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‘Ni de vainas se vayan a meter en un pagadiario’

Si le pidieran un consejo sobre la mejor manera de endeudarse para invertir, el asesor de ventas Jesús Moscote recomendaría tomar un crédito en una entidad bancaria. “Ni de vainas tomen un ‘pagadiario’. Eso es lo más estresante del mundo y uno puede terminar arruinado”. Razones no le faltan. Dentro de un mes habrá terminado de pagar los 2 millones de pesos que se atrevió a pedir prestado para ampliar el negocio de su esposa (una peluquería), pero fueron dos años de sufrimiento, angustias, malos ratos con los cobradores, y de sacrificios para no dejar de cumplir con las cuotas.

03 de enero 2007 , 12:00 a.m.

“Ahora, ya estoy listo para empezar un préstamo bancario. Necesito 10 millones de pesos y de pronto me tocará pagar 500 mil pesos mensuales, pero prefiero eso a estar con el alma en la garganta para poder cumplirle al hombre de la moto que va cada noche a cobrarme”, dice.

El caso suyo es como el de un gran número de comerciantes y profesionales de Cartagena a quienes les ha tocado echar mano de estos sistemas informales de financiación por algunas ventajas evidentes: no están examinando reportes de las centrales de riesgo, y basta con uno o dos fiadores con buenos sueldos, y una visita de los “intermediarios evaluadores” al local.

Y el dinero puede estar en la mano en cuestión de minutos, mientras que en un banco un estudio de crédito se toma varios días. “Para decirle más o menos lo importante que es este negocio, le puedo asegurar que el 70 por ciento de los comerciantes de la ciudad tiene alguna deuda con el sistema pagadiario”, dice Luis Fernando González, cuya misión es contactar clientes para varios prestamistas.

Fenalco, la agremiación que agrupa a los comerciantes, ha venido insistiendo cada que vez que le tocan el tema en que sus afiliados no acuden a estos sistemas de financiación porque son irregulares e informales.

La financiación El sistema ‘pagadiario’ es el más rápido y, por eso, es quizás el más caro.

“Si a usted le prestan 1 millón de pesos, le dicen que al 10 por ciento mensual, pero no aceptan créditos por un mes, sino por un mínimo de tres meses, y enseguida se lo proyectan. Eso da 1 millón 300 mil pesos, que dividido entre los 90 días viene dando un poquito más de 14 mil pesos. Eso es lo que hay que pagar y así hasta el final. Tírele pluma y verá que el costo es gigantesco”, sostiene Moscote.

Tras ‘tirarle pluma’, se tiene que no es 10 por ciento mensual como dicen sino casi 20 por ciento, y equivale a más de 780 por ciento efectivo anual.

Pues bien, para Moscote transcurrieron dos años a un ritmo de 780 por ciento anual, periodo durante el cual hubo momentos de tensión con los cobradores de turno. “Imagínese lo peligroso del asunto cuando los que vienen a cobrar por lo general están motorizados y llevan pistolas en las pretinas”, dice.

“Pero bien usado, el sistema tiene grandes ventajas –dice Jocelyn Barrios, vendedora de accesorios de plata–. Yo lo usé varias veces para comprar mercancía en Barranquilla y venderla en Cartagena. Como me ganaba casi el 50 por ciento de rentabilidad, pues alcanzaba para mí y para el prestamista”.

Con pistola o sin pistola, sin embargo, la tensión siempre está latente.

Casi parece inevitable con el sistema, aunque eso dependerá, también, de la confianza que se establezca entre las partes con el avance de la relación.

Daniel Molinares, quien lleva cinco años vendiendo jugos de naranja a la salida de una clínica, vivió uno de esos momentos críticos cuando el cobrador, un hombre de a pie que la mayor parte del tiempo era jocoso, prácticamente lo regañó a los gritos delante de la clientela. “¡Si no puedes pagar, entonces pa’ qué carajo te endeudas!”, le decía el hombre, gesticulando con violencia.

Él había pedido prestados 50 mil pesos para abastecerse de naranjas y de azúcar, pero las bajas ventas y unas obligaciones apremiantes en su casa lo hicieron fallar tres días con el pago. “Yo temblaba cada vez que lo veía venir, pero ¿qué más podía hacer? Me iba tan mal en la venta que me atrasé.

Por fortuna, en medio de la rabia, el hombre me entendió y pude pagarle”, recuerda.

