Archivo

CADA MINUTO PERDÍAMOS MIL PIES DE ALTURA...

Recuerdo que mi general Adrada le dijo antes de iniciar el vuelo al copiloto, que es pastuso, bueno, pastuso, ojalá sepás volar bien esto, porque... Después de eso nos montamos al avión como a las 11:20. Todo fue normal. Cuando íbamos a despegar, el capitán le informó a mi general Norberto Adrada que había que esperar cinco minutos porque había congestión.

14 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Era un avión pequeño. Mi general Jorge Enrique Mora se puso a leer la prensa y yo por el lado la leía. Mi general Adrada sí estaba como pensativo y todo el mundo esperaba callado.

Arrancamos y todo iba bien. El avión empezó a coger altura. A mí lo que sí me pareció raro fue que el avión cogió como muchos vacíos, muchos saltos, pero bueno, todo normal. En ese transcurso, yo le dije a mi general esta vez sí vamos bien . Es que hace quince días tuvimos un susto feo porque viajamos a Villavicencio juntos y estaba haciendo un tiempo malísimo. Tanto que el avión llegó allá y yo pensé que nos íbamos a devolver porque no había por dónde aterrizar. Pero al final el capitán le buscó el ladito y aterrizamos bien.

Por eso el lunes, cuando íbamos en el Cessna, le dije mi general, esta vez sí hay buen tiempo , y él me dijo sí, hay como buen tiempo .

El avión siguió cogiendo altura porque a ellos les ordenaron volar a 11 mil pies. Entonces se metió entre las nubes y hubo un sonido como cuando se apaga un carro; yo miré por la ventana. Claro! El motor del lado izquierdo se apagó...

Inmediatamente todos nos miramos. No había visibilidad. Todos nos miramos, como quien dice huy jueldiablo, esto está fregado .

Caras de angustia Todos estaban muy serenos. Los generales y el coronel estaban muy tranquilos. El piloto y el copiloto empezaron a mover instrumentos. Nosotros veíamos todo. Decían: estamos perdiendo altura . Unos minutos después, ya todos empezamos a poner cara de angustia, de desespero...

Dentro de las nubes estuvimos cinco minutos. Cada minuto nos dijo el piloto perdíamos 1.000 pies de altura. Entonces empezó a sonar el pito de emergencia. El piloto le dijo a la torre: ayúdenme, no tengo visibilidad en este momento .

Ahí pensé que no había nada que hacer. Dije hasta aquí llegamos , porque era una situación muy difícil. Todos seguían muy callados, con pánico, pero nadie decía nada. Pensé en mi señora, en mis hijos, en mi mamá y me dije... todo lo que dejamos atrás...

Mi general Adrada dijo dónde estamos y volvió a preguntar y, obvio, nadie le respondía, porque nadie sabía. En ese momento, cuando ya habíamos aceptado cualquier cosa, la torre de control le dio indicaciones al piloto, y con eso pudimos salir de la nube y vimos el valle.

Entre las nubes estuvimos como cinco minutos. Eso fue largo. Sufrimos mucho ahí. Fue lo más difícil. Cuando salimos al claro nos volvió el alma al cuerpo. Todos nos miramos y nos alegramos.

El piloto ya ahí sí nos dijo, tranquilos todos que ya tengo visibilidad, ya estamos salvados .

Fue cuando encontramos el sitio y todos dijimos al potrero! El piloto nos dijo bueno, vamos a hacer un aterrizaje, amárrense los cinturones. Pendientes, vamos a hacer un barrigazo y hay que salir rápido porque el avión puede explotar .

Salí disparado Hicimos un viraje, cuando el copiloto gritó: los cables y pasamos por encimita de los cables de la luz, rozando. En ese momento volvimos a respirar.

El piloto nos dijo: listos, vamos para el potrero; vamos bien . Y todo el mundo callado. Entonces fue cuando el avión entró al potrero y se dio contra un terraplén que había. El golpe fue durísimo. Sentimos como si se nos hubiera acabado el mundo. En el segundo golpe, el avión se clavó... Fue cuando salí disparado.

La correa se soltó y fui a parar a la cabina, junto al copiloto. Cuando el avión se quedó quieto, abrí la puerta y me tiré de cabeza. Yo fui el primero que salí porque era el más asustado. Me paré y saqué a mi general Adrada de primero, lo cogí del cuello. Luego ayudé a salir a mi general Mora y al sargento.

Todos salieron menos el piloto, que estaba fracturado. A él lo sacamos. Era el más golpeado. Yo me pegué duro también.

A los pocos minutos estábamos ahí y llegaron unos campesinos que le prestaron el tractor al sargento para ir a Guasca a avisar. Mientras tanto me acordé de una camarita que tenía adentro del avión y les tomé fotos a todos, junto al avión.

Mientras estábamos ahí, pasó un helicóptero de la Policía que nos estaba buscando entre las montañas. Seguro pensaban que nos habíamos matado. También llegó un helicóptero pequeño particular y yo me fui ahí. Después, todos nos encontramos en el Hospital Militar y hasta chistes nos hacíamos... Mi general Adrada preguntó: Bueno, quién va a pagar el parabrisas...? .