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LECCIONES DE UNA CRISIS

Con la expedición el viernes en la noche por parte de la Casa de Nariño de dos comunicados y el anuncio de la visita, el jueves próximo, del presidente Alvaro Uribe a su colega Hugo Chávez, en Caracas, el grave choque entre Colombia y Venezuela a raíz del llamado incidente Granda , queda saldado. Ojalá ambos gobiernos, hacia el futuro, aprendan de las importantes lecciones que arroja.

30 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Con la expedición el viernes en la noche por parte de la Casa de Nariño de dos comunicados y el anuncio de la visita, el jueves próximo, del presidente Alvaro Uribe a su colega Hugo Chávez, en Caracas, el grave choque entre Colombia y Venezuela a raíz del llamado incidente Granda , queda saldado. Ojalá ambos gobiernos, hacia el futuro, aprendan de las importantes lecciones que arroja.

Aunque hasta el cierre de esta edición el gobierno venezolano no había emitido aún un comunicado oficial, el canciller Alí Rodríguez fue claro en calificar como muy positiva la iniciativa colombiana, anunciando una respuesta de su país en la misma tónica . Quedan, así, superadas varias semanas de alta tensión que tuvieron las relaciones con el hermano país al borde de la ruptura.

Noticia más que bienvenida. A nadie, en ambos lados de la frontera, le conviene una pelea con Venezuela; y aun menos a nuestro país. Cabe ahora esperar que la situación en la frontera visitada este fin de semana por el presidente Uribe y el acceso de personas y mercancías colombianas a Venezuela se normalicen.

Es de resaltar la cuidadosa formulación del comunicado colombiano, previamente acordado con el gobierno de Chávez. Si bien Bogotá no ofrece disculpas, afirma su mayor disposición a revisar los hechos que son de conocimiento público (la captura/secuestro de Granda) a fin de que si resultan inconvenientes ante el examen de la República Bolivariana de Venezuela, no se repitan . Formulación que, por lo visto, satisfizo a Miraflores. A la vez, se puntualiza la necesidad de adelantar, bajo los principios y normas de la colaboración judicial y policial, una estrategia binacional contra el terrorismo, el narcotráfico, el contrabando, el secuestro y otros delitos . Punto clave para el Gobierno colombiano. Y, seguramente, materia central de las reflexiones que el presidente Uribe anunció que va a hacer a Chávez en su reunión.

Aunque habrá que esperar lo que salga de ese tty cómo evolucionen las cosas en el futuro inmediato, parece claro que esta crisis se salda con un elemento favorable al Gobierno colombiano: la libertad de movimientos de las Farc en Venezuela y las posibilidades de adelantar públicamente su diplomacia se verán drásticamente reducidas. Chávez, que venía insistiendo con éxito en la ausencia de todo vínculo con esta guerrilla, está ahora en la necesidad de ratificarlo a una vigilancia internacional renovada.

No deja de ser paradójico, por otra parte, que, en medio de la alianza privilegiada entre los presidentes Bush y Uribe marcada, entre otros, por un anticomunismo cerril , haya sido precisamente la mediación personal de Fidel Castro la que desempantanó las cosas. Pese a la estigmatización y al bloqueo de su isla, el viejo zorro demostró que puede jugar un papel clave en momentos críticos en la región. Su intervención responde, a todas luces, al interés de evitar una ruptura entre Colombia y Venezuela, que pondría su estrecha alianza con Chávez aún más en la mira de Estados Unidos.

Ambos presidentes deben sacar lecciones. Para Chávez y su Movimiento Bolivariano, este es un campanazo sobre los riesgos de permitir, al nivel que sea, cualquier tipo de relación con la guerrilla colombiana. El presidente Uribe debería reflexionar sobre la necesidad de moderar cierta tendencia a saltarse los canales regulares en aras de su objetivo de combatir a la guerrilla. Finalmente, a los dos mandatarios lo sucedido debe mostrarles la importancia de la diplomacia y los peligros de usar la plaza pública, declaraciones altisonantes o voceros indebidos para manejar las relaciones.

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En lo que respecta a Colombia, esta crisis e incidentes como la congelación de los buenos oficios de Naciones Unidas para una salida negociada al conflicto armado muestran una incipiente pero preocupante tendencia que arriesga conducir al país, a título de su alianza privilegiada con Estados Unidos, a una situación de aislamiento frente a otros actores de la comunidad mundial y, en particular, frente a un vecindario y una región en donde soplan vientos de izquierda.

Se percibe en el presidente Uribe un cierto fundamentalismo ideológico para enfrentar el problema de la guerrilla. La obsesión por negar que en el país existe un conflicto armado, la negativa a aceptar que se hable de crisis humanitaria y un excesivo pragmatismo frente a la negociación con los paramilitares, pueden traducirse en un discurso de muy difícil presentación ante la comunidad internacional.

Aunque la ONU tenía cada vez menos espacio para desarrollar sus buenos oficios y el propio James LeMoyne se había convertido en una figura conflictiva y polémica, lo cierto es que este otro incidente pone de presente diferencias profundas entre las visiones del Gobierno Uribe y las de buena parte de la comunidad internacional la ONU incluida sobre lo que pasa en Colombia. Más allá de la dosis de responsabilidad que corresponda en lo sucedido a la ONU, al Gobierno colombiano y al propio LeMoyne, el perfil de la misión de ese organismo en el país bajará notoriamente, lo cual es de lamentar.

Por su parte, el caso de Venezuela sacó a flote grandes falencias. No por la firme postura del presidente Uribe frente a la tolerancia de Chávez con las Farc. Sino porque se hicieron planteamientos equivocados, en momentos inoportunos y a través de voceros incorrectos. Este diferendo creció más de la cuenta por falta de acción de la Cancillería y de la Embajada en Caracas. Ello sin contar con que los Estados Unidos tienen su propia agenda, no siempre coincidente o benéfica para Colombia.

Quizá la principal lección que dejan esta crisis, por fortuna bien saldada, y la congelación de los buenos oficios de la ONU, es que la dimensión internacional no se puede minimizar ni descuidar. En la difícil situación que afronta Colombia, mal podemos cerrarnos puertas, autoaislarnos, no aprovechar todos los canales diplomáticos y contactos exteriores que fortalezcan la posición del país y no actuar siempre con un ojo puesto en la importancia decisiva de las relaciones con los vecinos. Razón de más para buscarle complementos y matices a la estratégica alianza con Washington. En plena globalización, el aislamiento no es una opción. Sino un suicidio.

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