Los contactos Acceder a este tipo de préstamos es relativamente fácil. Basta con mirar la página de clasificados de un periódico y allí aparecen números celulares. El que atiende el teléfono es un intermediario sin oficina ni teléfono fijo.

Brevemente, y de acuerdo con las necesidades, le informa al interesado sobre los requisitos y le pone cita, por lo general, en la oficina de éste mismo o la sede de trabajo.

Así como hay ‘pagadiario’, con un enfoque predominante en comerciantes y dueños de negocios, también hay opciones de préstamos a profesionales o trabajadores independientes cuya tasa varía entre el 5 y el 10 por ciento mensual.

Al igual que el ‘pagadiario’, también operan con un contacto que establece citas, recoge documentos y los presenta al hombre del dinero, cuya identidad es lo menos importante porque pueden ser varios. “Yo hago el contacto y le entrego los documentos a ellos. Son ellos los que toman la decisión y establecen la tasa de interés y el plazo”, explica Vilma Pérez, una mujer que vive de esto hace algunos años.

Y estos intermediarios se ganan un pequeño porcentaje sobre el monto del negocio, y son quienes se encargan de publicar los avisos en los periódicos para contactar potenciales clientes, o de imprimir volantes para entregarlos en sitios de mucha circulación o en los semáforos.

Jesús Moscote ha usado ambos servicios. Un ‘cachaco’, cuyo nombre no recuerda, le prestó 3 millones de pesos para la primera peluquería que montó en el barrio Blas de Lezo, pero el negocio quebró.

Para poder pagar la deuda y reabrir la peluquería cerca de la avenida Pedro de Heredia, le tocó echar mano del ‘pagadiario’. Desde entonces, empezó la angustia porque para poder cumplirle al cobrador de la moto se volvió incumplido con el ‘ Cachaco’. “Por fortuna, ya la peluquería despegó y estoy terminando de pagar”, recalca.

HASTA EN INTERNET.

1. Hay prestamistas con página de Internet, pero el cliente sólo se puede contactar con ellos a través de teléfono celular. Entregan el dinero a domicilio.

2. Algunos exigen la suscripción de una póliza de garantía por la deuda por 324.000 pesos, de los cuales al cliente se le reembolsa el 85 por ciento (275.400 pesos).

3. Para créditos mayores, los prestamistas exigen garantía hipotecaria con el respectivo certificado de tradición, copia de la escritura y demás documentos.

“Yo hago el contacto y le entrego los documentos a ellos. Son ellos los que toman la decisión y establecen la tasa”.

Vilma Pérez, intermediaria de prestamistas.

70 por ciento de los colombianos están por fuera de la banca.

Sólo 12,1 millones de personas, el 29,2 por ciento de los colombianos, tienen alguna relación con los bancos en todo el país.

El resto, el 70,8 por ciento de la población está por fuera del sistema financiero, según un informe de Asobancaria, lo cual significa que son personas que no pueden aspirar a un préstamo de un banco, ni tampoco cuentan con los recursos para abrir y mantener una cuenta de ahorros o una cuenta corriente, o no les interesa.

Este nivel de bancarización es mucho más bajo que el que se manejaba anteriormente, pues con base en un estudio que se había hecho en Bogotá, se estimaba que el 40 por ciento de los colombianos estaban dentro del sistema financiero, pero en realidad es un 25 por ciento menos.

Incluso si no se tiene en cuenta a toda la población sino sólo a los mayores de edad se tiene que el 58 por ciento de los colombianos con cédula de ciudadanía que residen en el país no tienen una cuenta de ahorros.

El estudio de Asobancaria también revela que de todos los productos financieros, las cuentas de ahorro son las más populares, ya que 11,3 millones de colombianos cuentan al menos con una. De ellos 76.258 son menores de edad y el resto son adultos.

Además solo 6,17 millones de los 11 millones que tienen una cuenta de ahorro la tienen marcada para que sea exenta del cobro del impuesto del cuatro por mil.

El segundo producto financiero de mayor uso en el país son las tarjetas de crédito, con 2,8 millones de colombianos, es decir, que este dinero plástico solo es usado por el 6,7 por ciento de la población total.

Si se suman las personas que adquieren dinero prestado con tarjetas de crédito y quienes tienen otro tipo de préstamos bancarios, en total hay 4,6 millones de colombianos con al menos un crédito del sector financiero, es decir, el 11,1 por ciento de la población total.

En general, las zonas Caribe y Pacífico son las que presentan menor nivel de bancarización en el país. Con excepción del Atlántico, en esos departamentos el 80 por ciento de la gente está por fuera de la banca.