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LA FAMILIA QUE NADIE QUIERE

Al acercarse el primer aniversario de la gran fuga, el nombre de Escobar vuelve a mojar prensa a diestra y siniestra. Y por muy diversos motivos. El peregrinaje de sus parientes, convertidos en auténticos parias internacionales. El asesinato de otro de sus abogados. Y las eternas versiones sobre su inminente reentrega. Al cumplirse un año del penoso episodio de La Catedral, también proliferan por supuesto las crónicas y artículos periodísticos que recuerdan los detalles del hecho que más ha golpeado la imagen internacional del Gobierno Gaviria. Desde entrevistas con los soldados que permitieron la fuga hasta informes sobre el estado actual de La Catedral, todo lo relacinado con el escandaloso acontecimiento es tema periodístico de estos días.

11 de julio 1993 , 12:00 a.m.

En medio de tanto despliegue, pienso que la obvia reflexión de fondo debe girar en torno de lo que significa el hecho de que Pablo Escobar siga libre. Que los recursos y fuerzas combinadas del Estado; que las multimillonarias recompensas; que la colaboración de las agencias de inteligencia de otros países; que los Pepes y demás enemigos (numerosos y poderosos); que nadie haya logrado dar con Escobar tras un año de frenética búsqueda, es algo que da para pensar.

Es así de poderoso y hábil? Son así de incapaces los servicios de inteligencia y seguridad del Estado? Es así de ineficaz la asesoría extranjera? Un poco de todo, seguramente. Lo cierto es que el hombre sigue suelto y todas las versiones sobre su reducción a la impotencia o su próxima entrega son simples conjeturas. Y el país ya está curado en salud en lo que a hipótesis sobre Escobar se refiere. Porque casi nunca se cumplen.

Es curioso, en todo caso, lo que representa Pablo Escobar como fenómeno de prensa. No solo en Colombia, donde por obvias razones hay que ocuparse permanentemente de él. Hay que ver lo que le dedicaron los medios de comunicación de Chile y Costa Rica a la presencia de sus familiares. Una fascinación casi morbosa que también revela un sobredimensionamiento de lo que representa.

En ambos países la llegada de los Escobar se volvió un problema de Estado. La negativa a recibirlos puede verse como una injusticia con quienes no tienen por qué cargar con los pecados de su pariente. Pero la cosa no es así de sencilla.

Cabe recordar que el sobrino Nicolás fue el que llamó a los noticieros el día de la fuga a decir que su tío estaba refugiado en un bunker en la cárcel, cuando ya hacía horas se había ido. La intención, como él mismo lo ha reconocido, era despistar a las autoridades. Y hay que decir que lo logró.

El rechazo a los Escobar podría interpretarse de dos maneras. Por un lado, como una actitud cómoda de gobiernos extranjeros que no quieren enredarse con un problema que los colombianos tienen que resolver solos y en su país. Por el otro, como una posición internacional solidaria que busca demostrarles a los capos del narcotráfico, así sea a través de sus familias, que no pueden contar con refugios en el exterior. Y sobre la conmiseración que de todos modos despierta el drama de una familia que anda por el mundo sin que nadie la reciba, Ana María de Cano, la viuda del asesinado director de El Espectador, recordaba en estos días la cantidad de familias que Pablo Escobar ha lanzado al exilio. Viudas, jueces, periodistas, políticos, que han tenido que abandonar el país para salvar sus vidas. Muchas de ellas sin un peso.

A diferencia de los Escobar, que lo único que no les falta es dinero. Pero es precisamente el origen de estos dineros lo que ha servido de pretexto para que países de tan sólida tradición jurídica y democrática como Costa Rica y Chile decidan expulsarlos de su territorio. El otro argumento es el miedo a las represalias violentas que pudiera generar su presencia por parte de los enemigos de Pablo. Temores que se verán reforzados por hechos como el asesinato el jueves del quinto abogado de Escobar. Y sin embargo el sobrino Nicolás estuvo secuestrado por los Pepes y nada le pasó. Hay cosas que aún no se entienden bien. La familia de Escobar Gaviria es, en fin, víctima de su apellido. Como también lo han sido tantas personas que como una Diana Turbay, un Francisco Santos o una Maruja Pachón fueron secuestradas por Escobar por el solo hecho de pertenecer a familias que le ofrecían a su captor la posibilidad de utilizarlas como fichas de negociación.

Toda esta historia tiene sus dos caras. Y, como todo lo que se relaciona con Escobar, un hombre que juega siempre varias cartas a la vez, interpretaciones diversas y hasta contradictorias. Una historia que, como lo siguen demostrando los hechos de cada día, aún no termina de escribirse. El solo capítulo de la fuga ya lleva un año. Y quisiera saber quién se atreve a pronosticar su desenlace.