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EL SUCESOR DE ARAFAT

Cerca de 14 millones de palestinos en los territorios ocupados por Israel elegirán mañana al sucesor de Yasser Arafat como presidente de la Autoridad Palestina. Un hecho trascendental para la política mundial, por lo que significó la figura de Arafat, fallecido en París el pasado 11 de noviembre, y por lo que pueda hacer su sucesor para reactivar el proceso de paz.

08 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Cerca de 14 millones de palestinos en los territorios ocupados por Israel elegirán mañana al sucesor de Yasser Arafat como presidente de la Autoridad Palestina. Un hecho trascendental para la política mundial, por lo que significó la figura de Arafat, fallecido en París el pasado 11 de noviembre, y por lo que pueda hacer su sucesor para reactivar el proceso de paz.

Las expectativas de la comunidad internacional son positivas. El más probable triunfador, según las encuestas, es Mahmud Abbas (también conocido como Abu Mazen), un hombre moderado, partidario de la negociación y arquitecto en 1995 de los acuerdos de Oslo que, después de contactos secretos, le dieron el banderazo al proceso de paz, hasta ahora frustrado pero promisorio en cuanto a los conceptos e instrumentos que llegaron a plantearse. Tanto en Estados Unidos como en Israel se vería con buenos ojos la llegada al poder de Abbas, no solo por el hecho de que consideraron a Arafat como el gran obstáculo para avanzar en las negociaciones, sino por las posiciones que Mazen ha asumido históricamente.

En el panorama, desde luego, también es muy relevante la visión que hay entre el pueblo palestino sobre su más probable líder, Abbas. Los sondeos le conceden un 65 por ciento de las preferencias entre los votantes, y su más cercano seguidor, Mustafá Baghouti -un defensor de los derechos humanos, independiente-, apenas llega a un 22 por ciento. Los demás candidatos, de diverso origen y trayectoria, están por debajo del 3 por ciento. Y quien habría sido un más difícil competidor, Maruan Barguti -hoy detenido en una cárcel israelí- decidió no presentarse a la contienda para no provocar a los sectores más radicales de Israel.

La campaña no ha sido fácil. Ha habido ataques con cohetes contra blancos israelíes y existen inquietudes sobre las condiciones de seguridad bajo las cuales se realizarán los comicios. Algunas de las organizaciones palestinas más extremas, como Hamas y la Yihad Islámica, no creen en el proceso electoral y tienen reservas sobre la figura de Abbas. Quien hoy ocupa el cargo de presidente de la OLP en reemplazo de Arafat, después de haber trabajado con él -como segundo a bordo- antes de su muerte, pero quien al mismo tiempo solo se mantuvo cuatro meses en el 2003 como primer ministro bajo la presidencia del Rais. Renunció porque Arafat no le delegó funciones claves del gobierno.

Abbas, de 69 años, se ha mantenido en el difícil filo de la navaja entre la búsqueda de apoyo entre las bases palestinas y el mantenimiento de la confianza que le tienen Estados Unidos e Israel, con un discurso moderado. A veces ambiguo. Apoya, por ejemplo, la intifada (cruzada del pueblo palestino contra Israel) pero condena la lucha armada. Al cierre de la campaña, canceló una visita a Jerusalén para evitar encuentros incómodos con soldados israelíes. Y ha declarado, sin recato, que después de las elecciones comenzará una negociación. Al mismo tiempo, sin embargo, se refirió a Israel como enemigo sionista , y provocó la reacción del gobierno de dicho país: esa no es la forma de facilitar la reconciliación, dijo el ministro israelí Ehud Olmert.

De cualquier manera, un escenario futuro compuesto, en un lado, por el liderazgo fortalecido por un voto contundente en favor de Abbas y, en el otro, un gobierno israelí, ahora de carácter nacional y consolidado por el ingreso del partido laborista -con su respetado líder, Shimon Peres, como número dos detrás de Ariel Sharon-, sería uno de los más fértiles, en muchos años, para retomar el proceso de paz. Por eso es tan importante la elección de mañana.

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