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INDURAIN ENTERRÓ AYER A SUS RIVALES

El ciclista español Miguel Indurain voló sobre los Alpes, en la décima etapa del Tour de Francia, y afirmó sus garras sobre la carrera mientras en las cercanías solo rondaba otro águila, el colombiano Alvaro Mejía. A 2.645 metros de altura y sobre el terrible monte Galibier, el veredicto fue irrefutable. El navarro, luciendo siempre la casaca amarilla de líder y apenas mostrando el esfuerzo realizado, cruzó al meta pegado a las ruedas del suizo Tony Rominger y de Mejía.

15 de julio 1993 , 12:00 a.m.

La verdad estaba en los cronómetros, que marcaron una ventaja para Indurain de siete minutos respecto de Gianni Bugno y de casi 14 ante Claudio Chiappucci, y prácticamente el fin de las ambiciones italianas.

De Villard-de-Lans a Serre-Chevalier, de la meseta de Vercors a la estación de Hautes-Alpes, el Tour representó una etapa vivida como le gusta al español. Después de una veloz travesía del llano, quedó a la espera de las sorpresas. La respuesta llegó 203 kilómetros más adelante, con sus adversarios caídos en el campo del honor de la cima del Télégraphe y, sobre todo, del Galibier, que confirmó así su leyenda negra.

Incontenible, Indurain destruyó a sus rivales y aumentó su ventaja en la clasificación general para poner tres minutos ante Alvaro Mejía, cuatro sobre el sólido polaco Zenon Jaskula y cinco frente al holandés Erik Breukink.

A menos que surja un acto heroico de Mejía, este sorprendente corredor colombiano que promete atacar al español, o de una completa transformación de Breukink, con una actuación muy honorable pero esta vez distanciado en algo más de tres minutos en la línea de llegada, el primer adversario de Indurain se llama Indurain.

Rominger, el único capaz de alcanzar su nivel pero separado de él por seis minutos en la clasificación general, asegura de todas formas que nadie es imbatible .

Por otra parte, fue Rominger quien provocó la selección de los punteros. Tres veces el suizo aceleró y tres veces el navarro lo siguió. Su primera escapada, en las subidas iniciales del Télégraphe, que precede al Galibier, sembró el pánico en las filas del primer pelotón, ya sobre el límite de la ruptura.

En la cima (kilómetro 154), antes del corto descenso hacia Valloire, los sobrevivientes de una escapada matinal de 19 corredores fueron alcanzados. Fue el fin de las esperanzas del francés Thierry Claveyrolat, del mexicano Raúl Alcalá y del ucraniano Vladimir Poulnikov, principales protagonistas de ese grupo que había llegado a conseguir una ventaja de cuatro minutos en la cima de Glandon.

Sobre el camino que conduce al majestuoso Plan Lachat y a 17 kilómetros de la cima, un ataque de Jaskula, una increíble máquina de pedalear, precipitó la suerte de Breukink y del irlandés Stephen Roche. Solo sobrevivirían Rominger e Indurain, acompañados primero por Andrew Hampsten y luego por Mejía.

A nueve kilómetros de la cima, Bugno estaba retrasado tres minutos. Cuatro kilómetros más adelante la diferencia se estiraría en 1.25 minutos, a pesar de la ayuda del francés Laurent Fignon, un valioso compañero de equipo para el campeón del mundo. Al cruzar la banderola, plantada sobre nieve fresca, la diferencia era de seis minutos y medio. Inexplicable , sería la lacónica descripción de Bugno luego de la llegada.

Hampsten y Jaskula, superados en el último kilómetro, no volverían a ver a sus compañeros. El rápido descenso de Indurain, con la complicidad de Rominger, puso una barrera infranqueable a sus esperanzas de volver. El sprint no fue más que una formalidad para el corredor suizo, que salió a la cabeza en el último viraje y superó sin problemas a Mejía, distanciado por un largo.

A los 32 años, Rominger ganaba por primera vez una etapa del Tour de Francia.

Cruzada ya la línea de meta, Mejía admitió que no fue muy fácil seguir la cadencia impuesta por estos dos grandes campeones. Y el simple hecho de que la llegada se defina luego de un largo descenso no me permitió atacar. Pero estoy verdaderamente en excelentes condiciones y espero rendir más. Aunque son pocos los que me creen capaz, intentaré mi chance mañana o a más tardar en los Pirineos , se entusiasmó el colombiano.