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EL RÍO RANCHERÍA, AMIGO DEL GUAJIRO

Es apenas un hilo de agua cristalina cuando sale de la laguna Quirigua, en la cima del páramo del mismo nombre, en la Sierra Nevada de Santa Marta. Mientras se desliza entre frailejones y se divierte saltando peñascos, se encuentra con los arroyos, aumentando su caudal hasta convertirse en el río Ranchería. Como todos los ríos de la región, el Ranchería busca salida al mar. Pero no lo hace directamente, prefiere recorrer largos trechos y visitar varios municipios, poblados y rancherías, donde alimenta acueductos, riega sembrados, calma la sed del ganado y termina siendo el mejor amigo de los guajiros, aunque no es dado a la navegación.

23 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Su primer encuentro es con los indígenas Arzarios, en la aldea de Mamarongo; luego se topa con los colonos en Guamaca. Sigue su curso y en el Reposo, Caracolí y Sabanas de Manuela conoce el fenómeno de la guerrilla.

Bordeando el cerro San Luis, oye las historias de viejos sobre la aparición de la Virgen María, hace más de 100 años; conoce la primera de las grandes minas de yeso y otra de mármol que explotan clandestinamente en la península mineros del interior del país.

Por los lados de Fonseca y Distracción riega 15.000 hectáreas de cultivos de arroz y extensos potreros de las fincas de la región.

De Ahí en adelante es víctima de los ribereños que no les importa la suerte de su río, a pesar de ser el principal ingrediente de su economía agrícola y ganadera de la región. Recibe el maltrato de quienes habitan sus márgenes, que sin consideración le envenenan el alma arrojándole excretas y basuras.

La deforestación de bosques de su cuenca acaba con el caudal; desaparecen familias de vegetales y especies animales, oportunidad que el desierto aprovecha para ganarle terreno. La ceiba roja (la madera más valiosa de la zona), la amarilla, la blanca, el guayacán, el caracolí y el púi, por ejemplo, son vegetales difíciles de encontrar ahora a lo largo de su recorrido. De algunas, como la ceiba roja, solo quedan pocos individuos solitarios que lamentan su suerte.

De acuerdo con Departamento de Ingeniería Forestal de la Corporación Autónoma Regional de La Guajira (Corpoguajira), también corren peligro los trupillos, guamachos, algarrobillos y olivos; los aceitunos, cañahuates, tocos, dividivis, carretos y guayacanes de bola (otra de las especies de mayor valor comercial, utilizado para la remodelación de casas antiguas).

Pedro Moscote Moscote, Director Ejecutivo de Corpoguajira, dijo que ahora el peligro aumenta porque barranquilleros, cartageneros, antioqueños y madereros del interior descubrieron que La Guajira también es paraíso de maderas finas. Por eso, el tráfico es permanente, alimentado por la confusión que existe entre la Corporación y el Instituto Nacional de Recursos Renovables y del Medio Ambiente (Inderena) en cuanto a la guarda del bosque.

Aparte de los territorios de San Juan del Cesar, Fonseca, Barrancas, Maicao y Riohacha dice Moscote la lista de aldeas y rancherías bañadas por el río es larga, pero la tala irresponsable pone en peligro el poder de su caudal y la posibilidad de construir la Represa del Ranchería, para habilitar 30.000 hectáreas para la agricultura y generar energía y agua para uso doméstico, proyectos que ya va a cumplir medio siglo de estudios (el último fue hecho hace tres años por una compañía italiana).

Sin embargo, el Ranchería (llamado también Calancala) como amigo fiel y leal, es también la principal despensa de ictofauna continental de la región en 260 kilómetros de recorrido desde la Sierra Nevada hasta su desembocadura en el mar. Se han identificado 52 especies de peces de 24 familias, siendo las principales el bocachico, dorado, bentón, sardina dorada, guabino, bentón rayado, ronquito, mayupa, cachito, barbudo, guacarote, culebra de agua y mojarra vieja.

Los campesinos que habitan las orillas del Ranchería practican la pesca de manera esporádica y forma artesanal, utilizado la atarraya y ordinariamente el producto de la captura es repartido equitativamente entre pescadores para el autoconsumo.

Luego de llevar su mensaje de amor al hombre, de ser confidente a la inocente curiosidad de jóvenes adolescentes y desafiar el desierto guajiro convertido nuevamente en un hilo, se asoma finalmente al mar Caribe. Vencido por el cansancio se duerme en la playa mientras las olas le arrullan.

El Ranchería sólo desemboca en el mar durante tres meses de lluvias en la Guajira, en encuentro turbulento que oscurece las verdes aguas marinas.