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ARRIBA, EN EL NORTE DEL CIELO BOGOTANO,

Arriba, en el norte del cielo bogotano, habita una ciudad que continúa con las luces encendidas cuando la Sabana ya las ha apagado. Es La Calera, la ruta de la rumba, la carretera más fiestera del altiplano, la vía más congestionada de bailadores.

30 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Más de siete kilómetros de subida empinada conducen a un rosario de sitios nocturnos iluminados con luces de neón. Uno detrás de otro, hasta superar el centenar de atracciones, entre bares, restaurantes, tabernas o discotecas.

La subida es una secuencia de carros llenos de rumberos y parejas amorosas, que se parquean de frente a la panorámica de la ciudad, hoy obstruida en buena parte por casetas de venta de chorizos.

El trayecto pasa por el tradicional restaurante Tramonti, por Tentenpié, el primer sitio construido en la montaña, por Café Caribe, Colors, Candela, Medialuna, Massai...

Hasta que se llega al kilómetro 4.5, Vía La Calera. Allí, antes de una curva peligrosa, queda la entrada a una ciudadela rumbera, con sus propias calles pavimentadas e indicaciones de tránsito.

Es la entrada a La Calera Plaza, un pequeño mundo fiestero incrustado a 2.700 metros de altura, en el que habitan cuatro discotecas: Bahía, Olimpo, Riscos y Samerón.

Este es un lugar en donde el frío y el viento se olvidan por el mismo ritmo de la música. Hasta hace calor porque, en cierta forma, La Calera Plaza es un pedazo de trópico metido a la fuerza en medio del páramo.

Cuatro grandes discotecas en donde se concentra el mayor número de rumberos de Bogotá. En una misma noche, con la capacidad completa de los sitios, puede haber seis mil bailadores tirando paso.

Cada uno de estos centros nocturnos tiene sus propias características, su público, su música, su nota .

Pero La Calera Plaza no sólo es un conjunto de discotecas. También es un modelo de unión entre centros nocturnos para beneficio del público y de los vecinos.

De hecho, existe la Corporación Cívica Vía La Calera, conformada por Bahía, Samerón, Olimpo, Riscos y Massai, que se ocupa de la seguridad en la carretera que no deja de ser peligrosa.

Los de La Calera Plaza, por su lado, se ocupan de la seguridad y sanidad de su miniciudad rumbera.

Nosotros nos hemos unidos dice Héctor Rodríguez, administrador de Olimpo para que nuestra zona se mantenga alejada de expendedores de drogas y ladrones. Por eso, hasta los que venden cigarrillos son personas que conocemos bien para que nos ayuden en esta tarea. Igual, todo el personal de las diferentes discotecas que están desde la misma entrada están pendientes de todo .

Según el mismo Rodríguez, La Calera Plaza también ha creado un centro de salud para los habitantes de los barrios vecinos, como el San Luis, La Sureña, La Capilla. Todos nosotros lo mantenemos, cooperamos con la policía y además contamos con seguridad privada .

Sin embargo, todos los establecimientos de La Calera tienen sus problemas. Por ejemplo, el acueducto. En esta parte de la ciudad no llega el agua y para poder satisfacer las normas de higiene, algunas discotecas tienen que traer el agua desde Bogotá en carrotanques.

Una noche normal puede implicar gastos aproximados de setenta mil pesos en agua.

Para poder tener teléfonos se necesitaron 24 kilómetros de cables desde el pueblo de La Calera (de donde vienen las líneas) hasta las discotecas. Este cable, lógicamente, fue puesto por los propietarios de los centros nocturnos.

Igualmente carecen de alcantarillado, por lo que las discotecas tuvieron que ingeniárselas diseñando con técnicos especializados unos pozos sépticos.

El problema de la contaminación en La Calera dice Rodríguez se debe a que hay veinte mil personas que carecen de los más mínimos servicios .

