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EXCESOS DEL VEEDOR

Este es uno de los gobiernos más corruptos que ha tenido Colombia . Jorge García Hurtado No. No me convencieron las declaraciones del Veedor (El Espectador, domingo pasado). Es cierto que, como comenté en nota anterior, la decisión adoptada por la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura no es contundente, al menos hasta cuando no se conozca el texto completo de la providencia que motiva esta determinación, la cual deberá demostrar desde el punto de vista argumental cuál es la gravedad que los magistrados le atribuyen al Veedor por extralimitarse en sus funciones. Es decir, hasta dónde esa extralimitación justifica su retiro, en medio de la polvareda que se ha armado.

07 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Pero discrepo de las opiniones del doctor García Hurtado, básicamente porque me parecen injustas. Soltar así la frase de que este es uno de los gobiernos más corruptos que ha tenido Colombia en la historia, es de unas desproporciones propias de quien respira por la herida, frente a una actitud en la que sería imposible aceptar que el Gobierno tuvo injerencia, como trata no obstante de insinuarlo con toda maledicencia el Veedor cuando habla de que en su destitución intervinieron intereses oscuros .

Pues, a mi juicio, decir eso cuando se sabe que la Veeduría está investigando manejos de dineros que tocan con la Presidencia; expresar que la dictadura del príncipe busca adjudicar a su amaño 41 billones de pesos (negrillas mías), y, a su vez, que su despacho el del Veedor está pendiente de entregar al país el informe de Colfuturo, es jugar a una especie de extorsión moral, muy política e incluso muy populista. Aunque, según algunos columnistas, la política no está ausente de nada...

Es tanto como decir: Como me sacaron, van a ver ustedes (estimada opinión pública) la bombita que tengo y que dentro de poco voy a soltarles, para desquitarme...

Sí. Sin conocer el fallo de la Sala Disciplinaria, lástima que la sanción al Veedor haya terminado en su destitución, porque, claro, se da pábulo a la creencia inevitable de que lo sustituyen porque habla mucho y no se calla. Mas ello no es óbice para reconocer que García Hurtado es, por lo menos, una persona temperamental y con poca sindéresis. Para muestra, la explosión de sus declaraciones. Y con esa inocultable intemperancia verbal como si se tratara de una vieja y perdurable manía laureanista proclive a involucrar a todos los que le interesan bajo la misma sábana. En este caso, todos significa el régimen y el partido liberal. Para que ese obvio desgaste del régimen en este episodio tenga también consecuencias directas sobre el futuro inmediato del liberalismo, ya que, según él, uno y otros son igualmente corrompidos... Salvo, eso sí, los puros de siempre... Soy un hombre recto , dice el Veedor. Para un gobierno probo, sería un apoyo formidable . Vaya delatora modestia! Ante la imagen creada y debidamente enlodada, le corresponde al Presidente nombrar a un funcionario por encima de toda tacha, si es que el dictamen de la oficina jurídica de la Presidencia refrenda la decisión del Consejo Superior de la Judicatura la que, presumo, hay que acatarla, por discutible que sea. El reemplazo de García Hurtado tiene que ser ojalá un ciudadano con las características de Gustavo de Greiff, aunque preferiblemente vinculado al partido conservador, para evitar que sea descalificado de entrada por razones partidistas. Y estoy convencido de que ese hombre probo y recto existe. Existen muchos, de seguro con las condiciones morales del actual Veedor y que le pueden ofrecer a la opinión una opinión hoy desconfiada la suficiente confianza de su entereza ética y de su valor para denunciar y decir las cosas, sin estridencias ni posturas fundamentalistas. Que, por serlo, también suscitan inquietud. En fin, un Veedor que vea (y vea todo, sin excepciones, incluyendo el origen de los aportes a las campañas de los candidatos presidenciales, para disipar toda sospecha), sin necesidad de asumir febriles posturas de Catón que no contribuyen sino a enardecer los ánimos, en un país asediado de tensiones.

Por lo demás, no se entiende cabalmente cuál fue el propósito de la Constituyente al crear la figura del Veedor, quien de alguna manera compite en sus funciones con las del Procurador y el Contralor y, concretamente, con las del Defensor del Pueblo. Que es, justamente, otra de las nuevas instituciones que forman parte del Ministerio Público (o sea, el Ministerio que vela por los intereses de la sociedad), y al que le corresponde la guarda y promoción de los derechos humanos, la protección del interés público y la vigilancia de la conducta oficial de quienes desempeñan funciones públicas (artículo 118 de la C.N.). Esto para no hablar del Consejo Electoral.

Pero aun así, si el Veedor se nombra porque le corresponde cumplir funciones todavía más precisas ( la función de impedir de oficio, o a petición de parte, el uso de recursos originalmente provenientes del tesoro público, o del exterior, en las campañas electorales que se efectúen en el término indicado , etc.: artículo transitorio 34 de la C.N.), resulta tan incomprensible como absurdo que se designe por un período de tres años y nada más. Esto es, como si después de 1994 no volvieran a celebrarse campañas electorales ni éstas fueran susceptibles de recibir ningún tipo de dineros mal habidos, sino tan solo en esta ocasión.