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EL EMBROLLO DEL VEEDOR

La destitución confirmada del Veedor es una mala cosa. Sobre esto no hay que equivocarse. La decisión de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura puede ser muy jurídica aunque sobre esto hay dudas, pero deja una pésima impresión. La de que fue sancionado por exceso de celo en el desempeño de su cargo. Que consiste casi exclusivamente en impedir que los dineros públicos sean utilizados en campañas electorales. Noble misión, que la opinión pública comparte de manera entusiasta. Y por esto no entiende que se le haya removido por ser demasiado severo.

08 de julio 1993 , 12:00 a.m.

La verdad es que, in strictu sensu, el doctor García Hurtado se extralimitó en sus funciones. El Veedor del Tesoro Público está facultado para actuar dentro de los tres meses anteriores a las elecciones . El lo hizo varios días después de las mismas. Y trastornó el funcionamiento del Icetex y de hospitales, ancianatos y otras entidades de beneficencia que reciben auxilios del Estado.

El doctor García se metió, pues, donde no le tocaba cuando no le tocaba. Pero, es esto motivo válido para ser destituido? Los abogados encontrarán las bases legales que la gente del común no acabará de entender. O sea que, si la caída del Veedor es jurídicamente justificable (y hay quienes insisten en que no lo es), en el campo político, ético y social resulta impopular y bien difícil de explicar. Parece un homenaje al clientelismo , como lo califica el Nuevo Siglo .

Sobre todo cuando el funcionario se había convertido en todo un fenómeno de opinión. A pesar de su rígida y hasta extravagante ortodoxia, o tal vez a causa de ella. En todo caso, encuestas y sondeos confirman el amplio respaldo público a la gestión del controvertido funcionario. El Veedor García Hurtado es, según palabras de Antonio Panesso, un hombre honrado en el peor sentido de la palabra: su caso demuestra que las peores cosas se hacen con las mejores intenciones.

Es posible. Pero la verdad es que la figura de este anciano intransigente y excéntrico logró calar en la conciencia ciudadana como la de un celoso guardián del tesoro público. Refleja, con todos sus desbordamientos y emotividades, el deseo de moralización que recorre el país.

Y es por esto por lo que su destitución se convierte en un problema político complicado de manejar (hasta la Conferencia Episcopal criticó la determinación). Y en una incómoda papa caliente para el presidente Gaviria, quien deberá nombrar su sucesor.

En el terreno estrictamente político, la situación creada por la destitución el Veedor tiene más de un elemento que debe tenerse en cuenta. Uno es la propia filiación alvarista del doctor García Hurtado y el sentido partidista-oposicionista que podría atribuírseles a sus actuaciones. Pero pienso que es el hecho mismo de que su remoción se produzca cuando arranca la campaña electoral lo que se presta para las mayores suspicacias.

El mal sabor se acrecienta al recordar las circunstancias en que fue elegida la Sala Disciplinaria del Consejo de la Judicatura que lo acaba de destituir. Cómo olvidar ese insólito espectáculo de un Congreso convertido en mercado persa de votos regateados y ternas negociadas, en las que figuraban los candidatos de todos los grupos y subgrupos políticos al organismo encargado del control disciplinario de la Justicia colombiana.

Este hecho fue denunciado en su momento como un preocupante signo de clientelización de la Justicia, que iba en contracorriente con todo lo que se había propuesto la reforma constitucional en este campo. Y hay que decir que el primer acto de control de fondo por parte del Consejo de la Judicatura el baculazo al Veedor no les ha caído mal a los políticos a quienes el destituido doctor García Hurtado debía controlar. Sobre todo en momentos en que se inicia una campaña electoral, en la que muchos congresistas están en aprietos económicos para asegurar su reelección, tras la eliminación de los auxilios parlamentarios.

Hay quienes temen que lo del Veedor no sea sino la punta del témpano, en una Sala Disciplinaria de la Judicatura que tiene su origen en el Congreso y que comienza a sacar las uñas. Podría continuar luego con la revocatoria del mandato de magistrados de la Corte y consejeros de Estado. No hay que olvidar que en ambos tribunales cursan procesos contra varios congresistas y se examina la posibilidad de privar de su investidura a algunos de ellos. No creo que el Gobierno haya manipulado la decisión de la Sala Disciplinaria del Consejo, como lo ha insinuado de manera ligera el doctor García Hurtado(en un ejemplo de las actitudes precipitadas que han empañado su gestión). Y si el Presidente quiere despejar cualquier duda al respecto, siempre puede rechazar la destitución del Veedor. O nombrar en su remplazo a alguien realmente irreprochable. En todo caso, y mientras se resuelve la polémica creada (producto típico de los bandazos jurídicos que vive el país), ha quedado la amarga sensación de que la transparencia en el manejo del erario ha sufrido un golpe. Y que el clientelismo sigue vivito y coleando.