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PIRATERÍA EN SOFTWARE

31 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Frente a un hecho contundente como la denuncia de nuestro afamado Nobel García Márquez y el posterior retiro de circulación de sus libros en protesta por el descarado mercado alterno que se maneja a plena luz en todos los frentes del arte no podemos seguir haciéndonos los de la vista gorda o manifestar nuestra inconformidad con estos hechos en voz baja y sólo en el estrecho círculo de nuestras amistades, mientras los comerciales informales llenan sus arcas con el sudor y la magia de todos aquellos nacidos con el don de la creación, apropiándose de hecho de los frutos de un esfuerzo intelectual con el cual no tuvieron nada que ver.

Con el software la injustica de la piratería cobra otros matices. A pesar de que los programas de computador son tratados legalmente como una obra de arte su razón de ser es más técnica que artística, y por ende su valoración comercial es más evidente.

En países consumidores de software, como el nuestro, la actitud frente al robo encubierto de derechos de autor divide a la población en dos nuevos sectores (como si no tuvieramos ya bastantes), el de los que censuran la piratería y exigen actitudes más enérgicas que le pongan freno a este cada vez más extendido vicio, y el de los que sin pudor confiesan su condición de corsario de bytes, pero eso sí con propósito de enmienda: es que ese programa costaba mucho dinero y lo necesitaba para sacar adelante mi empresita , sólo lo copié para ver como trabajaba , me lo regalaron y yo prometí no darle copia a nadie , voy a utilizarlo por un tiempo mientras consigo con qué comprarlo ...

Conforme con nuestra idiosincracia, estos dos sectores con ideologías aparentemente irreconciliables coinciden en los más importante de una doctrina, es decir, en su puesta en marcha.

Qué deben hacer entonces todos aquellos usuarios que con esfuerzo adquieren su computador, con el objetivo de incrementar las ganancias de su naciente y aún improductivo negocio y no cuentan con los recursos suficientes para alimentar la máquina con los programas apropiados?.

Peor aún. cómo conseguir que los desarrolladores de software de garaje, es decir, aquellos genios desconocidos de nuestro país cuyas subutilizadas mentes son capaces de producir rutinas y aplicaciones de alta calidad puedan contar tempranamente con las poderosas herramientas de programación que salen al mercado cada día (a precios inaccesibles) y no cuando ya es tal su obselecencia que no vale la pena adquirirlas? Ni que decir de los estudiantes universitarios consentidos por un sistema paternalista que ve como una travesura su tan arraigada costumbre de reproducir y manipular sin escrúpulo alguno todos los recursos informáticos legalmente adquiridos por el alma máter para su educación. cómo convencerlos de que los autores de los programas de los que producen cientos de copias piratas fueron también un día estudiantes inquietos y ansiosos de oportunidades como ellos? Las respuestas son aún más cuestionables, por cuanto los que proclaman el respeto por la obra intelectual del programador lo hacen movidos más por elmedio a contraer un virus o a ser descubiertos y sancionados, que por apreciar verdaderamente la magnitud de la injusticia que están cometiendo cuando disfrutan de un software valioso sin haber pagado por ello. Y es que siempre se encuentra un motivo poderoso que justifique el obtener una copia ilegal! Lo peor de este y todos los demás razonamientos similares que se hacen con respecto al ético-moral-técnico-económico asunto de la piratería es el silencio que les sigue.