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SE FUE EL NIÑO DE LAS FLORES Y EL REGGAETON

Cuando el pequeño cajón blanco llegó a su casa, Christian Daniel Vargas, de 5 años, apenas musitó me mataron a mi bebé , lo miró, se agachó y rompió en llanto.

06 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Cuando el pequeño cajón blanco llegó a su casa, Christian Daniel Vargas, de 5 años, apenas musitó "me mataron a mi bebé", lo miró, se agachó y rompió en llanto.

El cuerpo en el féretro es el de Jeferson, su hermano de 4 años, con quien compartía sus primeros pasos en un hogar infantil a donde siempre llevaba flores que recogía en el camino, sus juegos y por estos días la pasaban en la calle con un par de volquetas de plástico que una vecina les regaló la noche de Navidad. El niño murió el lunes víctima, al parecer, de una bala perdida.

A la velación llegaron vecinos, amigos y familiares con flores, mercado y ayuda para el sepelio, pues la falta de dinero de los Vargas prolongó un día más el ritual, que será hoy a las 3 p.m.

"Necesitamos que lo vea un sicólogo, ellos eran inseparables. En Navidad estaban felices con su pinta nueva y me parece verlos bañando a los pollos", recordó Graciliana Vargas, la abuela de ellos, que vive cerca del lugar de la tragedia.

Esa noche, como solía hacerlo, Jeferson se sentó en la cama y empezó a rebuscar entre el cabello de Jaqueline todo lo que se moviera. Era un juego para él. Mientras lo hacía, acariciaba el rostro a su mamá, la abrazaba y reía.

Eran como las 8:30 y estaban listos para ir a dormir en su rancho de no más de 35 metros, tabla y tejas de zinc, piso en tierra y cuartos separados por trapos en La Nacional, un asentamiento sin acueducto ni alcantarillado al que llegaron hace 2 años con Armando Lobatón, compañero de su madre. Huían de la violencia en Algeciras.

La pieza contigua la ocupaba la dueña de casa, que ese día recibió a dos hombres y una mujer apodada La Calva . Según vecinos, ella estaba jugando con un arma y se le salió el disparo. De ninguno se tiene noticia.

Jeferson se mandó la mano al pecho, dijo que le dolía y se desplomó. Jaqueline le levantó la camiseta y lo vio ensangrentado. "Los médicos dijeron que le perforó uno de los pulmones y el riñón. Se desangró por dentro", contó la abuela.

Jaqueline se asustó tanto que abrazó a su hijo, lo levantó y trató de correr pero se cayó varias veces con él hasta que el padrastro lo tomó en sus brazos y lo llevó al Centro de Salud de Los Parques. No duró vivo más de 10 minutos. Desde ese momento Jaqueline no ha vuelto a pronunciar palabras.

Mientras la Policía aclara lo ocurrido, la abuela Graciliana seguirá recordando a Jeferson moviendo las caderas al ritmo de reggaeton en mitad de la calle polvorienta y repitiendo a media lengua estrofas de Don Omar o Héctor y Tito y clamando porque haya justicia. "Quiero que los atrapen y los encarcelen", dice.

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