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QUÉ CUENTAN LAS CIFRAS DE DESEMPLEO

La cifra de desempleo es uno de los indicadores económicos importantes. Esta aparece publicada cuatro veces al año, usualmente en los meses de enero, abril, julio y octubre. La estadística de desempleo se calcula como el número de personas que no están trabajando pero que están buscando empleo y no lo encuentran (desempleados), como porcentaje de la suma total de personas que están trabajando o están buscando empleo (fuerza laboral). Todo esto se establece a partir de las respuestas recogidas por la Encuesta Nacional de Hogares, realizada cada trimestre por el DANE. En Bogotá, por ejemplo, se encuestan unos 4.000 hagares escogidos al azar de fotos aéreas de la ciudad. A la gente se le pregunta si trabaja, en qué, cuántas horas a la semana. Y si no trabaja, entonces se le pregunta si está buscando trabajo. La estadística de desempleo tiene varios problemas que la hacen difícil de interpretar como indicador de lo que pasa con el desempleo o con la calidad y composición del empleo.

25 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Un problema es que el entrevistado queda clasificado como empleado con solo contestar que trabaja por lo menos una hora remunerada a la semana; esto es, una persona que trabaja cuarenta horas por semana cuenta como empleada al igual que una persona que trabaja una hora a la semana. Así, podría suceder que todos los empleados del país pasen a trabajar una hora a la semana y la estadística de desempleo no cambie.

Lo anterior no sería grave si la proporción de personas que trabajan una, cinco, cuarenta, etc. horas a la semana no cambiara con el tiempo. El problema es que, por ejemplo, en una recesión económica la gente de pronto trabaje menos tiempo pero la estadística siga contando al mismo número de empleados. O que en una expansión económica la gente trabaje más tiempo y, sin embargo, no altere la estadística de desempleo. Por lo tanto, no es una medida útil para monitorear la evolución de la sub o sobreutilización de la mano de obra, ni la relación del empleo con la actividad económica.

Otro problema tiene que ver ya no con la intensidad de utilización de la mano de obra sino con la calidad del empleo o, aun, con que el tipo de empleo sea o no socialmente deseable. La estadística de desempleo permanece inalterada si una persona que antes trabajaba empleada en una empresa, con los beneficios del llamado sector formal, declara en la encuesta que ahora vende cigarrillos y limones o que lava vidrios en los semáforos. Así, todos los empleados del país podrían dedicarse a vender cigarrillos y limones o a limpiar vidrios en los semáforos y la estadística de desempleo no cambiaría. Es más, según consulta a funcionarios pertinentes, si alguien llegara a contestar en la encuesta que trabaja de sicario o atracando a gente en las esquinas, quedaría clasificado como empleado.

Por otro lado, la definición de empleado sólo requiere que haya alguna remuneración a la actividad desempeñada; pueden ser cinco mil pesos a la semana o cien mil pesos a la semana, da igual.

Existe otra estadística, menos conocida y publicitada, que también se obtiene a partir de la Escuela de Hogares. Se llama subempleo y mide la proporción de la fuerza laboral que quiere trabajar más horas o que está buscando otro empleo diferente. La estadística de subempleo es complementaria a la de desempleo e indica, en cierta forma, el grado de insatisfacción de la fuerza laboral. En los últimos años, mientras que el desempleo ha permanecido cerca del diez por ciento, el subempleo se ha elevado hacia el catorce por ciento.

Para concluir, podemos decir que un cambio grande en la estadística de desempleo, hacia arriba o hacia abajo, seguramente será significativo y podrá interpretarse como un aumento o disminución en la proporción de personas empleadas. Pero con los cambios pequeños, usuales en las cifras, es poco lo que se puede inferir. En cualquier caso, es importante complementar la cifra del desempleo con la del subempleo.