Pero el público, que sube con el cuerpo caliente para el baile, no siente estos inconvenientes porque, entre otras cosas, el agua, a pesar de todo, nunca falta en estos sitios.

La mayor ventaja de La Calera Plaza es que en un solo lugar, en una misma vía, en una pequeña ciudad donde manda la alegría, se puede optar entre varias alternativas. Para jóvenes, para mayores, con diferentes precios, diferente música y distintos ambientes. Algunas alternativas son las siguientes: Olimpo bien arriba Al final de la autopista principal de La Calera Plaza, lindando con el despeñadero, queda Olimpo Club, que el próximo mes cumple tres años de existecia.

Esta discoteca es, básicamente, una inmensa cabaña en donde la presencia de orquestas es una práctica obligada.

Su público está tipificado. Aunque la juventud no es extraña a ella, por lo general los rumberos que se encuentran en Olimpo son cercanos a los 30 años, o más.

Olimpo tiene una capacidad para mil doscientas personas, aunque su asistencia normal (fuera de los conciertos) es de aproximadamente de seiscientas personas.

La cabaña es un laberinto de nieveles (catorce), distribuidos en tres pisos, en donde cunden los salones: Salón Cielo, Cupido, Zéus, Urano, Apolo...

Los proyectos sobran para Olimpo. Una chiva, para recoger turistas en los hoteles y llevarlos a la discoteca, estará próximamente en funcionamiento. Igualmente se está construyendo un parque infantil para que en las reuniones de empresas los invitados puedan llevar a los niños.

Bahía en la montaña Bahía es un rincón del trópico a menos de diez grados de temperatura. Todo en esta discoteca-centro de convenciones remite al Caribe: su arquitectura, una combinación de casona playera con toques de tejados coloniales; su jardín, una pequeña selva ecuatorial, con helechos, trinitarias, crotos y palmeras.

Por dentro es igual. Vitrales, columnas de maderas talladas, ventiladores antiguos... toda la decoración diseñada por los mismos dueños y elaborada en talleres propios.

En Bahía caben mil quinientas personas (es la más grande del lugar) que son atendidas por 120 personas (cuarenta meseros). Precisamente, una de las características de este lugar son los meseros, que forman parte del espectáculo: bailan y hacen shows, al tiempo que sirven a los clientes.

Para pasar una noche divertida en Bahía se necesita hacer reservación con anticipación, pero la mesa la guardan hasta las 10 de la noche. Después de esa hora, queda a disposición de quienes suben sin reservación.

Bahía, considerada como la mejor discoteca de Bogotá en la actualidad, tiene planeado construir una capilla para final de año, y un restaurante en el primer piso.

Se completa la plaza Sameron, otra de las integrantes de La Calera Plaza, tiene un público más joven. El sitio, con cierto parecido a la mayoría de las discotecas del sector, tiene capacidad para unas 650 personas, que se divierten con una rumba mucho más juvenil.

El ambiente de Sameron, por sus visitantes, es muy parecido al de Riscos, otro de los sitios que se llenan cada fin de semana en La Plaza Calera. En estos dos no se requiere reservación y, normalmente, la fiesta se inicia a las 10 de la noche.

Otro sitio del sector, bien diferente, con otro ambiente, pero al que llegan muchos de los clientes de estas discotecas, es La Rotonda.

Está ubicada en la entrada de La Calera Plaza y es una especie de quiosco, al aire libre, en donde se venden comidas rápidas, algunos licores y los productos tradicionales que se expenden en la carretera vía a La Calera, como mazorcas, pinchos, chorizos...

En general, los precios de estos rumbeaderos oscilan entre 22 mil y 28 mil pesos la botella de aguardiente, y un poco más cara la de ron. La diferencia en precios con otros sitios de las mismas características en Bogotá es mínima.

La Calera Plaza es otro de los grandes epicentros de los fines de semana bogotanos. Como los bares de la Zona Rosa, las tiendas de la Pepe Sierra, los rumbeaderos nuevos de Chía... otra opción para los bailadores.