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LLEGÓ LA HORA DE DEFINIR POSICIONES

Los bombardeos de Israel sobre el Líbano han acorralado a Estados Unidos en el tema del Medio Oriente, porque plantean el interrogante: está dispuesta la administración de Bill Clinton, y en condiciones, de llevar a esta región a la paz, o no? En realidad, el proceso de paz organizado en 1991 por el anterior gobierno de EE.UU., no es más que una gaveta vacía. Aunque ni árabes ni israelíes pueden permitirse abandonar este proceso, iniciado en Madrid hace 21 meses y proseguido a través de 11 rondas de negociaciones en Washington, las acciones se desarrollan en otros planos.

31 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Los árabes sostienen que el problema radica en que Clinton simplemente se abstuvo de comprometerse políticamente lo suficiente como para solucionar el conflicto árabe-israelí. A ello respondió EE.UU. que no puede producir la paz si árabes e israelíes no la desean.

Y la frustración de los israelíes con las conversaciones quedó en evidencia por los crecientes contactos mantenidos entre funcionarios israelíes y la OLP, así como por la exploración de ideas radicales para desbloquear el proceso, aun a riesgo de modificar las sacrosantas normas de Madrid . Las mismas dicen que un arreglo final para Cisjordania y Franja de Gaza sólo se iniciará en el tercer año de un período interino de cinco años en que los palestinos tendrán autonomía.

Pero el vicecanciller Yossi Beilin lanzó la iniciativa de que israelíes y palestinos conformen ahora una confederación jordano-palestina como marco hacia un arreglo definitivo del problema. De cualquier manera, la crisis del Líbano ha obligado a la administración Clinton a contemplar el Medio Oriente con una nueva urgencia.

Se espera que este fin de semana Christopher viaje al Medio Oriente. Según se anunció ayer, llegará el lunes a Egipto. Sin embargo, por el camino puede producirse un cambio de itinerario. El secretario de Estado podría hacer una primera escala en Damasco, antes de El Cairo y Jerusalén, en un signo claro de que el presidente sirio Hafez el Assad, está una vez más en el centro de la tormenta.

Para EE.UU., sólo hay un culpable: el Hezbolla, pues su mantenimiento en la palestra regional es considerado por Washington como un obstáculo al progreso. En este sentido, el gobierno estadounidense puso a Siria en el centro del problema, no para acusarla sino para subrayar que tiene medios para participar en el arreglo de la situación. EE.UU. espera que el ejército sirio, omnipresente en el Líbano, meta en cintura a una organización que atrae la tormenta israelí sobre la población del sur del Líbano.

En todo caso, hasta tanto Christopher termine su periplo por el Medio Oriente, no se sabrá si EE.UU. optó por comprometerse a fondo con el proceso de paz, o dar carta blanca a árabes e israelíes para que fracasen por su propia cuenta.