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180 MINUTOS TRAS CUATRO LADRONES DE AUTOMÓVILES

Una persecución de película se vivió ayer en las calles de Bogotá cuando unos veinte taxistas de la empresa Taxis Libres localizaron un automóvil que cuatro individuos habían robado en una residencia del norte. Los delincuentes lograron huir, gracias a la confusión creada por una granada de mano, que accionaron cuando se sintieron atrapados.

16 de julio 1993 , 12:00 a.m.

La historia comenzó a las ocho de la mañana, cuando el comerciante Jairo Alarcón llegó a su casa ubicada en la calle 49 # 14-62 del barrio Chapinero.

Allí encontró a varias personas que se identificaron como agentes del F2 y argumentaron que estaban realizando un allanamiento y le preguntaron si estaba armado. Alarcón procedió a entregarles un revólver.

Los individuos lo encañonaron con metralletas mini Uzzi, y Alarcón se dio cuenta de que su esposa y su suegro se encontraban amordazados.

Le obligaron a abrir la caja fuerte, en donde se hallaban más de quince millones de pesos en joyas.

Luego fue colocado con sus dos parientes. Hacia las 9 de la mañana, los delincuentes huyeron con el botín y en el automóvil Mazda 929 de propiedad de Alarcón.

La familia Alarcón logró desatarse y salir a la calle. Pusieron en alerta a algunos vecinos y uno de ellos llamó a la empresa Taxis Libres. De inmediato, el carro fue localizado en la avenida 30 con calle ochenta, por un taxista que pidió no ser identificado, y quien, aunque se encontraba prestando un servicio, se dedicó a perseguirlos.

En aquel momento sólo eran dos los delincuentes, pues según versiones de los vecinos los otros dos huyeron en un Mazda blanco.

Más taxis llegaron en apoyo. La caravana siguió hacia la Autopista del Norte.

Interceptados Según versiones de los taxistas que los seguían, ellos procedían con mucha tranquilidad y cautela, pero hacia las 10 y media, cerca al puente de la 134, se encontraron con varios policías bachilleres y los delincuentes dieron muestras de preocupación.

Parece que ellos creyeron que era un retén dijo a EL TIEMPO otro taxista. Fue allí en donde viraron hacia el barrio Sprint y se dieron cuenta de que eran perseguidos; siguieron hasta el barrio Prado-Pinzón.

Para despistar a los taxistas, dieron cuatro vueltas a una misma manzana y desaparecieron. Sin embargo, el sector ya se encontraba copado de taxis de la misma empresa, que observaron cuando los individuos abandonaban el vehículo.

Algunos testigos vieron descender a dos personas de algo más de treinta años, bien vestidas; una de ellas con corbata y la otra con una barba incipiente, que corrieron a través de un potrero. Al otro lado tomaron un Renault 6, de color naranja. Un nuevo taxista hizo su aparición y continuó la persecución. Los fugitivos fueron interceptados por tres motos de la policía que habían sido alertados por la central de apoyo.

Al ver la llegada de la fuerza pública, los bandidos abrieron fuego, el cual fue respondido por los policías, que acertaron cuatro impactos en el auto.

La persecución se prolongó hasta la 134 en donde los bandidos detonaron una granada de fragmentación, que según fuentes policiales se puede tratar de la comúnmente conocida como piña o prb 26.

El impacto de la explosión no produjo heridos, pero la confusión creada sirvió para que nuevamente dejaran abandonado el carro dos cuadras más adelante, para partir esta vez con rumbo desconocido. Parece que tomaron un bus urbano.

La rápida acción de los taxistas impidió que fueran hurtados dos autos, uno valorado en 41 millones de pesos y el otro en 3 millones; pero no así tres armas, que Alarcón tenía en su casa, otras cosas de menor valor y las joyas.

Según fuentes policiales, en los vehículos fueron encontrados rastros y huellas que pueden llevar a su captura.