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LA LEY, INSTRUMENTO NEGOCIABLE

Hace pocos días el joven actor Danilo Santos transitaba por una calle especialmente colmada de ladrones y uno de ellos le sustrajo un valioso reloj Rolex de oro. El joven actor, en vez de anunciar por la prensa el pago de una recompensa por la devolución del reloj como lo habría hecho cualquier fiscal se perdió en los vericuetos del derecho, acudió a un juzgado y presentó una denuncia, en averiguación, por la sustracción de su reloj. Algún tiempo después, el joven actor recibió una llamada en la cual le informaban que si retiraba la denuncia le sería devuelta la prenda y el actor, de buena fe, creyó que era inútil que la incompetentísima justicia colombiana siguiera adelantando averiguaciones sobre lo que él ya estaba en trance de recuperar. Poco experto en estas lides judiciales, Danilo Santos supuso que con la devolución del reloj se había restablecido su derecho y retiró la denuncia. Imprudentemente, le contó lo sucedido a algunos amigos vinculados con los reporteros de la prensa, y

31 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Y esta cátedra de cobardía fue expresada y aplicada desde finales de 1982. Recordemos algunos antecedentes al respecto. Es lo cierto que durante el gobierno del doctor Julio César Turbay toda la plana mayor del M-19 fue aprehendida, juzgada y condenada. Y cuando ascendió al poder el doctor Belisario Betancur, mediante conocidas trapisondas legales, toda esa plana mayor fue puesta en libertad. No hay palabras suficientes para condenar las consecuencias que para Colombia tuvo esa libertad fatídica! Posteriormente, el gobierno de Betancur envió una Comisión de Paz para acordar un convenio inconstitucional con el asesino convicto denominado Manuel Marulanda, alias Tirofijo. El convenio fue una farsa degradante, pero tuvo dos consecuencias claras: la primera, que las fuerzas de Tirofijo que sólo tenía 12 frentes guerrilleros en poco tiempo se elevaron a más de cincuenta frentes bandoleros. Y en segundo lugar, que una buena parte de la opinión pública, encabezada por el alto clero y miembros de las clases dirigentes, políticas y sociales, no ocultaron su profundo regocijo al vislumbrar una posibilidad de paz. En ese entonces, las llamadas palomas no comprendieron que habían convertido la ley penal en un instrumento negociable.

Más tarde la situación se agravó. Inexplicablemente, los asesinos de Gloria Lara salieron de las cárceles para vivir cómodamente en París con dineros misteriosos cuyo origen no se ha aclarado. Peor aún, ya los execrables delitos de secuestro, extorsión y asesinato no solo quedaban impunes sino que eran premiados. Por ello, ni a los secuestradores ni asesinos de José Raquel Mercado, ni a los incendiarios del Palacio de Justicia y asesinos de 12 magistrados de la Corte Suprema, se les aplicó sanción alguna, y por el contrario, se les premió con dinero, taxis, subsidios y un Ministerio en el despacho Ejecutivo. Y todo lo anterior porque en Colombia la ley penal se ha convertido en un instrumento negociable.

En el presente, por obra y gracia de unos cachifos que dominan el spanglish, que salen de sus altísimas posiciones condecorados y llorados, se han importado una ley foránea por medio de la cual el Fiscal General de la Nación por cierto hombre muy honesto y eficaz, puede negociar la ley, por ejemplo, rebajar las penas impuestas a los capos de la mafia, de 13 años a escasos dos años de cárcel, o, lo que es más grave aún, indultar a los cómplices delatores, conseguirles visas en países extranjeros y recompensar a estos felones con gratificacion de veinte millones de pesos.

Porque, repito, la ley en Colombia sólo sirve para castigar a los ladrones de gallinas o criticar a Danilo Santos por haber retirado una denuncia ante un juez.

Y una pregunta final, los veinte millones de pesos que reciben los delatores por una felonía, pagan impuestos? O en Colombia la ley tributaria también es negociable con los pícaros y solo deben pagar impuestos las gentes honradas? Que responda el ministro Hommes.