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EL PERSONAJE QUE SE LE ESCAPO A GABO

(CORRECCION: EL DESTRUCTOR CALDAS, EN EL QUE VIAJABA LUIS ALEJANDRO VELASCO, ELPERSONAJE DE RELATO DE UN NAUFRAGO DE GABRIEL GARCIA MARQUEZ, NO SE HUNDIO EN EL MAR COMO SE DIJO EN LA NOTA EL PERSONAJE QUE SE LE ESCAPA A GABO , PUBLICADA EL PASADO 30 DE ENERO, SINO QUE FUE SACUDIDO POR ENORMES OLAS LO CUAL ORIGINO LA CAIDA AL AGUA DE VARIOS MARINEROS, INCLUIDO EL PROTAGONISTA DE LA HISTORIA). Regina Imitola está hoy más ligera de carnes que 50 años atrás cuando la pluma de Gabriel García Márquez inmortalizó su estirpe.

30 de enero 2005 , 12:00 a.m.

(CORRECCION: EL DESTRUCTOR CALDAS, EN EL QUE VIAJABA LUIS ALEJANDRO VELASCO, ELPERSONAJE DE RELATO DE UN NAUFRAGO DE GABRIEL GARCIA MARQUEZ, NO SE HUNDIO EN EL MAR COMO SE DIJO EN LA NOTA EL PERSONAJE QUE SE LE ESCAPA A GABO ,.

PUBLICADA EL PASADO 30 DE ENERO, SINO QUE FUE SACUDIDO POR ENORMES OLAS LO.

CUAL ORIGINO LA CAIDA AL AGUA DE VARIOS MARINEROS, INCLUIDO EL PROTAGONISTA.

DE LA HISTORIA).

Regina Imitola está hoy más ligera de carnes que 50 años atrás cuando la pluma de Gabriel García Márquez inmortalizó su estirpe.

Y aunque ella fue lo que podría llamarse un humilde personaje de reparto, e incluso el Nóbel ni siquiera la mencionó por su nombre, a ella le quedó de por vida el orgullo de haber ayudado a salvar al protagonista del Relato de un Náufrago, que en 1955 fue publicado en forma de reportaje en 14 entregas en El Espectador, y que en 1970 se convirtió en un libro, hoy traducido a más de 20 lenguas.

De hecho, en San Francisco, un minúsculo pueblo chocoano de no más de 50 casas a orillas del mar Caribe (jurisdicción de Acandí), cuando alguien pregunta por Regina, indefectiblemente contestan:.

"Ah, sí, la del náufrago".

Y es que sin sus cuidados posiblemente no hubiera podido sobrevivir Luis Alejandro Velasco, el marinero que vagó 10 días por el océano Atlántico en una balsa, alimentándose solo con agua salada, un pedazo de pescado crudo y una raíz, sazonados apenas por su hambre voraz.

Velasco y siete hombres más habían quedado a merced del agua, luego de hundirse el destructor Caldas, un navío de la marina colombiana que naufragó por el sobrepeso de un contrabando de neveras que llevaba. El único que llegó a tierra fue él.

Gabo encontró en Velasco a un personaje memorioso que le relató con pelos y señales su hazaña, y de una manera tan intensa, que decidió narrar la historia en primera persona.

De ahí que si no fuera por las personas que el 9 de marzo de 1955 lo auxiliaron al llegar maltrecho a una playa cercana a Mulatos, un corregimiento de Necoclí, en el Urabá antioqueño, el Nóbel no hubiera podido tener luego con él las 120 horas de entrevista que originaron el reportaje.

Esas personas fueron Dámaso Imitola -no Imitela como lo nombra Gabo -, el hombre que lo vio primero; Mónica, su esposa, y Regina, su hija. Los seguía Sebanilla , una pastora loba escuálida, negra y pechiclara.

