Archivo

LA DEMOCRACIA

A menudo se piensa, y esto es frecuente aún entre los mismos educadores, que la democracia no es otra cosa, en esencia, que una forma de gobierno, otro tipo de Estado, lo mismo que lo fuera la antigua monarquía feudal o que lo han sido, paralelamente con el sistema democrático, muchos regímenes que se autodenominan socialistas como el fascismo y el estalinismo. Y se argumenta de esta manera diciendo que, lo mismo en la democracia que en cualquiera de estos sistemas, hay crimen y hay corrupción, porque en el fondo todos son iguales. Porque en todos hay miseria. En todos, incluida la democracia, ocurre que los menos, la minoría, hacen el programa y por lo tanto tienen las prebendas, mientras los más, la mayoría, solo cargan el ladrillo.

13 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Sin embargo, cuando una persona razona de esta manera está olvidando algo muy importante, olvida la historia. Olvida que en toda la historia, sobre todo la de la Edad Moderna, desde Colón hasta hoy, la democracia ha sido el puerto a donde llegan los náufragos de todos los otros sistemas sociales. Siempre, cuando el barco se hunde han encontrado allí tierra los sobrevivientes.

Primero, hace siglos, llegaban a ese puerto los náufragos de las antiguas monarquías feudales podridas. Hace 50 años, cuando se hundía el fascismo, en medio de la ruina y la catástrofe a que llevó a la humanidad, fue allí, a la democracia donde llegaron los náugragos. Ahora siguen llegando allí millones de náufragos de los regímenes estalinistas hundidos, o bien de las dictaduras de la seguridad nacional .

Ciertamente el puerto está congestionado por razón de que le llega mucha gente. Hay allí, en la democracia, demasiada violencia y rapiña. Pero solo un náufrago sabe lo que es llegar a tierra.

Y ahora preguntémonos: Por qué mientras los otros sistemas sociales se hunden para siempre, la democracia desaparece en un país para reaparecer en el mismo o en otro y constantemente revive y se amplía en el mundo? Vamos a tratar de explicárnoslo.

Sucede que el hombre es humano y no solo animal, no tanto por el hecho de que piensa lo que hace sino porque piensa que está pensando. Porque a veces se burla de su pensamiento, se burla de cómo su pensar se hace obra. Porque critica todo esto, porque lo condena o lo celebra o se alegra con ello.

Y es eso precisamente lo que caracteriza a la democracia como sistema social. Esa calidad humana, con la única diferencia de que lo que sucede en la democracia ya no está referido solo al individuo sino que se refiere a todos, al conjunto, a la sociedad.

La democracia es entonces ese gobierno que piensa o programa lo que hace, como cualquier gobierno de los hombres, pero que a la vez piensa que está pensando, o sea que se critica a sí misma, que se burla de sí misma y de su actuar, que condena o celebra lo que hace.

La democracia es la política humanizada o hecha a lo humano.

Como cualquier otro sistema, la democracia lleva consigo las miserias del hombre, incluso aquello de que el hombre sea la única especie animal que se ataca a sí misma quizás pagando la culpa de su éxito al dominar las otras especies. Pero la democracia tiene un atributo: La crítica a sí misma, que la autoriza para criticar todo otro sistema.

Por eso ha sido siempre el puerto seguro para todos los náufragos de la historia.

Por eso, si existe alguna opción de justicia social en la naturaleza humana, no puede estar sino en la democracia.