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LA VIVIENDA EN AMÉRICA LATINA

Aunque América Latina es el territorio en vías de desarrollo más urbanizado del mundo, su crecimiento urbano se ha reducido paulatinamente, desde tasas que sobrepasaron el 4 por ciento en la década de los 50, hasta el 2,9 por ciento en la actualidad. Sin embargo, un estudio realizado por la Comisión Económica para la América Latina (Cepal) indica que debido al estancamiento en el crecimiento de la población rural, la disminución en las tasas de urbanización no será un obstáculo para que la mayor demanda de vivienda y servicios en el futuro se presente en las zonas urbanas.

31 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Las bases sobre las cuales se trabaja por el progreso de las ciudades más importantes de América Latina son diferentes en cada una y no se pueden generalizar sus características.

Entre 1960 y 1970, en varias metrópolis se crearon planes ordenadores que buscaban un crecimiento disciplinado. No obstante, en algunos casos se excedieron y el desarrollo llegó por la ocupación irregular de los asentamientos.

Los límites de la extensión urbana y los grados de ocupación del suelo se determinaron entonces por las fuerzas demográficas, la disponibilidad de zonas para habitar, la especulación y el deseo del sector público de destinar los servicios necesarios a las áreas de expansión.

Debido a la especulación, la falta de regulación y el poco control efectivo del Estado, el crecimiento urbano ocasionó en algunas ciudades la dispersión en la utilización del suelo y el aumento de su precio. En otras metrópolis ocurrió lo contrario, y al no existir suficientes terrenos adecuados para la vivienda los espacios aptos fueron superpoblados.

Para la Cepal, en la mayoría de los países latinoamericanos hay limitaciones que no permiten la total financiación de viviendas nuevas y, por lo tanto, se incrementa el número de familias que viven en áreas reducidas. Los sistemas de financiamiento solo cubren el 25 por ciento de la nueva demanda anual.

Soluciones de vivienda Los lugares en donde viven las familias de bajos recursos económicos se encuentran generalmente en la periferia de las ciudades y en sectores deteriorados, lejanos del comercio y sitios de trabajo.

Cuando el costo de la tierra aumentó en Latinoamérica, algunos habitantes citadinos se vieron obligados a trasladarse a los suburbios. Algunas zonas centrales se convirtieron en tugurios, caracterizados por el amontonamiento de los residentes, la mala calidad de la vivienda, las defectuosas instalaciones interiores y la deficiente prestación de los servicios. Sin embargo, ello representó una salida rápida para obtener un techo en donde vivir.

Otra solución es la vivienda progresiva que, según la investigación de la Cepal, se divide en dos clases: la realizada en forma espontánea y la promovida por la autoridad competente.

En la construcción espontánea, la inversión de los habitantes es mínima y el mejoramiento de la vivienda y de los servicios públicos básicos no es el adecuado. Los problemas fundamentales, cuando se toma este camino, están relacionados con la regularización de la tenencia, el acceso a los servicios indispensables y la consecución de un albergue digno.

Las viviendas realizadas en forma progresiva bajo programas regulares de urbanización tienen etapas de consolidación más cortas, pero presentan también el problema del financiamiento, que limita el progreso de este tipo de solución habitacional.

El tercer plan habitacional es la vivienda terminada, con el cual se intentan lograr soluciones definitivas para construcciones unifamiliares y multifamiliares. La calidad final depende de distintos factores como el diseño, la tecnología, el estado social de los residentes y la capacidad financiera del sector público.

A cómo se construye? Los precios de la vivienda en las ciudades latinoamericanas varían de acuerdo con los costos y condiciones de la tierra, el acceso a redes de infraestructura, las reglas de urbanización, la tecnología utilizada y la calidad de la vivienda.

Tan importante como el costo es el financiamiento de las construcciones, es decir, cómo el presupuesto asignado para la vivienda determina las clases de soluciones y la calidad final.

La mayoría de las políticas de vivienda social en la región presentan limitaciones para satisfacer a las familias que perciben ingresos inferiores a dos salarios mínimos o no tienen trabajos estables.

Ante las dificultades anotadas, los gobiernos intentan crear nuevos programas que incluyen garantías colectivas o proyectos de radicación mínima, complementados con posteriores ayudas para fortalecer la vivienda cada día más.