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BÁILEME ESE TROMPO EN LA UÑA

Aunque para el resto del mundo sea casi imposible, aquí, en Sogamoso, sí hay gente capaz de... !hacer bailar un trompo en la uña! Así como don Amadeo Vásquez, un anciano de 76 años, que, sin la menor duda, es el competidor de trompo más viejo del mundo.

19 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Hace 70 años que él mismo, con un machete afilado, construyó su primer trompo y, después, con una paciencia infinita, lo pulió poco a poco con un vidrio. Le quedó perfecto.

Y desde entonces, como si todavía fuera un chiquillo, no ha dejado pasar ni un solo día sin lanzarlo de nuevo al aire.

Y jamás ha perdido esa ilusión secreta de hacerlo bailar otra vez. Inclusive, lo hace bailar dócil y manso sobre su sombrero.

Es como si, tal vez sin saberlo siquiera, él hubiera encontrado así una mágica receta para no dejarse derrotar por la nostalgia para siempre.

O como Franciso Sanguino, un hombre nacido en Convención (Norte de Santander), hace 25 años, que no sólo hace bailar el trompo en la uña, sino que lo hace danzar, bajar, subir, correr o frenar sobre la piola en forma insólita, en una cadena de figuras inesperadas, como si a cada instante estuviera inventando nuevos axiomas de la Ley de la gravedad. Por algo ha sido dos veces campeón mundial de trompo.

Y aunque él es vendedor de libros escolares, es con el trompo con lo que se gana la vida: va a la escuela de cualquier pueblo, les hace una fantástica demostración de trompo a los alumnos... y después las maestras asombradas le compran todos los libros que lleve.

O como Rafael Castiblanco, un bogotano de 38 años que hace apenas dos años sucumbió ante el embrujo vertiginoso de ese trozo de madera que gira sin cesar, y ahora no sólo es maestro en hacerlo describir cabriolas increíbles, sino que es fabricante de trompos y jura, con razón, que ese es un arte tan sutil y refinado como arrancarle las más conmovedoras notas a un violín o un piano.

Y, además, él sabe los secretos profundos de las mejores maderas y los más derechos herrones para fabricar el trompo perfecto.

Esta vez, para el campeonato de trompo en Sogamoso, vendió 3.100 de sus joyas de madera.

Pero, como el moro más celoso, guarda su posesión más valiosa: un enorme trompo de 28 centímetros de alto, 19 de diámetro y 6 libras de peso. Y también a ese trompo gigante lo hace bailar en la uña.

Mejor dicho, ninguno de ellos es el trompo de poner .

Pero esa dicha no es sólo para los adultos. También hay chiquillas hermosas y soñadoras capaces de cualquier sortilegio.

Como la bogotanita Angela Sanabria, de 12 años, que no sólo fue la única mujer que compitió, sino que le ganó de lejos a todos sus rivales varones en la modalidad de figuras de la categoría infantil.

Ella hizo con el trompo y la pita poco menos que deslumbrantes castillos en el aire. Nadie fue capaz siquiera de igualarla.

El látigo que silba Lo que sucede es que tras ese juego de apariencia infantil existe en realidad una verdadera cofradía de apasionados artistas del trompo.

Para ellos no existe esa burda distracción de romper a quines el trompo del rival derrotado con un herrón afilado como un puñal asesino, y, mucho menos, el afán de destriparlo bajo una piedra enorme en el llamdo seco alemán .

No. Ellos son de otra estirpe de jugadores de trompo. De los que cultivan día a día el refinado arte de obligarlo a hacer milagros o de simplemente verlos bailar acelerados, como si todo un mundo diminuto y multicolor, un mundo repleto de sueños mágicos, estuviera ahí, bailando feliz en un solo pie.

Y eso es lo mismo que, sin darse cuenta del todo, siente esa multitud que se agolpa absorta a mirarlos.

Pero para otros el asunto es mucho más serio. Como para Leovigildo Prieto, un hombre con cara de notario, que en voz baja le contaba a su mujer que están equivocados los que creen que el trompo es un juego inventado en Colombia.

Por eso, le reveló casi al oído a su mujer lo que él creía que era un gran secreto, que en esa obra magistral de la literatura, que se llama La Eneida, el propio escribió unas líneas inmortales que empiezan así: Al impulso del látigo silbante, la máquina infantil rápida gira... .

Pero Prieto está equivocado. No sabe que aquí casi todo el mundo se sabe esos versos y que además son expertos en rayuelas, en jugar calles y en hacer figuras, que van mucho más allá del simple y elemental pico al aire .

Aquí sí hay gente capaz de hacer bailar un trompo en la uña ... y hasta con el dedo vertical! Hoy coronan a la Reina De un grupo de 15 hermosas mujeres llegadas de diversas regiones de Colombia, se elegirá y coronará hoy, en una velada especial, a la primera Reina Nacional del Sol y del Acero.

Y a pesar de que existe un selecto abanico de favoritas, donde figuran, por ejemplo, las candidatas de Vichada, Amazonas, Risaralda, Bolívar y Bogotá, cualquier veredicto anticipado resulta injusto con la belleza y la simpatía demostrada por todas las aspirantes.

Ayer, las 15 bellas aspirantes al cetro y la corona, así como Adriana Angarita Totaitive, la reina anfitriona, protagonizaron un imponente desfile de carrozas, el espectáculo estelar del certamen, en medio de un multicolor derroche de belleza y colorido.

Entre murgas, globos, comparsas y piropos, las reinas, lujosamente ataviadas, recorrieron las atestadas vías principales de la ciudad, en medio del incesante estallido de la pólvora. En realidad fue un desfile lleno de esplendor.

Minutos antes se había celebrado la Fiesta de la Virgen del Carmen, en una Sogamoso colmada de turistas.

El Desfile de Carrozas es, hasta ahora, el más popular y concurrido de los actos de la fiesta del Sol y del Acero.

Las candidatas concurrieron ayer a la primera corrida de feria y, por la noche, disfrutaron del también multitudinario mano a mano entre La Billo s Caracas Boys y los Melódicos, que se vivió casi con frenesí en el repleto Coliseo Cubierto Alfonso Patiño Roselli.

Los reyes del trompo Angela Sanabria, una bogotanita de sólo 12 años, fue la feliz relevelación.

No solo fue la única damita que compitió en el torneo infantil, sino que ganó en la modalidad de figuras. En la que deben hacer fantasías con el trompo.

En la modalidad de rayuela, que es sacar 5 monedas de un círculo, ganó Gustavo Sanguino (Norte de Sanatnder).

Y en jugar la calle, es decir llevar un rrompo que hay en el suelo en sentido contrario al que lo hace el rival, el ganador fue Fabián Gómez de Sogamoso.

Todos ellos recibieron trofeos, pero en la gran final, cuando se enfrentaron los campeones y subcampeones entre sí, el gran campeón fue Gustavo Sanguino. El premio fue una bicicleta.

En mayores, aficionados, Néstor Macías, de Sogamoso, ganó todo: figuras, rayuela y calle.