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NOS QUEDARÁ GRANDE CUSIANA

Es apenas natural que, como se ha hecho recientemente desde los más altos empleos del Estado, se advierta responsablemente al país que, con el inminente desarrollo productivo de los grandes hallazgos petroleros de Cusiana sobrevendrán a la Nación formidables desafíos y que administrar los gigantescos recursos no se trata propiamente de repartir entre todos súbitas riadas de leche y miel. No. Acostumbrados como estamos la inmensa mayoría de los colombianos a secular pobreza y a construir cada día nuestro futuro a base de laboriosos y perseverantes esfuerzos, no es cosa de que a estos efímeros golpes de suerte le apostemos alegremente, en un solo lance, todo nuestro destino. Nadie espera ni busca eso.

26 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Sin embargo, como invitara a debatirlo el presidente Gaviria al instalar el Congreso, al país sí le asiste el derecho de esperar que, por la vía de un audaz esfuerzo anticipatorio, el gobierno, inspirado en la justicia y la equidad, prevea el empleo pulcro y eficaz de los nuevos recursos en aquellos megaproyectos que le permitan a la Colombia de hoy dar un gran salto adelante en el camino de su desarrollo.

Entre estos se pueden enunciar algunos que permitirían superar el grave dilema implícito en el manejo de las regalías por las regiones productoras o por la Nación a través del Fondo Nacional de Regalías.

Megaproyectos tales como la construcción de una verdadera autopista Bogotá-Villavicencio y, complementariamente, de un verdadero aeropuerto internacional del interior del país en los llanos dadas las conocidas e insuperables limitaciones que por altura y ubicación geográfica tiene Eldorado permitirían desplazar el centro de gravedad económico de la Nación hacia las regiones productoras del crudo y, a la vez, darles salida a los cuellos de botella viales que una y otras han padecido históricamente sobre su actividad productiva permanente. Al mismo tiempo, incorporar resueltamente a la vida económica nacional los grandes espacios orinoquenses donde el suelo reserva para los colombianos tanta o más riqueza que su subsuelo abriría al país horizontes ilimitados para su bienestar y bienandanza.

La brújula del desarrollo colombiano marca al oriente: sería un error histórico inmenso e imperdonable no aprovechar las riquezas del piedemonte llanero, precisamente para abrirle definitivamente al país este vasto y promisorio territorio, dotándolo de la infraestructura física cuya construcción siempre se ha aplazado. Y que en buena hora aflore el debate a que nos invitó el 20 de julio el Presidente, pensando en Colombia, por supuesto, pero también en el Llano.