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CAOS EN RUSIA POR NUEVOS RUBLOS

La ciudadanía rusa se apresuraba a deshacerse de sus rublos, que en breve perderán su valor, para cambiarlos por los nuevos billetes emitidos. Sin embargo, por lo menos dos regiones indicaron que no se adherirán al sorpresivo plan del Banco Central de invalidar hoy miles de millones de viejos billetes.

26 de julio 1993 , 12:00 a.m.

A partir de la medianoche, sólo serán válidos los billetes de banco impresos este año, y los rusos tendrán dos semanas para cambiar los que tienen por los nuevos, aunque podrán recibir montos superiores a los 35.000 rublos (35 dólares) sólo en forma de depósitos a seis meses. La medida, de rasgos políticos potencialmente explosivos, está destinada a combatir la falsificación de billetes y la inflación anual, ya de más de 2.500 por ciento. También liquidará hasta un 20 por ciento de las existencias de rublos fuera del control de Rusia en otras ex repúblicas soviéticas.

No obstante, es la gente común la que carga con las consecuencias prácticas del cambio. Los bancos estaban cerrados ayer y se veían largas filas de compradores ante los comercios, en un día en que las ventas son generalmente escasas. Asimismo, las estaciones de los trenes subterráneos estaban colmadas de gente que quería comprar abonos nensuales con los viejos rublos. En los kioskos callejeros rusos, se vieron improvisados carteles informando que recibían rublos viejos, pero con un 10 por ciento de recargo, aunque en San Petersburgo la mayoría de los comercios estaban cerrados, y la mayoría de los kioskos se negaban a recibir rublos impresos antes de 1993.

Tras conocerse la medida, de inmediato surgió una operación de mercado negro. En la región de Birobidzan en el lejano oriente, cambistas privados pagaban entre 2.500 y 3.000 nuevos rublos por 5.000 rublos viejos.

El presidente del Banco Central de Armenia, Isak Isakian, dijo hoy a The Associated Press que la medida no será observada en ese territorio. En cuanto al territorio ruso sureño de Chechenia, que se declaró independiente del gobierno en Moscú, también dijo que no cumplirá con la medida y continuará permitiendo que sus habitantes usen los rublos viejos.

Lo cierto es que esas resoluciones, si bien brindarán un alivio temporario a la ciudadanía, significan que los gobiernos locales eventualmente tendrán que pagar por servicios y mercancías que su población compra con dinero sin valor. Esas actitudes rebeldes se adoptaron contra un aparente intento ruso de obligar a las regiones y a otras ex repúblicas soviéticas a firmar acuerdos de una vinculación económica más estrecha con Moscú, o de lo contrario a que se separen totalmente de la zona del rublo. Cabe anotar que hay nueve ex repúblicas soviéticas que ya han introducido sus propias monedas o bien tienen planes de hacerlo en breve. Estas son Lituania, Letonia, Estonia, Ucrania, Bielorrusia, Azerbaiyán, Georgia, Kirguiztán y Moldavia. La medida adoptada el sábadao pasado, dejará sin valor los rublos impresos antes de 1993 que esos territorios hayan estado acumulando para su comercio con Rusia o para efectuarle diversos pagos. Amor a la rusa Irina, Natacha y Galina buscan a un italiano con quien casarse para resolver sus problemas, porque los maridos italianos son los mejores, sin ninguna duda .

En el gran caos del Moscú de hoy, entre privaciones, corrupción, asesinatos, disputas políticas, transformaciones impresionantes, Liuba Pokruchina, de 30 años, creó en el centro de Moscú, una agencia matrimonial especializada en la búsqueda de galanes italianos para rusas deseosas de vivir un poco mejor.

Es notorio dice Liuba que, entre todos los hombres, las rusas prefieren a los italianos. Por esto decidí limitar mi campo de acción a Italia. Hay un vaivén de jóvenes y menos jóvenes que se dirigen a nosotros con prisa por hallar un marido que les consienta abandonar el país. La vida es demasiado dura . A las rusas les gustan los italianos porque son románticos, buenos, generosos y, además, son fieles porque son católicos , dice Liuba con convicción en su pequeña oficina situada en un caduco edificio del casco antiguo. Liuba hace estas afirmaciones mientras una cincuentona que tiene en manos un álbum de fotos en colores no se decide entre Salvatore de Bari y Mario de Turín.

Durante el comunismo a veces hasta se castigaba el hecho de casarse con un extranjero. Ahora las cosas han cambiado y las mujeres cansadas de privaciones y de angustias ya no quieren maridos rusos y buscan en el occidente un poco de tranquilidad y comodidad.

Qué es lo que no funciona en los rusos? Nuestras mujeres no están satisfechas. Son poco románticos, a menudo son violentos, beben y, además, ahora están totalmente desorientados