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MILAGRO EN COLEGIO DE PASUNCHA

Casi se quedan por fuera de las pruebas del Icfes, a pesar de que llamaban a diario a la cabecera municipal de Pacho (Cundinamarca) para preguntar si ya les habían hecho el favor de inscribirlos por Internet en los exámenes del Estado.

03 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Casi se quedan por fuera de las pruebas del Icfes, a pesar de que llamaban a diario a la cabecera municipal de Pacho (Cundinamarca) para preguntar si ya les habían hecho el favor de inscribirlos por Internet en los exámenes del Estado.

Finalmente, los 15 alumnos del colegio Santa Inés, de la inspección de Pasuncha, completaron los trámites justo el día en que se vencía el plazo para hacerlo, presentaron la prueba y el día que entregaron los resultados se llevaron una sorpresa: su institución pasó del nivel muy bajo (2003) al muy superior. Su puntaje más bajo fue 390 puntos sobre 500, mientras que el máximo fue 442, el número 42 entre los más altos del país.

Quien se llevó el máximo honor fue Mauricio Fernández, de 17 años, uno de esos muchachos que son buenos para casi todo; es carpintero y poeta, de buena pinta, canta, sabe un millón de cosas y cultiva la tierra de sus padres en la inspección San Antonio Aguilera, en jurisdicción del municipio de Topaipí, a dos horas y media de trocha desde Pasuncha.

Desde allí camina todos los días hasta el colegio, como lo ha hecho desde los 6 años, en un recorrido que comienza a las 4:30 de la madrugada y termina a las 7 en punto, justo a tiempo para las clases.

Libia Rojas, rectora de la institución, asegura que 110 de los 140 estudiantes del colegio tienen las mismas dificultades de Mauricio. Por eso propone que, así como algunos desplazados recibieron tierras del extinto narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha -amo y señor de esta región durante varios años-, los vehículos incautados sean puestos a disposición de las escuelas rurales para el transporte de los estudiantes.

Contra todo pronóstico.

Para María Cristina González, bachiller de Pasuncha, haber obtenido el nivel muy superior en el Icfes demuestra que siempre hay que luchar por lo que se quiere. "Este es un colegio donde las ventanas no tienen vidrios, las paredes de los baños se están cayendo, el piso del laboratorio de química se lo están comiendo los pocos químicos que hay, el aprendizaje de inglés se hace con carteleras pues ni siquiera tenemos un pinche casete y el poco material didáctico que hay es de 1971", cuenta.

Para cada uno de esos obstáculos los alumnos han venido ideando soluciones, desde fabricar sus propias sillas, así como los elementos de laboratorio que les hacen falta, hasta hacer librotones para conseguir más textos.

"Ya nos sabemos los libros de memoria", se queja Alejandra Romero, graduanda de 18 años, con la mirada perdida en el estante donde reposan los ejemplares descuadernados de literatura latinoamericana, uno de química, otro de física y el único diccionario. De trigonometría, cálculo y álgebra no hay ni una letra.

Cómo hicieron entonces para obtener un resultado de honor en el Icfes? "Lo que más nos ayudó es la unidad y las ganas de aprender", responde orgullosa Diana Alvarez, una de las flamantes bachilleres de Pasuncha.

FOTO.

UNA DE LAS ESTUDIANTES.

que se graduaron el año pasado del colegio Santa Inés muestra un mapa de los que se usan en este plantel para aprender las lecciones, fabricado hace más de 30 años.

Felipe Caicedo / EL TIEMPO

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