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ARRANCA SEGUNDO TIEMPO DE BUSH

Literalmente, están tirando la casa por la ventana. No de otra forma se pueden describir los festejos con los que Washington ha querido dar la bienvenida a cuatro nuevos años de George W. Bush en la Casa Blanca. (VER CUADRO: EL MUNDO ES MAS PELIGROSO )

20 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Literalmente, están tirando la casa por la ventana. No de otra forma se pueden describir los festejos con los que Washington ha querido dar la bienvenida a cuatro nuevos años de George W. Bush en la Casa Blanca.

(VER CUADRO: EL MUNDO ES MAS PELIGROSO ).

Catalogados desde ya como los más pomposos y extravagantes en la historia de las inauguraciones presidenciales, los estadounidenses -particularmente republicanos- llevan cuatro días de fiestas, comparsas, conciertos, exposiciones y hasta fuegos pirotécnicos, que tendrán su epicentro hoy cuando Bush tome juramento a los pies del Capitolio y luego en marche en la procesión tradicional rumbo a su residencia en el 1600 de Pennsylvania Avenue.

Festejos que parecen más propios de un rey. Y que en cierto sentido lo son pues en el fondo se trata de la consolidación de una dinastía solo comparable a la de los Kennedy o los Roosevelt. Entre Bush padre e hijo habrán completado para el 2008 dos décadas en el poder (contando las vicepresidencias) mientras Jeb, el gobernador de Florida, aguarda a que llegue su turno.

Se espera que más de medio millón de personas se agolpe en las calles para ser testigos del evento, siempre y cuando se armen del valor que se requiere para desafiar los 10 grados centígrados bajo cero y 10 centímetros de nieve que predicen los meteorólogos.

Irónicamente, la festiva jornada estará encajonada entre las medidas de seguridad más extremas en la historia del país. Cerca de 7.000 policías y 6.000 militares patrullan desde hace varios días las calles, mientras la guardia costera vigila el río Potomac y la Fuerza Aérea protege el espacio aéreo con aviones F-16 y helicópteros. Cien cuadras a la redonda han sido cerradas al tránsito vehicular.

"Es una ciudad bajo sitio", dice el jefe de la Policía de la ciudad, Charles Ramsey. Pero medidas que, según dice, son necesarias para prevenir cualquier intento de atentado terrorista.

Por supuesto, no todos celebran la coronación de Bush. Son miles los que han llegado a la ciudad para realizar protestas y "contra fiestas". Desdichadamente para ellos, los han relegado a sectores de la ciudad por donde la caravana ni siquiera se asomará. "No querían que les aguáramos la fiesta, que el mundo observe que la mitad de los estadounidenses no queremos a este presidente", dice Cecilia Thompson, que viajó desde Wisconsin para sumarse a los manifestantes.

Su comentario es oportuno. Una vez terminen de caer las serpentinas de la celebración, Bush tendrá en frente a un país que sigue profundamente dividido. Una encuesta reciente de The Washington Post sostiene que solo el 52 por ciento de los estadounidenses aprueba su mandato. "De todos los presidentes de la posguerra que han logrado la reelección, solo Richard Nixon tuvo tan bajo nivel de aceptación al comenzar su segundo período", dice el diario.

Según Roderick Hart, profesor en política de la Universidad de Texas, aunque Bush siente que su nítido triunfo en las elecciones le da mandato, tendrá que conciliar mucho con la oposición y cortejar al pueblo si es que quiere gobernar con margen durante los próximos años. "El mejor momento para comenzar es durante su discurso de inauguración. Debe apelar a la unidad nacional, pero debe estar dispuesto a ceder en algunos puntos también", sostiene Hart.

Y es que los retos que desde ahora enfrentará el Presidente son enormes.

En la arena interna debe enfrentar cuanto antes una delicada situación económica que hoy cifra en casi un millón los empleos que se han esfumado en los últimos cuatro años, y un déficit fiscal que alcanza ya los 412 mil millones de dólares y que tiene en jaque la seguridad social para millones de personas que se comenzarán a jubilar en menos de un lustro.

Su reto más inmediato, no obstante, está en Irak. En medio del caos de la guerra y las amenazas de boicot, este país se prepara para realizar sus primeras elecciones democráticas el 30 de enero. De su resultado depende que el país se comience a estabilizar y que E.U. pude frenar el desangre financiero que le representa mantener una fuerza de casi 140 mil hombres desplegados.

Debe, además, recomponer las tirantes relaciones con la comunidad internacional -pues necesita de su respaldo para consolidar los esfuerzos en este país del Golfo Pérsico-, mantener alta la guardia frente al terrorismo, y torear a Irán y Corea del Norte mientras saca tiempo para empujar un proceso de paz entre palestinos e israelíes en esta era post Yasser Arafat.

De cómo salga de todo esto, lo sabe bien, depende su legado y quizá el futuro de la "dinastía Bush" en la política estadounidense.

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BUSH saluda después del discurso que dio el martes antes de comenzar un concierto que hace parte de las celebraciones preparadas en su honor. AP

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