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ASOCIACIÓN COLOMBO-BRITÁNICA

La visita oficial del Presidente de la República y de una distinguida comitiva a la Gran Bretaña parece llamada a sellar la alianza para la explotación conjunta del petróleo. Desde cuando se descubrieron los ricos yacimientos de Cusiana por una empresa de esa nacionalidad, los periódicos británicos comenzaron a ocuparse con más frecuencia de la vida colombiana, a escrutarla sin prevenciones y a destacar sus aspectos favorables. La necesidad de conseguir y movilizar cuantiosos recursos financieros internacionales con destino a la efectividad de la operación, ha incitado a ver de presentar con características más benévolas y propicias el escenario donde habrían de echar ancla.

27 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Por obvias razones, la piedra de toque de las entrevistas serán los hidrocarburos. No en vano existe un contrato de asociación entre la British Petroleum y la Empresa Colombiana de Petróleos. Para afianzarla y allanarle el camino, las inversiones que aquí se realicen estarán garantizadas por la Nación contra riesgos políticos, de orden público y otros concomitantes.

La firma del convenio en que ello conste será el acto culminante de esta visita de Estado, en medio de la pompa de una rancia monarquía, desde viejos tiempos adaptada a las formas democráticas y parlamentarias de gobierno. Aparentemente ha sido el requisito sine quanon para la reunión de capitales y de esfuerzos. En virtud de la ley de vasos comunicantes, a otros empeños de la misma índole habrá de extenderse, más tratándose de fondos internacionales, dentro de la idea de atraer las corrientes financieras del exterior.

Quizá desde el auge de las concesiones ferroviarias, algunas de ingrata memoria, no se daba algo parecido en las relaciones con la Gran Bretaña. Sus intereses apuntaban a las colonias del Imperio en otros continentes. Pese a su independencia después de la segunda guerra mundial, allá quedaban su huella cultural, sus empresas, sus entronques. Era suficiente para mantenerse más bien alejada de nuestra región, salvo en lo tocante a su mercado, tradicional para muchos de sus apreciados productos.

El hallazgo providencial del petróleo de Cusiana modificó sustancialmente el panorama. Sus reservas superaron con harta ventaja las mejores esperanzas. Requiriéndose una explotación en grande escala, fue menester llevar la asociación a ambiciosos planos económicos y tecnológicos. Arbitrar solidariamente los recursos y compartir las utilidades, en el entendimiento de que el socio extranjero no se encuentra obligado a reintegrar las suyas al país de origen. Circunstancia ésta que ha dado pie a cierta perplejidad por la diferencia entre el monto calculado de exportaciones y lo que Colombia ha de recibir en dinero contante y sonante. Aun así muy considerable.

Más que hidrocarburos No cabría advertir el temor de que se petrolicen las relaciones con la Gran Bretaña. De hecho lo están por la naturaleza de las cosas. Cuando en esa nación se habla de inversiones y de garantías por parte de Colombia, se piensa y actúa en función de sus nuevos pozos de hidrocarburos. Lo demás es secundario. Pero no lo es para nosotros. Ni en términos de comercio exterior, ni en los de trabajo nacional. Siendo por supuesto prioritario, en cuanto a la asociación colombo-británica, poner en marcha la explotación de los yacimientos de Cusiana y Cupiagua.

El desempleo de más de tres millones de trabajadores en la Gran Bretaña le permitirá comprender la preocupación de combatir sus expresiones aquí, donde el del agro ha adquirido proporciones explosivas, no registradas en las estadísticas. Por las limitaciones propias del mercado nacional y por su desprotección, toca a las exportaciones agrícolas y manufactureras proveer oportunidades adicionales de mano de obra.

Aunque el petróleo de Cusiana y Cupiagua esté ad-portas, no podemos mirar con indiferencia la reducción del área sembrada ni la competencia desleal a la producción nacional. Desde el punto de vista social y económico, necesitamos comerciar hacia afuera más y no resignarnos a multiplicar simplemente las importaciones con el fruto de la cacareada bonanza petrolera. Tampoco entregar el mercado a una competencia privilegiada que une los subsidios directos e indirectos a su reconocida capacidad tecnológica.

La aguda crisis del agro ha abierto los ojos de nuestros gobernantes a las causas que la han determinado, no propiamente atribuibles a la recesión internacional. Al efecto, han empezado a tomar medidas enderezadas a recuperar su actividad, tanto como a resguardarla de desplazamientos ilegítimos. La alternativa de consagrar tierras y brazos al cultivo de materias estupefacientes no es nacional ni internacionalmente aceptable. Existe, sin embargo, en zonas restringidas, como la misma violencia letal, y amenaza con propagarse en la medida en que otras siembras se hagan imposibles o ruinosas.

Palanca del desarrollo Es grato ver robustecidos los vínculos con una nación de rica cultura y ejemplar régimen democrático, que a Colombia estuvo próxima en las guerras de la Independencia, en la misma forma como nosotros seguimos de cerca, con viva solidaridad, su heroica resistencia al totalitarismo en la segunda guerra mundial. De ella nos han venido lecciones perdurables, en cuanto han traspasado su circunscrito interés nacional y consultado esperanzas y anhelos compartidos.

Petrolizada como ha sido en principio nuestra nueva asociación, hay que formular votos por hacerla más extensa y por convertirla en palanca de más amplios designios. Si de inversiones se habla, procurar que no lo sean exclusivamente para fines de explotación petrolífera y que además impliquen transferencias tecnológicas. Si de comercio, que las exportaciones no sean tan solo de hidrocarburos y que no se nos asemeje a las economías de los países árabes, en la época de los altos precios del petróleo ansiosos de importar a manos llenas sin reparar en su utilidad y provecho.

La necesidad fundamental de un pueblo en desarrollo es, obviamente, la de desarrollarse, elevar sus niveles de vida y erradicar sus zonas de pobreza. En este sentido puede ser de mucha valía la cooperación de Gran Bretaña. No porque pretendamos copiar sus pasos de potencia por tantos años imperial, ni porque abriguemos el secreto e imposible deseo de ser su colonia tardía, sino porque sus recursos y su posibilidad de complementarlos, su ciencia, tecnología e idoneidad educativa pueden ayudarnos a que la de Cusiana sea mucho más que una bonanza efímera. La oportunidad de un salto hacia adelante, que capacite a Colombia para aumentar establemente su producción, ingreso y empleo.