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EL AGENTE MELCHOR, EL MAGO DEL SON

En una hora pico puede pitar como 700 veces, pero eso no le impide entre pitada y pitada tararear una canción.

12 de enero 2005 , 12:00 a.m.

En una hora pico puede pitar como 700 veces, pero eso no le impide entre pitada y pitada tararear una canción.

Se trata de Melchor Zapata, un agente de tránsito que se volvió promesa de la salsa en Cali. A veces, en las tardes (trabaja de 6 a.m. a 1 p.m.) se topa con con Mozart, Beethoven y Vivaldi. "Vaya, qué tipos", exclama , un negro, como el difunto Malcom X, de dentadura blanca completa y movimientos ágiles nacido en la vereda Tetillo Tamboral de Padilla (Cauca), en donde algunos cruzan las calles bailando.

La pasión por el baile y el canto se le pegó desde niño. Y la mayor parte de sus 34 años los lleva pensando cómo saltar el mar Caribe para presentarse en París como la nueva estrella de la salsa brava.

Toca bongó, conga y tambora. Desde hace un año saltó a ser un hombre popular al grabar su primer disco compacto con una canción de su autoría. Aunque le puso un título no muy explosivo para una canción que quiere llevar dinamita en sus tumbadoras -Cali y sus monumentos- se volvió un éxito.

"Se oye en España, Estados Unidos y Aruba. Ese disquito me ha cambiado la vida", dice el guarda Zapata, a quien los conductores le gritan en medio del ruido del tráfico de esta ciudad con 2,5 millones de habitantes: "Melchor, te fajaste".

A punta de pito estudió administración de empresas y aprendió a manejar su tiempo. Y a esa profesión le debe también su ópera prima. Fue después de un curso de actualización en la Secretaría de Tránsito destinado a investigar el pasado y el presente de la ciudad.

A él y a cuatro compañeros les correspondió el tema de los monumentos. Pero se dejaron coger del tiempo. Entonces les dijo: "No hay tiempo para carteleras, pero les prometo una canción. Y hasta les tarareo el ritmo".

El combo de Melchor.

Seis meses después tenía la grabación. Se la mostró a su mujer, Sandra, terapeuta en respiración: "Es como un hijo", exclamó. Sus dos hijas, Alexandra e Isabela, lo miraban con asombro.

El operador de sonido de La Z, Andrés Salinas, afirma que la canción es excelente. El guarda formó un grupo de 13 músicos, con un nombre singular: Melchor Zapata, el mago del sabor y su orquesta . El camino no fue fácil. Vendió 200 copias con maletín al hombro, a 10.000 pesos cada una. Luego sacó un video para formar con el compacto el combo de Melchor , a 20.000 pesos; vendió 700. "Baratos", dice él, porque quiere que todos lo tengan.

Parado sobre un congestionado cruce en el barrio San Fernando, con sus zapatos 36, que gasta más que los otros 239 guardas debido a la pasión por el baile, dice con humildad que tiene buena voz. Y canta, según dice, como Héctor Lavoe e Ismael Rivera, dos ídolos de vida trágica: el primero se tiró de un octavo piso y al otro lo mató el corazón después de dilapidar una fortuna de tres millones de dólares en francachelas inolvidables.

"Mi tono de voz es brillante, como el de ellos, pero jamás acabaré así", exclama Zapata, porque tiene el lema de los guardas de tránsito quemado en la frente: disciplina, prudencia y cortesía .

Son las 6:30 de la tarde de un lunes cualquiera, "hora de volear brazo", como expresa Melchor Zapata en su jerga de tránsito en una ciudad con 400.000 vehículos que la surcan (y la asfixian). "A ratos me siento más mamado de pitar que de cantar", le cuenta a su madre Eudocia, la tejedora, que lo llama todosá los días.

"No te preocupés Melchor, que la música cura el cansancio", le contesta ella.

FOTO/Carlos Ortega EL TIEMPO.

El agente Melchor Zapata (foto) lleva la música en su sangre. Uno de sus 14 hermanos es de la Sinfónica del Valle, otro, de la banda de la Escuela de Aviación.

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