañana. Por ese atropello auditivo, tres turistas italianos, Douglas, Alexandro, Giovanni Leopardi, y yo denunciamos al alcalde Curi ante el personero. Lo acusamos de “agresión al ciudadano”. Gran ciudad turística es Cartagena, pero muy ruidosa, donde cometen cursis y cómicas alcaldadas para recoger impuestos.

Ni la muy optimista y soñadora Lulita Arango, mi novia-esposa médica, cree el cuento de la total felicidad que arranca con el “feliz año”. Me le robo a la risueña ‘Prince’ Martínez-Emiliani una frase cierta que me dijo ayer: “Conozco al ser humano y en este absurdo e injusto mundo para ser completamente feliz hay que ser completamente idiota”.

Como para ser columnista hay que ser muy vanidoso, saco de mi mochila un metro de vanidad para darles un saludo muy exótico y muy original, les digo “feliz año”, pero no respondo por lo que pueda pasarles en los 363 días que faltan. Veinte millones de pobres tienen problemitas para vivir en Colombia y la felicidad no los aplasta; les huye. Lo cierto es que hay que ponerle un poquito de cinismo a la vida y así es fácil decir: “qué caraxos... feliz año... aunque sea por joder”.