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EL CALLEJÓN DE LOS PARIENTES

Si la odontóloga Ilda Camacho necesita una pastilla de chocolate, o quiere almorzar sin previo aviso en alguna de las casas cercanas, o se le hizo tarde para ir al trabajo porque olvidó cerrar el portón, apagar el televisor, cerrar la llave de la ducha o darle al menor de sus dos hijos la compota, no hay problema... cualquiera de sus vecinos lo hará!... Tampoco tendrá dificultades, a pesar de su prisa habitual por la que siempre algo se le olvida. Si a su regreso no pudo dormir en su casa por cualquier imprevisto, para dormir hay uno, cinco, once, o diecisiete apartamentos disponibles a cualquier hora, todo el año!

12 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Y si a su regreso en casa encuentra a cualquiera de la cuadra en un tenaz esfuerzo por arreglar la nevera que durante tres meses ha fallado, a pesar de no haber sido consultada para ello, no se sorprenderá. Es habitual esta clase de atenciones.

Es normal que sus amistades de esa calle entren sin avisarle y se encarguen de más de un detallito de estos.

Tanto Ilda como el resto de las veintiséis personas de la calle 20 número 120-25, de La Laguna en Fontibón, jamás se preocupan si a alguno de ellos les ocurre lo de Ilda, porque alguien del vecindario sin indiferencia acudirá en su auxilio siempre.

Ella puede ir al Interior 7, donde Adela, para ver su programa preferido en otro televisor mientras sus hijos lo hacen en casa, o también si de lo que se trata es cambiar de menú, no se quedará sin almorzar porque en la cocina del Interior 3, como en las demás casas, está disponible un plato para ella y quien así lo prefiera en esa cuadra. Igual ocurre en el Interior 5, donde Aura, Alirio o Libia...

Allí, nunca las araucarias, begonias, mirtos y helechos están sin regar, así sus dueños se ausenten por largos períodos y dejen sus casas y ventanas abiertas.

En el Interior 1, vive Emma Rozo, abuela con 29 nietos y 11 hijos. El Interior 2, en arriendo. El 3, habitado por Inés Camacho de Camacho, quién se casó con un primo. En el 4 viven los Ortiz Camacho, en el 5, 6 y 7, Aura, Adela, Alirio, Ilda y Libia.

Entre las ventajas por compartir la presencia cercana de la mayoría de la familia está la de que así es más fácil recibir la ayuda mutua de los vecinos en forma inmediata porque todos estamos pendientes , dice la profesora Yolanda Camacho.

Dice ella que la idea de unir a su familia fue de su padre, Moisés Camacho Rozo, ya fallecido, constructor que quiso darle en vida a cada uno de sus once hijos como regalo para nuestro futuro un terreno para que nosotros construyéramos una casita .

El tuvo la formidable idea de repartir su terreno con planos propios en partes iguales para sus hijos. A dos hijas que vivían en Villavicencio y Armenia también les dio para ampliar y comprar vivienda.

Hoy, nueve hermanos viven con sus familias en casas seguidas, del Interior 1 al 7. Cada interior es una vivienda de tres pisos con capacidad para tres apartamentos en promedio. En total, hay diecisiete apartamentos.

Primeros amores Moisés Camacho conoció a Emma Rozo, por entonces una agraciada muchacha de 17 años, con la cual se casó en San Francisco, un pueblo de Cundinamarca cercano a La Vega, a hora y cuarto de Bogotá.

En esos tiempos, el noviazgo de Moisés y Emma, de la mirada no pasaba. No tenían ningún acercamiento. El vino a cogerme la mano el día del matrimonio, es decir, cuando ya estábamos casados , recuerda la abuela.

De esa unión nacieron once hijos, nueve mujeres y dos hombres.

Gloria Camacho, la hija mayor, tiene 52 años, y Libia, la menor, 28.

La mayoría, además de disfrutar de las bondades de su unidad familiar, cuando no están al lado de sus vecinos, en época de vacaciones, como ahora, se van todos a su natal San Francisco, a pasar unos días de descanso... También en familia.

De las nueve mujeres, cuatro son profesoras de primaria y bachillerato, con lo cual la totalidad de sus hijos y sobrinos tiene una ventaja adicional de recibir en casa, además de las instrucciones en las aulas de clase, las enseñanzas de sus mamás y tías educadoras.

Diez de los once hermanos Camacho Rozo se han casado, pero Adela, vivaz y entusiasta señora con vocación de líder y reconocida como vocera de todos, aún se mantiene soltera.

Estos once hermanos han tenido 23 hijos, y a su vez, uno ya le dio un biznieto a la abuela Emma.

Emma no olvida que Moisés quería tener muchos varones, pero nacieron Gloria la mayor, Inés, Adela, Laura, Doris y Yolanda. Su primer varón fue el séptimo: Oscar.

Ese día Moisés, que ocasionalmente se tomaba sus amargas , se emborrachó. Después siguieron otras mujeres, luego vino Alirio.

En esta época de hogares no tan numerosos, en el Conjunto Residencial Villemita, bautizado en honor de la abuela, hay una cantidad de celebraciones y fiestas en familia todo el año.

Así se vive en Villemita. Allí, donde las puertas permanecen abiertas...