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AUXILIARES DE POLICÍA Y EL RETO DE EDUCAR

Quiero educarme. Saber algo más que leer y contar..., dónde están los países del mundo, qué produce Colombia... Analizar lo que está en mi alrededor... Salir de esta ignorancia . Eso dice Marta Camacho, ama de casa del barrio Salcedo, uno de los sectores deprimidos del municipio de Soledad (Atlántico), quien decidió tomar la libreta y el lápiz para asistir al Centro de Educación Rodrigo Martínez, donde bajo la orientación del Programa de Auxiliares de Policía Bachilleres se lleva a cabo interesante proceso educativo.

06 de julio 1993 , 12:00 a.m.

De lunes a viernes, Marta llega a la escuela llevando de la mano a sus hijos Lucho y María. Ella está en quinto básico y sus pelaos en primero y tercero. Mientras tanto, su marido se queda al cuidado de la casa.

Al igual que ella, otros 30 adultos, en su mayoría mujeres, reciben clases en preparatorio, prebásico y básico. Son vendedores ambulantes, coteros, pescadores, empleadas del servicio, gente sin recursos ni posibilidades pero deseosas de aprender.

También ochenta niños (entre los 4 y 15 años) que por diversas razones no asisten a la escuela se han vinculado al Centro. Llegan de todos los rincones del sector, en chancletas y bermudas, con los cabellos revueltos, pero felices de tener la oportunidad de asistir a clases.

Los instructores son ocho auxiliares de Policía: Francisco Javier Mondull Martínez (a cargo de cuarto y quinto de menores), Jhon Torres Pucalua (primero), Geovaldis Piña Camargo (segundo), Wilmer Orozco Marchena y Julio César Mercado Vega (básico menores), Javier Antonio Ferrer Africano, Luis Eduardo Niño Noriega (cuarto y quinto adultos) y Edinson Granados (coordinador de disciplina).