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EL PRINCIPITO DE LA LIDIA

Aunque tiene nombre de poeta y de Presidente de la República, Guillermo Valencia no quiere lidiar con las letras ni con la política, pero sí sueña con faenas no menos peligrosas.

16 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Aunque tiene nombre de poeta y de Presidente de la República, Guillermo Valencia no quiere lidiar con las letras ni con la política, pero sí sueña con faenas no menos peligrosas.

Para su papá, que lleva el mismo nombre, este niño payanés, de 9 años recién cumplidos, ya es una promesa del toreo nacional. En sus años mozos, Guillermo padre daba algunos lances a toros descastados y ahora, más con el corazón, prepara a su hijo para las orejas y los aplausos.

El pequeño se parece más al Principito -personaje del libro de Saint Exupery- que a un matador de toros: mide 1,20 metros, es rubio, de ojos verdes y pecoso hasta en los párpados.

Vive desde hace tres años en Ipiales (Nariño) con su madre, María Leonilde Calle, y cursa quinto de primaria en el Colegio Champagnat de esa ciudad.

Sus primeras corridas han sido con becerros y vaquillas en plazas de Quito y Tulcán, en Ecuador. Ha toreado con un elegante traje negro reses que son más altas, fuertes y pesadas que él. Sin embargo, cuenta con satisfacción que ya salió en hombros de una y que no siente miedo cuando sale a la arena porque está acompañado del "papito Dios".

Para tales faenas, su hermano mayor, Sebastián, de 15 años, hace de mozo de espadas. Para que Guillermo entrene, él se turna con su primo Andrés en la dispendiosa labor de manejar una carretilla que improvisa la embestida de un toro bravo.

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