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SANTA ALIANZA DE EE.UU. Y RUSIA

Una suerte de santa alianza nació ayer entre Estados Unidos y Rusia al margen de la Cumbre de los Siete países más industrializados en Tokio. Estados Unidos trató de obtener el apoyo de la otrora superpotencia rusa para mantener el orden aún en las partes del mundo donde antes llegaba la influencia soviética.

10 de julio 1993 , 12:00 a.m.

El presidente Bill Clinton y su homólogo de Rusia, Boris Yeltsin, que ayer almorzaron juntos, no sólo discutieron sobre la ayuda que Rusia necesita.

Hemos examinado dijo Clinton las posibilidades de un esfuerzo común para resolver problemas que van del Oriente Medio a la necesidad de que Corea del Norte respete el tratado de no proliferación nuclear . El jefe de Estado estadounidense evitó referirse a los problemas que afectan más de cerca a Rusia, como la guerra civil en Georgia o la crisis en los países bálticos.

Fue, en cambio, Yeltsin quien afrontó con franqueza estos temas y dijo que sobre ellos no hay motivos de desacuerdo.

El tono de los dos jefes de Estado no dejó dudas: Rusia no será obstáculo si Estados Unidos decide usar la fuerza contra Corea del Norte, que amenaza construir una bomba nuclear y afectar el equilibrio estratégico en Asia.

Sobre Ucrania, otra potencia nuclear, Clinton usó un tono más suave: Estamos comprometidos en varias negociaciones que van del acuerdo de no proliferación al tratado para la reducción de las armas estratégicas dijo. Sólo puedo decir que Estados Unidos espera resultados positivos, una Ucrania sin armas nucleares .

Cumplidos a Yeltsin Sobre las reformas en Rusia, Yeltsin solo recibió cumplidos de su interlocutor. Clinton anunció que apenas esté de regreso en Estados Unidos, propondrá al Congreso la abolición de la restricción a las exportaciones a Rusia prevista por el COCOM, el organismo internacional constituido en los tiempos de la guerra fría para bloquear la venta de alta tecnología a la URSS.

También mencionó, aunque sin comprometerse, la posibilidad de revisar la ley estadounidense que vincula las exportaciones en Rusia a los permisos de expatriación concedidos a los judíos por el gobierno de Moscú. Para Clinton como para Yeltsin, el vértice de Tokio fue indudablemente un éxito. La intervención en favor de Rusia aprobada por los jefes de Estado de los siete países industrializados es inferior a las necesidades, pero superior a las previsiones de la vigilia.

Los dos mandatarios coincidieron en que fraternalmente han levantado una sociedad sobre las cenizas de la Guerra Fría y se comprometieron a emprender nuevos esfuerzos para fortalecer sus relaciones y reducir las tensiones mundiales.

Nuestra amistad se fortalece día a día , dijo Yeltsin luego de un desayuno privado. Clinton habló de una sociedad extraordinaria .