Regina apenas es mencionada como una de las dos mujeres y tres hombres que había en la casa a la que llevaron a Velasco para las primeras atenciones, pero su papel fue fundamental.

"Ahí no mientan mi nombre porque no lo sabía", dice ella justificando a García Márquez.

Por mera intuición y previendo los estragos que podrían hacer el chicharrón y el ñame en el estómago del recién llegado, ella se negó rotundamente a los ruegos de Luis Alejandro de que le dieran mucha comida; en cambio, le administró una dieta de jugo hecho de cáscara de naranja y canela, y al cabo de un rato un caldo artesanal que se logra triturando el pollo previamente cocido, hasta que queda solo la sustancia.

"El tenía como un deseo de decir todo lo que le había sucedido -relata-, pero yo no quería que se pusiera a hablar porque se podía trastornar, y le dije: cállese hasta que venga el médico ".

Ella era entonces una atractiva mozuela, que a sus 20 años compartía la existencia con Prudencio Miranda (uno de los hombres que estaba en la casa).

Tenían tres hijos: Prudencio, de 4 años; Fermina, de 2, y José Angel, de 4 meses. Hacía un año vivían cerca del Alto del Aguila.

Rumbo a San Francisco.

El mismo Velasco reconoció ante Gabo que "si en lugar de darme cucharadas de agua de azúcar me hubieran saciado el hambre, mi organismo no hubiera resistido el impacto".

Al día siguiente, el náufrago partió hacia Mulatos acostado en una hamaca, escoltado por una romería de hombres y mujeres. De allí a San Juan de Urabá, donde lo vio finalmente el médico Humberto López -según el libro-. La muchedumbre que lo acompañaba y que lo dejó montado en un avión rumbo a Cartagena, pasaba de 600 personas.

Luego, Regina siguió de lejos los homenajes y el éxito económico del náufrago, quien recibió cantidad de regalos y gruesas sumas de dinero de empresas que querían tenerlo como su imagen publicitaria. El azar no quiso que se volvieran a ver.

Cuenta que, meses después del naufragio, un hombre, que aparentemente era él, la estuvo buscando pero ella se hallaba en la parcela trabajando, y sus vecinos la negaron por temor a que fuera alguien con afán de hacerle daño.

"Yo siempre pensaba en él: Voy a decirle a Luis Alejandro para que me dé una ayuda. Pero nunca tuve la oportunidad", dice Regina.

A los cuatro años la familia Miranda Imitola, ya con siete vástagos, trashumó por varios pueblos, hasta que Regina no aguantó más y dejó a su marido Prudencio. En San Juan de Urabá conoció a su segundo marido -Eugenio Rodríguez-, con quien procreó su octavo hijo.

En San Francisco lleva cerca de cuatro décadas. Un día hasta allí llegó un vasco con una revista en la que aparecía Velasco. Por él supo que su náufrago conservaba la gloria pero no le quedaba ni un céntimo.

Posteriormente algo escuchó de la demanda que perdió Velasco contra Gabo por los derechos de autor del libro, y de su muerte, el 2 de agosto del 2000. Un cáncer logró en 10 meses lo que no pudo el mar en 10 días.

Hoy, con 72 años, Regina vive en una casa a unos metros de la playa pero de espaldas al mar, con paredes azules de madera y techo de zinc. Como es costumbre en esta tierra costeña, al caer la tarde se sienta en una silla plástica del patio delantero a contarles cuentos a los niños.

El más reciente aconteció allí mismo, en octubre del 2003. En todo el pueblo no se hablaba sino de un fantasma burlador, alto, flaco y de piel oscura que tenía la facultad de traspasar muros para quitarles la honra a mujeres y niños.

Sin embargo, al cabo de diez días y tras el exorcismo de un yerbatero local, la presencia se esfumó y continuó reinando el Relato del Náufrago, pero no el de García Márquez sino el que cuenta de viva voz la salvadora de Luis Alejandro Velasco.

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