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TIEMPOS DE VACAS FLACAS

En el relato bíblico se habla de vacas flacas y vacas gordas, plagas, nostalgia de las cebollas, graneros llenos y vacíos, hogazas para el pan y el maná que un día llovió del cielo. Son metáforas de la abundancia y de la desolación, de los buenos tiempos y de los presagios temibles. Si nos pusiéramos los anteojos del Levítico o del Exodo para ver la televisión nos encontraríamos que en medio de sus 365 líneas pastan unas vacas famélicas, floridas en huesos y con las costillas al aire. Sobre todo los pastizales de las telenovelas están poblados de cornúpetas lánguidas, semejantes a los míseros canes de que hablara Valencia en sus versos pulidos o aún mejor, de la perrilla, esa paria entre los parias que se imaginó Marroquín en su éxtasis líricos mientras nos arrebataban el Canal de Panamá.

18 de julio 1993 , 12:00 a.m.

En síntesis: se viven tiempos de vacas flacas, flaquísimas, en la producción nacional de telenovelas.

En la mañana, Lucerito ya casi le quita el récord a Rocky V, La Mosca VI y Jamás rendirse, retroceder nunca X. Como si tuviera la posibilidad de autorreproducirse la telenovela de Jorge Barón ha cambiado de elenco varias veces, aunque su historia sigue dando vueltas como un carrusel sobre lo mismo. Se notan a la perfección las manos o los pies? de ese genio del melodrama que es la señora Fiallo.

Por la noche, el panorama no es menos desolador. La Potra Zaina , un tema acorde con la metáfora de las vacas se ha enredado innecesariamente en la pelea diaria entre Daniel Clemente y su neurótica esposa Soledad. Pasan capítulos y capítulos sin que siquiera se asome otra línea dramatúrgica que salve a los televidentes de la poción nocturna de floreros rotos, lágrimas de cocodrilo ( perdón: de potra!), disparos al pecho y otros melindres. Los libretos de Romero Pereiro están bastante lejos de trabajos suyos excelentes como Caballo Viejo .

Los únicos rastros de épocas gloriosas las mejores sin duda del melodrama nacional se concretan en el personaje de Chepe Estrada magníficamente interpretado por Alvaro Ruiz.

Dulce Ave Negra sucumbió a su propia pava con una historia que comprueba que nada está escrito en relación con los gustos de la audiencia, y que actores o libretistas de éxito no garantizan el voluble beneplácito de los televidentes.

Pasiones Secretas no es sólo un homenaje a las vacas carnisecas sino también a los bultos de anzuelos. La trama se ha ido enredando innecesariamente, saboteando de paso la poca lógica que tienen los culebrones. Los personajes son reiterativos y lo peor, mal interpretados por un elenco de donde no se salva una actriz de tanta trayectoria como Vicky Hernández. Asemejándose a su enfrentado, han lanzado modelos a las que basta oírles un parlamento para desearles su pronto regreso a las pasarelas de donde nunca debían haber salido y están empeñados en crear divas que como los volcanes de Navidad tan pronto fulguran como se acaban.

La Maldición del Paraíso no necesitó extraviarse en las aguas de Jamaica. Prácticamente desde su primer capítulo, cuando empató con el insulso final de un obispo convertido y una novia llorosa que se transformaría en potra llorosa, el argumento había patinado sin convencer, lleno de historias que nunca se concretaron. Todo quedó en una especie de drama freudiano donde el enamorado de la mamá como cualquier Yocasta criolla, es también el amante de la hija, de la sobrina, de la prima y hasta de la script si se descuidan.

Atrás quedaron los mejores tiempos de la telenovela nacional cuando se empezó a forjar una identidad del melodrama propia, sin copiar los modelos cada vez más fofos y vacíos de los dramones mexicanos y venezolanos. Cuando programadoras como Caracol o RTI se arriesgaron a buscar lenguajes nuevos, narrativas diferentes que inclusive tuvieron un éxito monumental de audiencia que nunca han vuelto a saborear las telenovelas, con la excepción quizá de En cuerpo ajeno .

Ahora hay que recoger a las pobres vacas flacas, llevarlas a los corrales, maltrechas y desmirriadas y sentarse a contemplar con tristeza el deprimente espectáculo de sus huesos.