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GIRARDOT: ÉRANSE UNA VEZ UNAS ACACIAS...

Durante cientos de años, las acacias crecieron y florecieron en las orillas de los caños y quebradas que atravesaban a Girardot. Por décadas dieron sombra y frescura a las ardientes calles porteñas, y durante los carnavales de diciembre sus vainas eran utilizadas como maracas para amenizar verbenas populares. Era tal su proliferación en la ciudad, que, cuentan algunos, al poeta caldense Francisco Giraldo se le ocurrió bautizar al municipio como La Ciudad de las Acacias .

08 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Sin embargo, desde hace algunos años esa característica del municipio parece estar en vía de extinción . Aquellos árboles de la familia de las mimosáceas, con flores rojas y tronco leñoso, que alcanzan hasta 12 metros de altura, están a punto de extinguirse de la ciudad.

La situación es tal que hasta en el parque Bolívar, el principal de la ciudad, no se encuentra una sola acacia. Actualmente, algunos troncos sobreviven en regular estado, aferrados a sus gruesas raíces.

Fueron precisamente esas raíces las que ocasionaron esta merma, pues en busca de agua y debido a su grosor estropeaban el pavimento de calles y andenes. Aunque el problema se podía contrarrestar podando las raíces y preservando su pibotante según Sandi Arcila, profesor e investigador de botánica en Girardot, se optó por la alternativa más drástica: talarlos completamente.

Según la Oficina de Arborización local, en el vivero municipal existen cerca de 200 arbolitos de acacia disponibles y sin ningún costo para quien desee sembrarlos. No obstante, su demanda es muy baja. La mayoría de estos son utilizados en las campañas de arborización que programa el municipio o la empresa privada.

La gente está optando por otras variedades como pomarroso, almendro y caraqueño, cuyas raíces no ocasionan daños en las calles ni en las redes de tubería , comentó un funcionario de arborización. En otras ocasiones se remplazan por plantas ornamentales.

Morir de pie Además de los problemas ocasionados por las raíces, otra causa para que la acacia dejara de ser el árbol preferido por los girardoteños es la terminación de su ciclo de vida. Al cumplir veinte años, el tronco de la acacia se deteriora y se convierte en una amenaza, pues en más de una ocasión los árboles se han venido abajo, averiando automóviles y pavimento.

Por todo esto, los porteños están buscando otras especies para llenar el vacío que poco a poco dejan las acacias. Hace unos diez años se buscó reemplazarlas con el ficus, hubo un boom de esos árboles , recuerdan funcionarios de Arborización municipal. Sin embargo, a esta especie, apetecida por la sombra que da, también le llegó la época de desaparecer de las calles.

Sus raíces, aunque no tan gruesas como las de la acacia, originan quizás más daño: en busca de humedad llegan hasta las redes de tubería, las rompen, penetran en ellas, las taponan y cortan el suministro. Por eso, luego de años de residir en Girardot, se recomienda evitar la siembra de ficus.

Parece pero no es Si actualmente, debido a su tala, es materia de discusión aquello de que Girardot es la Ciudad de las Acacias , hace unos cincuenta años el calificativo ya era discutido por investigadores y botánicos.

Uno de ellos, Enrique Pérez Arbeláez, en su libro Plantas útiles de Colombia, obra laureada en 1955 con diploma y medalla de oro del Concurso de Ciencias de la Fundación Alejandro Angel Escobar, discutía el nombre del árbol emblema de la ciudad.

Por más que les toque en lo íntimo a los girardoteños, no deben llamar acacia a lo que científicamente se sale del género acacia , dice Pérez en su libro. Esta diferencia, según él, radica en que la flor es distinta de la de las acacias.

Por eso recomendaba denominar esos árboles de bella floración roja con el nombre Delonix o Flamboyant, este último utilizado en las Antillas Francesas. La misma especie se conoce en Centroamérica como Flor de Fuego o Guacamaya, y en parte de Estados Unidos como Poinciana.