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EX COMBATIENTES CAMBIAN FUSILES POR MÁQUINAS

Me siento más orgulloso de hacer una camiseta que le va a servir a la gente como yo, que cuando empuñaba un fusil que me daba un poder de mentira , dice con convencimiento Elkin*, un joven ex combatiente de la guerrilla, que hace cinco años se reincorporó a la sociedad tras caer en una operación militar en Bucaramanga (Santander).

06 de enero 2005 , 12:00 a.m.

"Me siento más orgulloso de hacer una camiseta que le va a servir a la gente como yo, que cuando empuñaba un fusil que me daba un poder de mentira", dice con convencimiento Elkin*, un joven ex combatiente de la guerrilla, que hace cinco años se reincorporó a la sociedad tras caer en una operación militar en Bucaramanga (Santander).

A su lado está Carmen*, de 17 años, quien también estuvo alzada en armas, pero como militante del bando de los paramilitares. "Es mucho mejor lo que hago ahora porque estoy ayudando a la sociedad. Antes, con las armas, ayudé a destruirla", reconoce sin vacilaciones.

Son dos jóvenes reinsertaron que dejaron atrás la guerra que les devoró su niñez y ahora intentan rehacer sus vidas utilizando máquinas de coser para confeccionar camisetas destinadas a niños de familias de bajos recursos. "Decidimos cambiar los fusiles por la tela y las tijeras", asegura Elkin, quien vive en una casa juvenil del Instituto de Bienestar Familiar.

Con su compañera Carmen integra el grupo de 15 reinsertados, con edades entre que 15 y 19 años, que trabajan en la fábrica de confecciones Good Will, del barrio El Restrepo, un proyecto promovido por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la alcaldía Mayor y la Tienda Escolar, creada hace tres años por Corinca, que aglutina a los industriales del calzado de ese sector de la localidad de Antonio Nariño.

Diariamente producen 1.500 camisetas, que son vendidas a 3.500 pesos en la Tienda Escolar, donde las familias de los sectores más pobres de la ciudad pueden adquirir morrales, calzado y útiles con descuentos hasta del 40 por ciento.

Para estimular el trabajo de los jóvenes reinsertados, a los que se les paga el salario mínimo, y mantener el proyecto, que es pionero en el país, las camisetas comenzarán a ser exportadas en pocos meses. "La idea es que estos jóvenes entren en procesos productivos para que ellos mismos manejen la fábrica", sostiene Manuel Bogoya, director de Corinca.

Foto: Sin importar el bando del que vienen, los 15 reinsertados conviven en está fabrica de camisetas. Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

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