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SATENO VOLÓ A SU CASA PROPIA

Frente al aeropuerto Santiago Quiroz de la capital araucana, el mismo donde hace un año una lavandera abordó un avión en el que nacería su hijo a tres mil pies de altura, la familia del bebé Ramón Alberto Sateno Torres Bolívar voló a recibir la casa que le regaló la Alcaldía.

17 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Frente al aeropuerto Santiago Quiroz de la capital araucana, el mismo donde hace un año una lavandera abordó un avión en el que nacería su hijo a tres mil pies de altura, la familia del bebé Ramón Alberto Sateno Torres Bolívar voló a recibir la casa que le regaló la Alcaldía.

Despegándose de los brazos de su madre María Eugenia Bolívar, Sateno, quien el 13 de enero del año 2004 nació en un avión de Satena, corrió al patio de la vivienda que se construyó con recursos de la administración local, como un homenaje al menor que tiene tiquetes asegurados de por vida en la aerolínea estatal.

Pero la vida de Sateno, que tiene como padrinos al piloto y a la auxiliar del vuelo de la aeronave en la que llegó al mundo, no es tan fácil. Mientras su mamá, una humilde lavandera de ropa ajena, recibía de manos del alcalde Hernando Posso Parales la nueva edificación, la familia no alcanzó a reunir los 15 mil pesos que costaba la torta para celebrar el primer año del bebé.

Durante los primeros 12 meses de vida la situación para Sateno y su familia, compuesta por otros cinco hermanos, ha sido turbulenta , como a veces resulta la ruta aérea entre Arauca y Bogotá, trayecto en el que dio a luz María Eugenia.

En su hogar la comida ha escaseado, lo mismo que los pañales y por supuesto la leche. Lo único que dicen que les ha sobrado es el afecto de su mamá, porque su padre los abandonó durante siete meses y solo hasta el pasado mes de septiembre volvió a la casa.

La madre del menor cuenta que las necesidades han sido muchas a pesar de que el año pasado, al conocerse el nacimiento, la familia recibió apoyo incluso del exterior, pero estas donaciones se acabaron poco a poco y Sateno quedo prácticamente en el olvido.

La casa en la que vivían debieron desocuparla porque no podían seguir pagando el arriendo pues el escaso dinero que ganaba María Eugenia lavando ropa de vecinos por encargo apenas alcanzaba para la comida de sus hijos.

Fue así como en noviembre pasado, el propietario de la casa, en la que pagaban 60 mil pesos de arriendo mensual, determinó sacarlos de la vivienda y se quedó con la nevera, el único electrodoméstico con el que contaban pues ni siquiera tienen televisor.

Ante esta situación debieron abandonar el lugar y apoderarse de una casa que estaba desocupada en el barrio Costa Hermosa, ubicado a dos kilómetros del centro de la ciudad.

Las turbulencias disminuyeron cuando el sábado pasado el alcalde Posso Parales les oficializó que ya les tenía lista la casa que les había prometido en mayo pasado cuando bautizaron el niño.

En una zorra llevaron sus pocas pertenencias. Una vieja maleta rota de color verde, una caja de cartón, dos colchonetas, una cama, tres ollas tiznadas, una estufa de cuatro puestos y el chinchorro donde duerme satenito, como lo conocen en la cuadra del barrio donde vivían.

Al recorrer la casa las lágrimas rodaron por el rostro de María Eugenia y de Ingrid María, la niña mayor de 9 años, cuando vieron el nuevo hogar pintado de color verde manzana. "Gracias a Dios ahora no nos volverán a echar de ninguna parte" fue lo único que dijo la menor quien andaba descalza y con sus mejillas sucias.

La vivienda, que quedará registrada a nombre del niño y no podrá ser vendida, enajenada o hipotecada, cuenta con dos habitaciones, sala comedor, cocina, baño, patio encerrado, antejardín y los servicios de agua y luz, Esta ubicada al frente del aeropuerto el mismo lugar de donde su madre partió con preclancia el año pasado hacia Bogotá con Sateno en su vientre.

FOTO/Danilo Sarmiento.

Sateno entra a su nuevo hogar en los brazos de su madre María Eugenia Bolívar y acompañado por sus hermanos.

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