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DEFENSA DEL SENA

Es a todas luces inconcebible, que alguien comprometido con la nueva Constitución como usted, señor Plinio, eche en saco roto los mandatos participativos, como por ejemplo el plebiscito, y se rasgue las vestiduras porque dicho mandato popular reclama la derogatoria de uno de los 61 decretos expedidos clandestinamente por el Gobierno en una noche decembrina de 1992. Nos referimos a la solicitud de un millón diez mil colombianos, que con sus firmas apoyan la derogatoria del Decreto 2149 de 1992 que reforma el Sena (léase privatiza). Ello no es supuesto, señor Plinio, es real, como lo puede hacer constar la Secretaría del Senado de la República en donde se entregaron los respectivos folios que las contienen, desde el pasado 13 de abril.

08 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Visto así, hay dos procedimientos para el caso del Sena: uno democrático, popular y de cara al país, materializado en el millón diez mil firmas; otro, el del Gobierno, de espaldas al país, atendiendo mandatos supranacionales.

El Comité Prodefensa del Sena, organización constituida para la defensa del Sena y la derogatoria del Decreto 2149 que lo privatiza, no oculta, ni siente vergenza, como usted señor Plinio lo afirma en su columna del 2 de julio de 1993; por el contrario, exalta y reivindica el papel patriótico que entraña el defender una institución como el Sena, que es patrimonio nacional, construido por varias generaciones de colombianos en 36 años, con aportes económicos de todos los colombianos, y no solo de los empresarios.

Por tal motivo, no cabe duda alguna de que la decisión de derogar el Decreto 2149 de 1992, tomada el pasado 17 de junio por la plenaria del Senado y que sabemos tomará también la plenaria de la Cámara en su debido momento, no tiene razón e interés distinto que el de atender una petición popular y democrática y defender un patrimonio nacional. Hemos de señalar que el Senado le dio amplias garantías al Gobierno para sustentar y explicar en los debates el mencionado decreto, garantías que le fueron negadas a la Nación y al pueblo por el Gobierno, en el momento de su expedición.

Pero si la voluntad popular, el Congreso y los funcionarios y alumnos del Sena no quieren el decreto 2149 de 1992, por qué el señor Plinio insiste en él? Qué razones e intereses malsanos se juegan, usted señor Plinio y los que representa, para apoderarse de la vaca, como usted despectiva e irrespetuosamente denomina al Sena? No serán otros diferentes, como todo parásito, que los de valerse y apropiarse del trabajo y esfuerzo de los demás. En ello lo acompañan especialmente la Nueva Fuerza Democrática de Andrés Pastrana, que con su actual Ministro de Trabajo, quieren a ultranza repartirse los 92 centros del Sena, y en especial de 18 centros especializados, los mejor dotados física y tecnológicamente.

A diferencia entonces de lo afirmado en su columna, señor Plinio, será usted y Andrés Pastrana, que son la minoría, quienes quieren apoderarse y usufructuar un patrimonio nacional que no les pertenece.

Adicionalmente, usted señor Plinio, en su alocada desesperación por justificar la privatización del Sena, invoca una serie de verdades a medias, que como lo señala la sabiduría popular, son las peores mentiras. Así por ejemplo, afirma que más de 9.000 empleados solo atienden a 17.000 aprendices. La verdad, según las mismas cifras del Sena: se atienden 1.000.000 de colombianos anualmente, en los diferentes modos y modalidades de formación, para las diversas profesiones y oficios motivo de capacitación y no únicamente para los grandes empresarios monopolistas del país. El país no son solo ellos. Es más, son minoritarios y ellos sí, privilegiados, pero quieren aún más, como por ejemplo el Sena.

Otra situación, perfectamente explicable, y que usted señor Plinio tergiversa, es que el 50 por ciento de los instructores no posee educación universitaria. El hecho de que usted, señor columnista, se escandalice por ello, solo comprueba dos cosas: primero, el desconocimiento que usted tiene del Sena; segundo, el desprecio por quienes desarrollan labores de alto contenido pedagógico y práctico. Más técnicos y menos doctores, se ha insistido, es la necesidad del país.

Tales son los niveles tecnológicos impartidos por los instructores del Sena, que los estudiantes de universidades privadas como la Javeriana, la Sabana, Externado y América, entre otras, reciben permanentemente capacitación en la infraestructura del Sena, como complemento a su carrera.

Otro argumento que usted expresa es que la corrupción e ineficiencia son aspectos de naturaleza solo estatal. Nada más falso; para ello están algunas muestras del robo en el sector financiero privado como los llevados a cabo por los Michelsen Uribe, los Picas, Abraham Gaitán Mahecha, etc., o si se quiere instituciones educativas privadas como la Universidad Libre.

Pero aparejado con estos ejemplos, tal como lo conocen el país y usted, señor Plinio, pero que prefiere ignorarlo de mala fe, para realizar corrupción en el sector público se necesita un socio en el sector privado. El Guavio así lo enseña, y Colfuturo ratifica esta espuria asociación.

Si los problemas de una entidad como el Sena son la corrupción y la ineficiencia, pues que se nombre una dirección pulcra y eficaz. En los 36 años del Sena los doctores Martínez Tono y Low Murtra son ejemplos de ella. Que el Presidente de la República no nombre en el Sena a los que la Nueva Fuerza Democrática o cualquier otro grupo le impone al país, en el reclamo de su cuota politiquera. Si ha existido fuerza social en Colombia, enemiga de la corrupción y politiquería, ha sido la de los trabajadores, quienes a través de sus organizaciones han denunciado las administraciones que incurren en dichos vicios. La fórmula siempre esgrimida por usted, señor Plinio, para resolver los graves males del país, es igual al fascista método de no tratar al enfermo para salvarlo sino de aplicarle la eutanasia.

Pero sus aranas no se quedan ahí, señor Plinio. Adicionalmente usted señala que: Los sindicalistas del Sena llenaron durante nueve meses las barras de la Comisión Quinta del Senado y luego las del salón de las plenarias, dando gritos y abucheando al ministro Luis Fernando Ramírez . No solo sindicalistas, señor Plinio, no fue en la Comisión Quinta sino en la IV del Senado y no puede ser por nueve meses, pues el decreto apenas fue expedido el 30 de diciembre de 1992, y en ningún momento se gritó o abucheó al señor Ministro de Trabajo en las barras del Senado; y en el Senado mismo, al cual usted se negó a comparecer varias veces a responder por sus clásicas falacias, y por ello no lo sabe, no se puede gritar a riesgo de ser desalojado.

Cierto sí fue y de ello da fe el senador conservador pastranista doctor Omar Yepes Alzate, que las barras en el Senado el 17 de junio, le dieron la espalda al Ministro del Trabajo, en rechazo a su argumentación en contra del Sena que, como se podrá comprobar, es idéntica a la señalada por usted en su columna . Comité Prodefensa del Sena.