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EL REGRESO AL COLEGIO: OTRA VEZ DE MADRUGÓN, LONCHERA Y UNIFORMES

Otra vez a madrugar. Esa es apenas una de las obligaciones que hacen parte de la larga lista de oficios que se suman a las familias colombianas tras el regreso de los niños al colegio.

31 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Otra vez a madrugar. Esa es apenas una de las obligaciones que hacen parte de la larga lista de oficios que se suman a las familias colombianas tras el regreso de los niños al colegio.

Alistar uniformes el día anterior, preparar la lonchera, cumplir el horario de la ruta, recibir a los niños al regreso del colegio, orientar las tareas y empacar la maleta de los útiles para todos los días, son las responsabilidades que por estos días reasumen los padres de familia después de un período de dos meses vacaciones para los estudiantes de calendario A.

Es más, en estos asuntos no hay diferencia de estratos ni privilegios. Madrugan los hijos de los ricos, la clase media y los niños de bajos recursos, pues en los colegios el horario es uno solo al igual que las responsabilidades de los padres y los hijos.

Retomar la rutina y acostumbrarse a ella no es tarea fácil. Por eso, en estos días, los hogares colombianos que tienen niños de colegio están viviendo el ajetreo del regreso a clases. Y pasa de todo.

Padres despistados que por no madrugar hacen que sus hijos se queden de la ruta; mandan a los niños al colegio sin el uniforme o lo obligan a usar el del año pasado a pesar de que las mangas de la camisa y el pantalón les queden cortas; no les compran los cuadernos, los libros y los útiles señalados en las listas; se les olvida empacarle lonchera; no coordinan los horarios de las rutas; no saben a qué horas es la entrada y la salida del colegio; no definen cómo van a hacer para el almuerzo del niño; tampoco tienen claro quién va a recibirlo en la casa y mucho menos averiguan qué días de la semana hay que vestir los niños con el uniforme de educación física.

Eso sin hacer cuentas de los casos caóticos en los que los padres se sobreactúan y madrugan más de la cuenta, les ponen aditivos a los uniformes y son rechazados por el colegio, preparan loncheras exageradas, les dan dinero diario como para pasar un mes, les empacan almuerzo, les hacen llevar a los niños todos los libros y los cuadernos por si acaso los necesitan, los llevan al colegio por su propia cuenta a pesar de haber pagado ruta y como si fuera lloran en la puerta del colegio mientras sus hijos se pierden sonrientes y brincones, entre el tumulto y el murmullo generado por sus compañeritos.

A la salida del colegio, los padres sobreactuados repiten la historia. Llegan una hora antes, miran el reloj desesperadamente y reniegan porque siendo el primer día de clase no dejaron salir a los niños más temprano. Y como siempre sucede, cuando el padre o la madre están más ansiosos por saludar a su hijo, éste sale entre los últimos. Es más, les tiene un par de anécdotas:.

Duró una hora para encontrar el salón y por lo tanto no tiene ni idea cómo se llama el profesor(a), el huevo tibio que le echaron de lonchera se le reventó y el jugo iba mal cerrado y se regó. En otras palabras, no comió nada de lo que le empacaron y tampoco almorzó porque en el restaurante del colegio le sirvieron una sopa caliente y una ensalada con carne que a él no le gusta y que no se identifica con su acostumbrado menú de vacaciones, es decir, hamburguesa, pizza o perro caliente, combinados con gaseosa.

Pero el niño les tiene otras noticias. Botó el saco o la chaqueta del uniforme, rompió el pantalón en la rodilla y los codos porque les dieron la mañana libre para jugar como proceso de readaptación al colegio.

Y es que las sorpresas de los primeros días de colegio son variadas y de diversos calibres.

Niños que no quieren volver porque sus compañeritos se burlan del uniforme que le queda grande o pequeño, los cuadernos tienen figuras que no se identifican con los gustos del promedio del grupo y su lonchera está llena de frutas, ensaladas y un pernil de pollo combinado con avena y hasta colada de plátano qua hace reír a sus vecinos de pupitre.

Otros que no quieren madrugar, unos que rechazan el peluqueado y el peinado que les hicieron sus padres durante las vacaciones y algunos que prefieren los zapatos o los tenis del año pasado porque los nuevos se convirtieron en la burla del salón de clases.

-El drama de la ruta:.

En la ruta, la primera lucha de los niños es por ocupar el puesto de la ventanilla, en tanto que los padres le piden al conductor que recoja de último a su hijo(a) y por la tarde lo deje de primero(a) en la casa.

Las coordinadoras de transporte aún no conocen a los niños y por tanto tienen que esperar pacientemente en el vehículo hasta cuando éstos aparezcan. En las mañanas, el conductor y el coordinador de ruta viven la angustia de esperar a los niños en las porterías de los edificios, en tanto que más adelante son víctimas del afán de los padres que llevan varios minutos esperando y que están urgidos de alistarse para ir a sus respectivos trabajos.

Mientras niños, padres de familia, conductores y coordinadores retoman la rutina, los colegios se ven obligados a flexibilizar los horarios de entrada para quienes utilizan las diferentes rutas de transporte.

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